¿Debo temer al aumento del dólar?

El gracioso en turno ya les habrá hecho el chiste: pregunta si ya conoces el nuevo billete de un dólar y te enseña uno de 20 pesos. Dirán que se trata de la eterna socarronería mexicana frente a la desgracia. Tal vez. Pero de lo que se trata sin duda es de nuestro miedo atávico a las devaluaciones, comprensible en un país azotado por esa plaga en los 80 y los 90. ¿Realmente debemos asustarnos esta vez? ¿Responde esta subida del dólar a nuestros problemas de siempre? ¿Qué dice este aumento de nuestra política económica? ¿Será más bien un problema global? Sobre todo, ¿cómo impactará esa subida en el lugar más importante: los bolsillos de nosotros, los ciudadanos de a pie?

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El (justamente) temido umbral de los 20

Gerardo Esquivel

Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM y del Colegio de México.

El tipo de cambio en México pasó de un promedio de 13 pesos por dólar en agosto de 2014 a cerca de 19 pesos por dólar en la tercera semana de enero de 2016, lo que implica una depreciación del peso cercana al 30%. Este ajuste ha generado mucha incertidumbre y preocupación entre la población, que suele asociar este tipo de movimientos a crisis económicas y a inflación, tal y como ocurrió en diversos momentos en décadas anteriores.

¿Qué causa esta situación? ¿Es esto realmente malo para la situación económica del país y de los habitantes? ¿Continuará el ajuste en el tipo de cambio? ¿Llegaremos a una paridad de 20 pesos por dólar como algunos han anticipado? ¿Es esto culpa de la política económica del gobierno? ¿Pueden hacer algo más las autoridades económicas para evitar o tratar de revertir la situación? Estas son sólo unas cuantas de las muchas preguntas que se plantean algunas personas en torno a esta situación.

Empecemos por el principio: las causas. En general, ha habido dos posibles interpretaciones del ajuste en el tipo de cambio: la primera sugiere que la depreciación del peso se debe a las expectativas de aumento en las tasas de interés en Estados Unidos, mientras que la segunda sugiere que la causa principal es la caída en los precios del petróleo a nivel mundial.

Estas explicaciones corresponden a dos mecanismos distintos en el mercado cambiario. La primera hipótesis sugiere que el aumento en la paridad se debe a una mayor demanda de dólares, motivada por aquellos inversionistas (nacionales o extranjeros) que desean sacar su dinero del país con el objeto de beneficiarse de mayores rendimientos en el extranjero. La segunda hipótesis sugiere que el mecanismo que está operando es el de una disminución en la oferta de divisas, lo que sería el resultado de menores ingresos por exportaciones de productos petroleros. En ambos casos, el efecto final sería precisamente el de una depreciación del peso mexicano.

En la práctica, sin embargo, lo más probable es que la explicación real sea una combinación de ambos factores, con un mayor peso atribuible al tema de los ingresos petroleros. En cualquier caso, es importante mencionar que los factores que explicarían el ajuste en el tipo de cambio son de carácter completamente externo, por lo que no son atribuibles a factores de política económica interna.

Ahora bien, las consecuencias del aumento en el tipo de cambio son múltiples: puede tener efectos en la inflación, en las empresas que se endeudaron en dólares, en el comercio exterior, en el turismo, en el consumo, en la inversión, en los ingresos de las familias que reciben remesas, y en el crecimiento económico del país.

Una cosa muy importante a considerar es que no todos estos efectos son negativos. Por ejemplo, los efectos del ajuste cambiario en las exportaciones o en el turismo son positivos. Dicho ajuste aumentará la demanda por algunos de nuestros productos de exportación, así como el flujo de turistas extranjeros a nuestro país. El ajuste también beneficiará a las familias que reciben remesas del exterior, ya que ahora esas remesas representan un mayor número de pesos, lo que sin duda aumentará sus ingresos y su capacidad de compra.

Sin embargo, para la mayoría de la población el ajuste en el tipo de cambio es algo indeseable, ya que piensan que generará inflación y crisis. En cuanto a la inflación, el ajuste cambiario hasta ahora no ha tenido un impacto significativo en ésta, aunque no se puede descartar que lo vaya a tener en el futuro. Otro efecto claramente negativo del ajuste en la paridad cambiaria es el que tendrá en las empresas que optaron por endeudarse en dólares en el pasado reciente. Para estas empresas, el costo del servicio de la deuda aumenta de manera paralela con la depreciación del peso. Por otra parte, el aumento en el tipo de cambio y la volatilidad que se han observado suelen aumentar la incertidumbre en consumidores e inversionistas y podría dar lugar a comportamientos más cautelosos en ambos tipos de agentes económicos. Esto podría llevar a posponer decisiones de consumo o inversión, lo que también podría afectar el crecimiento económico.

En este último aspecto, la depreciación de la moneda puede tener efectos mixtos. Por un lado, está el componente negativo que acabamos de mencionar; aunque por el otro puede contribuir positivamente al crecimiento a través de una mejora en el consumo de aquellas familias que reciben remesas y del aumento en las exportaciones no petroleras.

En general, la depreciación de la moneda tiende a beneficiar a algunos agentes económicos y a afectar a otros. El balance es, por lo tanto, mixto. Lo cierto es que si se tratara de evitar la depreciación de la moneda es muy probable que el efecto negativo del choque de los precios del petróleo sobre el crecimiento económico sería incluso mayor, ya que no existirían los efectos positivos en el comercio exterior que permite la depreciación. En ese sentido, la depreciación de la moneda es algo quizá indeseable, pero necesario para amortiguar los efectos negativos del choque petrolero.

¿Continuará esta situación? Esto es evidentemente muy difícil de prever, sobre todo porque no sólo depende de factores económicos reales, sino que también depende de las percepciones y las reacciones de los individuos. Desde el punto de vista de los factores reales, es posible que la depreciación se detenga o que incluso se revierta un poco (quizá por allí de los 17 o 18 pesos por dólar). Esto se debe a que el precio del petróleo ya no puede caer mucho más y, de hecho, tal vez eventualmente tienda a recuperarse aunque sea moderadamente. Si la caída se detiene o se revierte, pero sobre todo si el precio del petróleo se estabiliza un poco, lo más probable es que algo similar ocurra con el tipo de cambio. Sin embargo, aquí también entran en juego las expectativas. Si la gente cree que la depreciación continuará, puede aumentar su demanda de dólares y con ello provocar una depreciación del peso aún mayor. Así, si la gente cree que el tipo de cambio llegará a 20 pesos por dólar puede provocar precisamente eso. Es por ello que se vuelve muy importante para el gobierno el tratar de contener estas expectativas. Las subastas de dólares tratan de proveer liquidez en el mercado, pero no necesariamente contienen las expectativas. Tal vez sea hora de que el gobierno decida intervenir de manera más decidida y con mayores recursos (es decir, reservas internacionales) para evitar que dichas expectativas se materialicen. Si el tipo de cambio llegara a los 20 pesos por dólar, quizá empezaría a tener efectos en los precios y sería muy difícil convencer a la población de que esto no seguiría ocurriendo. El umbral de los 20 pesos es clave. Si traspasamos ese umbral las cosas pueden empezar a salirse de control. Por ello creo que las autoridades económicas harán todo lo posible por evitar esa situación. Ya veremos.