¿En qué nos beneficia la visita del Papa?

La visita del papa Francisco tiene costos, como es normal. En el entendido de que vivimos en un Estado laico, vale preguntarse, entonces, cuáles son, al margen de la fe, los beneficios de la visita del pontífice. No es una pregunta retórica. Francisco es, sin duda, un Papa diferente a sus predecesores desde muchos puntos de vista –no desde otros, como el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo, donde cambian más las formas que el fondo– , y cabe plantearse qué teclas puede pulsar, si es el caso, en cuanto a la política internacional, la lucha contra la pobreza, la corrupción o la violencia, por ejemplo.


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El ciudadano del reino

Alejandro Díaz Domínguez

Profesor de la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey.

Por algún tiempo, ciertas acciones de Francisco hacían pensar que él sería un ciudadano del reino mucho más radical, ya que al escribir la encíclica sobre ecología "Laudato Si", prácticamente se podían escuchar las quejas del hermano lobo de Darío. Al visitar los lugares en las costas italianas donde migrantes mueren ahogados, el Papa bendijo esa porción del agua. Al llegar a Mixcoac en uno de los recorridos del domingo en la Ciudad de México, detuvo la comitiva y platicó con religiosas, quienes sin duda representan una parte muy importante del personal religioso en la iglesia católica. Lo mismo con niños, con quienes ni hogar tienen en las afueras de los recintos papales en el Vaticano, pues ya se ha estado acondicionando un lugar para atender esa necesidad. En síntesis, hay razones para pensar que Francisco pudiera ser considerado, en algún punto, el Papa de la gente.

Sin embargo, este Papa no está únicamente interesado en las personas desvalidas, pobres, enfermas, solas, víctimas de abusos y explotación, sin apoyos; en esas personas que siguen a Jesús y que podemos ver personificadas en aquella película del "Evangelio según San Mateo": ese pueblo fiel, pobre, ávido de esperanza, pero también en momentos mostrando cierta solidaridad. No, ellos no son los únicos que interesan a Francisco. Se debe reconocer que existen muchas otras preocupaciones internas y externas en la Iglesia y el Papa no puede escapar de ellas.

Si el Papa no ha hecho una opción única, pues no ha preferido únicamente a las personas pobres de esta tierra, entonces al menos ha cambiado el énfasis del discurso, al pasar de temas sobre valores morales (aborto, homosexualidad, matrimonio entre personas del mismo sexo, eutanasia) a temas sobre justicia social (violencia, pobreza, desigualdad, migración). Y con ello poner en el centro de la agenda pública, gracias a su visibilidad, temas de justicia social donde Francisco considera que puede tener éxito.

En ese contexto, su visita desde luego no resolverá los problemas sociales, pero, por ejemplo, vuelve a hacer visible la distancia entre obispos y feligresía, como lo manifestó el sábado en la Catedral. Después de tres días, Francisco ha mostrado algunos signos de inconformidad con la iglesia mexicana (les dijo a los obispos"no sean príncipes"), aunque pareciera tener claro que los cambios que hacen falta van a tardar mucho más. Ha sido disruptivo, no en el grado que se requiere, pero al menos lo ha intentado en esta visita y en sus tres años de pontificado.

Ahora, todos estos mensajes, y todo lo que gira alrededor de la visita, ¿qué les dice a las personas? No se trata de un mensaje que dé esperanza en abstracto, sino es un mensaje que articula algunas críticas y algunos posibles remedios para que la Iglesia funcione un poco mejor. Estos mensajes pueden darse al interior o al exterior, pero siempre en un contexto de esperanza. Y eso, por más simple e inasible que parezca, resulta suficiente para que muchos fieles puedan lidiar con situaciones difíciles en la vida, en su familia, en la enfermedad, en su trabajo, o en la falta de éste. Al final del día, la religión también puede servir como un asidero para afrontar de mejor manera las situaciones difíciles.

Aunque fuera únicamente por eso, por reconvertir a la religión en ese asidero y centro de apoyo comunitario, la visita pudiera haber cumplido ya un objetivo: repensar al catolicismo con ese sentido de comunidad, que es mucho más amplio que las individualidades y la familia. Repensar la fe como esa manifestación del apoyo de la comunidad religiosa en tiempos difíciles como uno de los ejes del debate, en vez de debatir sobre el aborto o la homosexualidad, sí puede permitir un avance mayor (quizá limitado pero avance al fin) en esta visión de la religión comunitaria y que ofrece esperanza a través de la presencia de sus líderes.

Habrá que esperar el mensaje papal en los días que restan, con religiosos, con familias, con indígenas, en una ciudad migrante y en una cárcel. Quedan muchas oportunidades para analizar el mensaje de Francisco. Veremos cómo se desarrolla.