¿Dónde nace la violencia en Guerrero?

No mejora el panorama en Guerrero. Según pasan los días, crecen las protestas en frecuencia e intensidad y, del gobierno estatal al PRD, del PRD al gobierno federal e incluso a López Obrador, son cada vez más los damnificados políticos de la que ya luce como la crisis más grande entre las surgidas durante la administración de Peña Nieto. Sobre todo, la violencia no cede, eso en un estado que hace ya demasiado que la padece hasta niveles inadmisibles. ¿Qué provoca esa violencia? ¿Dónde rastrear sus orígenes? ¿En la clase política, en la guerrilla, en el crimen organizado, en los caciques locales, en las autodefensas? ¿Hay condicionantes históricos detrás de ella? ¿A cuándo se remontan? ¿Qué ocurre en las Normales del ámbito rural? ¿Qué cuota de responsabilidad le corresponde a cada estrato de gobierno? Enseguida, una breve radiografía. Ojalá que nos ayuden a enriquecerla.

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    1. Carlos Illades

      Una historia de violencia

      Autor de Guerrero. Historia breve.
    2. Siddharta Camargo

      La combativa historia de ...

      Investigador de la Universidad Pedagógica ...
    3. Fernando Montiel T

      Cacicazgos y contrainsurgencia

      Profesor en la Maestría en Estudios de Paz de ...

Antes y después de Iguala

Laura  Castellanos

Autora de México Armado (1943-1981).

Lo acaecido el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, con un saldo de seis personas asesinadas y 43 estudiantes desaparecidos de la Normal de Ayotzinapa, no debe explicarse sólo de forma local y circunstancial. El caso Iguala no se reduce a un suceso sangriento provocado por un alcalde, sus policías y el cártel regional contra un grupo de estudiantes. Expresa el súmmum de un caudal de crímenes de lesa humanidad ocurridos con impunidad en Guerrero en los últimos 50 años.

El caudal comenzó con otra matanza en Iguala, ocurrida en 1962. Entonces, guardias blancas reprimieron un mitin electoral de oposición con un saldo de ocho muertos. El maestro Genaro Vázquez fue uno de los convocantes; luego entró en la clandestinidad y años después formó su guerrilla. En 1967 otra masacre, cometida por policías contra una manifestación de maestros en Atoyac, con saldo de cinco muertos, entre ellos una mujer embarazada, lanzó al maestro Lucio Cabañas --por cierto, egresado de la normal de Ayotzinapa-- a crear una guerrilla de corte insurreccional.

Ambos maestros agotaron de ese modo su activismo por los medios legales en contra de la violencia institucional, entonces ya histórica en la entidad: cacicazgos, miseria, atropellos y ejecuciones, corrupción, nula impartición de la justicia. Dos matanzas más en la capital mexicana: la del 2 de octubre de 1968 y la del 10 de junio de 1971, provocaron que una juventud rural, como la guerrerense, y otra popular y clasemediera encontraran en las acciones revolucionarias la única vía para derrocar a un Estado que reprimía cualquier expresión disidente.

A la veintena de guerrillas que actuó en el país en los años 70 se le aplastó con un saldo indeterminado de muertos y más de un millar de casos de desaparición forzada. La mayoría acontecieron en Guerrero. Diversas campañas militares y una estrategia de exterminio en el estado arrasaron comunidades enteras, e instalaciones militares, policiacas y de empresas privadas se utilizaron como cárceles clandestinas. Guerrero, además, tiene el infamante honor de ser el primer lugar en América donde se inauguraron los "vuelos de la muerte", aun antes que en las dictaduras sudamericanas: a decenas, quizá cientos de civiles se les trasladó en aviones militares para ser arrojados, vivos, en altamar. A otros más se les incineró o arrojó a fosas clandestinas.

Un ejército de mujeres pobres y destrozadas exigió en vano al Estado que presentara a sus desaparecidos. México ha sido el único país de América que no ha juzgado a los victimarios de ese capítulo continental del horror conocido como "guerra sucia". Por el contrario, la perpetuación de poderosos cacicazgos en Guerrero consolidados durante ese capítulo originó otra matanza, la de Aguasblancas en 1995, que costó la vida a 17 campesinos, hecho que reconformó a la guerrilla sobreviviente de Lucio Cabañas y detonó la irrupción del Ejército Popular Revolucionario (EPR).

A ese territorio desgarrado pertenecen los 43 normalistas. En las paredes de su escuela están pintadas las figuras de Genaro Vázquez y de Lucio Cabañas como recordatorio permanente de la herida aún sangrante. En ese sentido, Guerrero es México. El Estado capitalista neoliberal que hoy nos gobierna se forjó y se sostiene por la impunidad con la que ejerce la violencia institucional que hizo posible la guerra sucia, el engendramiento del narcopoder y una "guerra" en contra de éste con un costo de más de 70 mil muertos y más de 20 mil casos de desaparición forzada.

Sin embargo, el caso Iguala marca un punto de inflexión en la historia moderna de México. Su brutalidad exhibe la descomposición extrema del Estado que procreó las condiciones para que acaeciera. Mas la onda expansiva de indignación que genera parece tener repercusiones demoledoras, aún de proporciones desconocidas, para un andamiaje institucional que muestra signos de prolapso.