¿Debe seguir el Piojo al frente de la selección?

No es el resultado de una droga nueva, ni un chamán en trance, ni una víctima de Hacienda. El hombre que convulsiona, grita, manotea y vira del blanco al rojo es el técnico de la selección nacional. Con esas herramientas, logró la comunión con el público y los jugadores, fue celebrado hasta en Inglaterra y volvió a poner a los nuestros en segunda fase. Pero ¿ese motivador es también un entrenador? ¿Y ese último cuarto de hora contra Holanda? ¿Sabe de táctica, de balones parados, de acondicionamiento físico? ¿Debe extenderse su contrato hasta 2018?

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    2. Rafael Pérez Gay

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    3. Jimena Álvarez

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Que se quede, pero que se eduque

Juan Pablo Becerra-Acosta M

Periodista.

Sí, que se quede Miguel Herrera. Que se quede, pero que se eduque.

O que lo eduquen. Que lo manden a educarse. A que se instruya. A que sea intensamente educado e instruido en instituciones que puedan cumplir tal reto.

Ahí están sus leperadas en la cancha, cuando se enoja por una decisión arbitral, o por las pifias de sus futbolistas.

Ahí están sus eufóricos y desmedidos festejos cuando sus jugadores meten un gol: los ojos desorbitados, los labios secos, los cachetes enrojecidos, el pelo erizado, la lengua árida y la garganta a la vista, el traje a punto de reventar por sus cabriolas. Una apariencia de absoluta locura que tuvo su cenit cuando acabó en el piso con Paul Aguilar durante el festejo del gol de Rafa Márquez contra Croacia. Maravilloso: a partir de ese momento y en el resto de los partidos, ¿cuántos extranjeros querían que México metiera gol sólo para ver los performances del Piojo?

Ahí están sus berrinches cuando le incomodan preguntas certeras o estólidas de reporteros conocedores, o poco doctos.

Ahí están, ante las cámaras, sus defensas del grito “¡Puto!” en las tribunas. (Por cierto, lo único que queremos provocar los que vamos a los estadios es que el portero y sus defensas salgan jugando con el balón en los pies, para ver si nuestros jugadores despojan a los suyos y les clavamos un gol, cosa que no se puede hacer si el guardameta despeja elevado, pero jamás se ha tratado de un asunto homofóbico, no jodan).

Ahí están sus ocurrencias y fotos en Twitter. Ahí están sus anuncios en la televisión. Ahí están sus caretas de plástico que venden por todos lados, como aquellas de los villanos preferidos Fox y Salinas de Gortari. Ahí están todos los memes burlones que ha provocado con sus desvaríos. En fin, ahí está todo ese exuberante fanatismo deportivo que representa el Piojo

            Pero no, no se equivoquen, no me refiero a todo ese bagaje de peculiaridades cuando digo que se eduque, que lo ilustren. Todo eso, su desmesura, se aprecia. Entretiene mucho, proporciona sabrosos momentos de hilaridad, de carcajadas. Sí, todo eso gusta, y gusta tanto, que hasta en Inglaterra algunos fanáticos lo han pedido como entrenador. Anecdótica o no, la solicitud de algunos de esos simpáticos y presuntos hooligans ilustra la personalidad encantadora de Miguel Herrera, uno de los más apreciados y divertidos recuerdos del Mundial de Brasil, que se agradece muchísimo como paliativo para el dolor de la deprimente derrota ante Holanda.

            Lo que tiene que hacer Miguel Herrera es aprovechar el largo tiempo que falta para Rusia 2018: debe ir a estudiar futbol al extranjero, de preferencia a Europa, pero también a Sudamérica. La Federación Mexicana de Futbol debe financiarle todo tipo de cursos personales o colectivos con los mejores clubes y técnicos del mundo. Debe pagarle asistencias a los más importantes torneos donde el entrenador pueda ir cultivándose futbolísticamente. El Piojo ya tiene la experiencia de campo, donde es un gran motivador, pero, si es humilde, tanto la teoría de grandes entrenadores como las vivencias en los mejores estadios europeos y sudamericanos le aportarán conocimientos profundos que lo doten de la sapiencia que se necesita, no para llegar a un maldito quinto partido, sino a la final de un mundial, ésa que todos soñamos desde niños.

Miguel necesita saber cómo resolver las encrucijadas de complicados partidos a muerte como el de Holanda, donde él y sus jugadores se equivocaron rotundamente al echarse para atrás y dejar de tocar el balón para ir a liquidar a los holandeses. Tienen que aprender a ser depredadores futbolísticos. Después del gol de Giovanni no hubo una sola llegada contundente de México a la portería rival. Ninguna peligrosa, ni una que pudiera realmente haber sido gol.

El Piojo y sus chavos y veteranos cometieron pifias técnicas y errores tácticos imperdonables, como la ignorancia de lo que es, de lo que implica la aproximación de marca (Carlos Reynoso le puede dar una primera lección sobre eso), justamente lo que ocasionó que Schneider empatara a México en el minuto 88. En táctica fija muy bien elaborada, los holandeses cobran un tiro de esquina hasta el segundo poste, al borde del área chica; cuatro holandeses jalan la marca hacia allá de cuatro mexicanos, y uno de ellos cabecea hacia atrás, rumbo al área grande, en vez de hacerlo hacia el arco (como pudo haberlo hecho), donde ya sabe que está solo su compañero esperando el balón (de hecho lo está viendo cuando cabeca, como si fuera defensa), y Schneider fusila sin estorbo alguno a Ochoa. Cero aproximaciones de marca a Schneider y a otro compañero de él que pudo también haber rematado. Vea el video…

  http://www.dailymotion.com/video/x20i3cn_goalsreview-com-schneider_

Los jugadores mexicanos sólo pueden conseguir evitar algo así si alguien les enseña a ejecutarlo y los obliga a entrenarlo una y otra vez. No basta decirles “Cuidado con los rebotes”, como dice Miguel que les dijo. Además, el Piojo debe saber que si realiza un cambio en el que saca a un delantero como Dos Santos para meter a un hombre más atrasado como Aquino, está enviando un mensaje a sus jugadores, que en ese caso lo interpretaron como: “Defiéndanse y que la Virgen nos agarre confesados”. Si quería ayudar a tomar el balón y seguir atacando, necesitaba dejar arriba a dos delanteros, no a uno desabastecido.

En fin, sí, que se quede el querido Piojo, pero que se eduque. Que lo eduquen, y mucho…