¿De veras somos tan machos?

Las redes sociales y los medios ofrecen espectáculos tan dignificantes como el de un alcalde chelero y transa que le alza el vestido en un baile a una chica, o el de la crucifixión de la nueva procuradora no en función de sus virtudes o defectos, sino de los de su hermano, y eso incluso entre sectores orgullosos de su progresismo. Estas historias, ¿son excepciones o síntomas? ¿Qué tanto reflejan nuestra propensión al prejuicio, el arraigo de nuestra condescendencia o nuestra abierta agresividad, en fin: nuestra propensión al machismo?

REGRESAR
    1. Sabina Berman

      Nosotras, las mujeres ...

       Escritora.
    2. Galia García Palafox

      El juego de no somos machos

      Editora en jefe de Milenio Digital.
    3. Ricardo Bucio Mújica

      Leyes de avanzada, cultura ...

      Presidente del Consejo Nacional para Prevenir ...
    4. Regina Tamés Noriega

      Vigencia del feminismo

      Directora del Grupo de Información en ...
    5. Gina Zabludovsky Kuper

      La inequidad en cifras

      Socióloga. Autora de Las mujeres empresarias ...
    6. Ana  Pecova

      Violencia institucional

      Directora Ejecutiva de Equis: Justicia para ...

A la espera de Frida y Sor Juana

Jorge Acosta

Lector

Leí el texto de Galia García, "El juego de no somos machos" y sentí la necesidad, casi la obligación de escribir en defensa del sexo masculino. No me simpatiza el feminismo. Detesto a ese tipo de mujeres con discursos estudiados y argumentos monótonos que te hablan en tono irascible cuando cuestionas sus porqués; tengo claro que esta forma de manifestar ideales ha llevado a los sexos a una arena de buenos y malos, acrecentando aún más nuestras discordias. En mi opinión, el discurso feminista actual debe ser más moderado y renovado en un plano donde dejen de ser siempre las víctimas. Coincido con Caitlin Moran cuando dice que los techos de cristal debieran de estar más sucios de mierda de paloma para hacerlos notorios y menos novelescos.

A las feministas habrá que decirles que en muchos espacios laborales existen mujeres con mejores salarios que la plantilla masculina, ganados sin mayor mérito que el de ser mujer, en su mayoría mujeres atractivas, casualmente, muy cómodas en su papel de princesas de la burocracia y que no tienen el mayor interés en luchar por los derechos de sus compañeras, pues disfrutan el papel que el patriarcado les ha dado. Quiero ser enfático: LO DISFRUTAN, no lo toleran, y parte de ese gozo y ese disfrute va direccionada a bloquear, discriminar e injuriar a otras mujeres.

En nuestra cotidianidad, hablar de derechos de las mujeres es común. Ojalá también lo fuera hablar de la responsabilidad que conlleva la adquisición de esos derechos, ese sencillo tema del que no se ha hecho eco y en el cual el sexo femenino no ha sido exigido en paridad de condiciones. Y no es precisamente que las mujeres nos deban alguna explicación a los hombres. Se la deben a ellas mismas y a la sociedad en general, pues la presencia femenina en muchos de los ámbitos en que se desarrolla la vida moderna no ha representado algún cambio con verdadera trascendencia favorable. Con la incursión de mujeres en política, ¿la corrupción ha disminuido? En temas económicos, ¿nuestra moneda es más estable? En órganos de procuración de justicia, ¿el índice delictivo ha disminuido? Su derecho al voto, ¿nos ha dado mejores gobiernos? Yo no busco en ellas la solución, pero tampoco me gusta verlas como parte del problema.

"Homo homini lupus": el hombre es un lobo para el hombre. Sin duda Hobbes no se equivocaba al considerar al egoísmo como una característica esencial de los humanos. Las feministas deberían de analizar con más detalle la creciente y constante discriminación que unas mujeres ejercen contra otras mujeres; la intolerancia y la constante rivalidad que predomina en muchos círculos femeninos a todos los niveles: la mujer es una loba para la mujer.

Que estas líneas no se lean con misoginia. Tengo una hija de dos años y seré lo mas progre que pueda con ella, es un compromiso. Por ahora solo me abruma pensar a qué mujeres admirará cuando ella sea mayor. No oculto mi admiración por Sor Juana Inés de la Cruz y Frida Kahlo, a las que considero seres humanos que marcaron época. Me aterra pensar que los referentes modernos no estén a la altura de estas dos grandes mujeres y que mi hija termine rindiéndole tributo a Madonna o Lady Gaga (si así lo decide, respetaré su elección). No obstante, espero que la Frida Kahlo y Juana de Asbaje de este siglo ya hayan nacido y estén esperando el momento justo para maravillarnos con su magia.