¿Dónde nace la violencia en Guerrero?

No mejora el panorama en Guerrero. Según pasan los días, crecen las protestas en frecuencia e intensidad y, del gobierno estatal al PRD, del PRD al gobierno federal e incluso a López Obrador, son cada vez más los damnificados políticos de la que ya luce como la crisis más grande entre las surgidas durante la administración de Peña Nieto. Sobre todo, la violencia no cede, eso en un estado que hace ya demasiado que la padece hasta niveles inadmisibles. ¿Qué provoca esa violencia? ¿Dónde rastrear sus orígenes? ¿En la clase política, en la guerrilla, en el crimen organizado, en los caciques locales, en las autodefensas? ¿Hay condicionantes históricos detrás de ella? ¿A cuándo se remontan? ¿Qué ocurre en las Normales del ámbito rural? ¿Qué cuota de responsabilidad le corresponde a cada estrato de gobierno? Enseguida, una breve radiografía. Ojalá que nos ayuden a enriquecerla.

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Una historia de violencia

Carlos Illades

Autor de Guerrero. Historia breve.

La sinuosa geografía del territorio guerrerense estableció una barrera natural con el altiplano, dándole alguna autonomía política y cultural, permitiéndole incluso a sus antiguos pobladores contener la expansión mexica hacia el sur. Constituido como entidad federativa en 1849, en Guerrero surgieron poderosos cacicazgos locales en ausencia de un Estado nacional integrado y solvente, a causa también de las guerras civiles e internacionales, el atraso económico y la debilidad de una sociedad civil recién conformada en la época liberal. Desde Ayutla hasta Huitzuco, pasando por Zumpango y Chilpancingo, se extendieron estos intermediarios políticos, menguados por la dictadura porfiriana, y renacidos en la Revolución.

El aislamiento de una entidad a la que la modernidad del ferrocarril prácticamente pasó de lado, tuvo que ver con el anacronismo de su sociedad política. La posrevolución no trajo la estabilidad política a Guerrero, ni tampoco un desarrollo económico decoroso no obstante sus riquezas naturales: de 1925 al día de hoy, únicamente ocho gobernadores se sostuvieron en el cargo todo el periodo constitucional; el PIB de la entidad apenas significa el 1.5% del total nacional y el ingreso está muy desigualmente distribuido en el conjunto de la población. Únicamente la educación (Guerrero tiene el segundo lugar en analfabetismo a escala nacional), la migración (aproximadamente un millón de guerrerenses viven en los Estados Unidos y Canadá, y la entidad ocupa el primer lugar nacional en migración interna), la resistencia, la rebelión y la delincuencia ofrecen alguna posibilidad de mejora material para las clases populares.

Históricamente, los movimientos sociales tuvieron lugar en la costa guerrerense y en menor grado en la Montaña. Desde Morelos, pasando por los Galeana, los Álvarez, los Escudero y los Vidales, hasta Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, el núcleo de las luchas populares se localizó en la costa, extendiéndose después al resto del estado. El trayecto movilización-represión-autodefensa cumplió varios ciclos en Guerrero en el siglo XX (1920-1929, 1960-1974, 1995-2000), cada uno con alguna o varias masacres a manos de la fuerza pública e imborrables de la memoria colectiva (Acapulco, 1923; Chilpancingo, 1960; Iguala, 1962; Atoyac, 1967; Aguas Blancas, 1995; El Charco, 1998), derivando en la formación de guerrillas. La novedad con la alternancia política, que en la entidad suriana llegó en 2005, es que se multiplicaron los actores que intervienen y sufren la violencia. Asimismo, la respuesta armada de las comunidades fue la autodefensa ciudadana (en la Montaña y Costa Chica) que, a diferencia de la guerrilla que busca asaltar el poder, asume ciertas funciones del Estado (seguridad, justicia), dada la inoperancia de éste. Al comenzar 2014, se tenían detectadas autodefensas en 47 de los 81 ayuntamientos guerrerenses. Se sabe que ahora son muchas más, algunas emplazadas en los cinturones de miseria de las ciudades.

La amplia costa, la importante producción de adormidera (significativa en el mercado mundial de los opiáceos) y mariguana de gran calidad en la sierra (muy cotizada en los EUA), la crisis de los cultivos tradicionales, la pobreza extrema, la precariedad de la justicia y la corrupción gubernamental abonaron el terreno para la expansión del crimen organizado en Guerrero. Aliada con los caciques regionales, la delincuencia interviene significativamente en la economía y la política, de manera tal que ambos han potenciado su fuerza. Para ganar elecciones esta simbiosis es ejemplar: unos aportan a las “masas” y otros los recursos para movilizarlas. Mientras tanto, el círculo de la violencia social se reproduce y la deuda histórica con los guerrerenses crece, por lo que antes que tarde habrá otro Iguala que lamentar.