¿Debo temer al aumento del dólar?

El gracioso en turno ya les habrá hecho el chiste: pregunta si ya conoces el nuevo billete de un dólar y te enseña uno de 20 pesos. Dirán que se trata de la eterna socarronería mexicana frente a la desgracia. Tal vez. Pero de lo que se trata sin duda es de nuestro miedo atávico a las devaluaciones, comprensible en un país azotado por esa plaga en los 80 y los 90. ¿Realmente debemos asustarnos esta vez? ¿Responde esta subida del dólar a nuestros problemas de siempre? ¿Qué dice este aumento de nuestra política económica? ¿Será más bien un problema global? Sobre todo, ¿cómo impactará esa subida en el lugar más importante: los bolsillos de nosotros, los ciudadanos de a pie?

REGRESAR
    1. Gerardo Esquivel

      El (justamente) temido ...

      Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM ...
    2. Fausto Hernández Trillo

      Un problema de nervios

      Profesor-investigador del CIDE.
    3. Germán Rojas

      No es para tanto

      Director de Economía del ITAM.
    4. Sergio Silva Castañeda

      Nueva devaluación, vieja ...

      Profesor de Economía del ITAM.

Una oportunidad que se va

Valeria Moy

Directora general de México ¿cómo Vamos?

Precios del petróleo en niveles increíblemente bajos. China desacelerándose y con enormes dudas sobre sus datos de crecimiento. Europa no sale de un estancamiento que parece crónico. Brasil desmoronándose e inmerso en escándalos de corrupción. Canadá en recesión. Conflictos geopolíticos por doquier. Desde una perspectiva global, estamos viviendo momentos complicados. Cada uno de estos eventos es en sí mismo profundamente complejo y ninguno está aislado. Todos tienen implicaciones sobre otras economías. México no es la excepción.

México ha vivido devaluaciones devastadoras para la economía del país y para el ánimo de la población. Pero existen enormes diferencias entre aquellos momentos históricos y el actual. La devaluación de 1982 fue resultado de excesos y de pésimas decisiones económicas. Fue una crisis gestada por nosotros mismos que detuvo el proceso de industrialización del país y sumió a millones en la pobreza. La crisis de 1994 también fue hecha en casa. Durante todo 94 se dio una constante salida de capitales a costa de las reservas internacionales. En un proceso altamente cuestionado, se devaluó la moneda en diciembre de 1994, con la posterior liberalización del tipo de cambio. La economía mexicana entró en una recesión profunda que ocasionó un importante aumento en la pobreza y el desempleo.

Hoy estamos en otro lugar. Resultado de la crisis financiera de 2008, las economías emergentes recibieron importantes flujos de capital buscando oportunidades de inversión frente a las bajas tasas de interés de la economía estadounidense. Algunas de estas economías emergentes –Brasil, Perú, Chile– también se beneficiaron de la alta demanda que la economía china estaba haciendo de "commodities" como el acero, el cobre o el carbón. Incluso cambiaron toda su estructura productiva para poder ser capaces de satisfacer esta demanda. Al terminar ese ciclo y frenarse la demanda china, esas economías se están viendo en serios problemas.

Al mismo tiempo, la economía estadounidense empezaba a recuperarse. Poco a poco mostraba mejoras en el empleo y el crecimiento. En un entorno mundialmente complicado, la economía más grande del mundo es la que mejores síntomas de recuperación ha exhibido. Las economías emergentes fueron perdiendo su atractivo para los inversionistas, y los flujos de inversión que habían recibido durante años se revirtieron el año pasado. Los recursos se van hacia las economías con mejores perspectivas de crecimiento; en este momento, Estados Unidos. Es decir, a nivel global se están demandando dólares. El dólar se ha encarecido frente a las demás monedas de las economías emergentes y el peso no es la excepción. La depreciación que ha vivido el peso es menor a la que ha visto el real brasileño, el peso argentino y el rublo, entre otras.

México está sorteando la volatilidad internacional mejor que otras economías emergentes, pero esto no significa que no haya tareas que hacer. Si bien los flujos de capitales de economías emergentes hacia economías desarrolladas, particularmente la estadounidense, incluyen a México, México se ve a nivel internacional como un buen lugar para invertir. México debería de aprovechar esta situación y afianzar su posición como una economía emergente sólida para captar esos recursos.

La tarea es clara. Sin embargo, no se ve un compromiso del gobierno para hacerla. México tendría que hacer una reforma fiscal en serio, una reforma que no solo ajuste la parte de los ingresos, sino que se atreva a gastar mejor, a recortar gasto superfluo y a replantear proyectos que no son financieramente rentables, incluyendo Pemex. México tendría que tomarse el combate a la corrupción en serio, tendría que mostrar hacia dentro y hacia fuera que reconoce el problema y lo ataca. Pero la impresión generalizada es la contraria. Parece que únicamente ocupamos el papel de espectadores cuando el exterior combate nuestra corrupción.

Banco de México es una institución sólida y respetada en todo el mundo. La conducción que ha hecho en este entorno de volatilidad internacional ha sido adecuada. Ha usado reservas internacionales, desde luego, pero ese es el propósito de las reservas. En épocas de estabilidad las acumula para poder usarlas en momentos como el actual. Mientras continúe la tormenta internacional, la volatilidad y la incertidumbre seguirán. Y el tipo de cambio, flexible como es, seguirá respondiendo y ajustándose.