¿De veras somos tan machos?

Las redes sociales y los medios ofrecen espectáculos tan dignificantes como el de un alcalde chelero y transa que le alza el vestido en un baile a una chica, o el de la crucifixión de la nueva procuradora no en función de sus virtudes o defectos, sino de los de su hermano, y eso incluso entre sectores orgullosos de su progresismo. Estas historias, ¿son excepciones o síntomas? ¿Qué tanto reflejan nuestra propensión al prejuicio, el arraigo de nuestra condescendencia o nuestra abierta agresividad, en fin: nuestra propensión al machismo?

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Vigencia del feminismo

Regina Tamés Noriega

Directora del Grupo de Información en Reproducción Elegida.

Alma Ruth tenía 24 años de edad cuando cursaba la semana 36 de su segundo embarazo. Ella empezó a sentir cólicos y acudió a su clínica más cercana para que la revisaran. Pero el médico de guardia que la atendió le dijo que todavía no iba a nacer su bebé. Ella comentó que su primer parto había sido muy rápido, pero igual le pidieron que saliera de la clínica y volviera más tarde. Alma siguió con dolores y decidió caminar nuevamente al centro de salud. A pocos metros de su casa sintió que "su bebé ya iba a salir". Su mamá corrió para pedir que mandaran una ambulancia, que sin embargo nunca llegó. El policía le dijo que la ambulancia no encendía. Alma intentó seguir caminando para llegar al centro de salud y recibir atención, pero no le fue posible debido a que se le rompió la fuente. Entonces se sentó para que el bebé pudiera nacer. Alma nos contó que "su bebé resbaló por el líquido y golpeó en el piso, momento en que mi esposo lo levantó y cubrió con una sabanita".

La muerte materna es una realidad en México y el mundo. La Organización Mundial de la Salud estima que entre 88% y 98% de las muertes maternas son prevenibles. Es decir, el Estado puede tomar medidas para evitarlas, pues se relacionan con fallas estructurales en los sistemas de salud que afectan a las mujeres en situación de mayor vulnerabilidad. Son las mujeres más pobres e indígenas quienes siguen muriendo. En números absolutos, de 1990 a 2011 fallecieron 28,042 mujeres por complicaciones durante el embarazo, aborto, parto o puerperio. En Oaxaca, Guerrero y Chiapas alrededor de una de cada cuatro mujeres murió en su casa, y en Guerrero y San Luis Potosí 15% fallecieron en la vía pública, cifras que evidencian un serio problema de acceso a los servicios de salud en los estados marginados. El 11.9% de las muertes maternas de 2012 corresponden a mujeres hablantes de idioma indígena y en algunos estados esta cifra aumenta de forma notable, como en Chiapas, Oaxaca y Guerrero, donde la muerte materna de mujeres indígenas representa más del 40% del total de muertes en el estado. Alma corrió con suerte y hoy cuenta su historia. Tanto ella como su bebé se encuentran bien. Pero las historias de Leonor, de Martha y de Luz no se pueden contar porque fallecieron durante el parto o después. Son historias de discriminación que a pocos les importan.

El 8 de marzo se instauró el Día Internacional de la Mujer como un acto simbólico para visibilizar la discriminación contra las mujeres en el mundo. Lamentablemente hoy esta conmemoración, que pretendía mostrar la exclusión de la mitad de la población del ejercicio de sus derechos humanos, se ha convertido en algo comercial, a la par del Día del Amor y la Amistad o el Día de las Madres. Se ha desvirtuado su propósito y está lejos de ser un recordatorio de que el machismo contra las mujeres persiste y se constata en la muerte de mujeres embarazadas a las que, por el simple hecho de ser pobres o indígenas, el Estado las abandona. Este día debería servir para preguntarse en qué se ha avanzado en México y cuáles siguen siendo los retos y obstáculos que las mujeres enfrentan para poder ejercer plenamente sus derechos.

En los últimos diez años, México ha adoptado leyes y políticas públicas dirigidas a las mujeres con el objetivo de cerrar la brecha de desigualdad con los hombres. Ejemplo reciente es que el Plan Nacional de Desarrollo 2012- 2018 incorpora en una de sus líneas prioritarias la perspectiva de género como eje trasversal de toda la política pública. También hay leyes de igualdad; contra la violencia; para la paridad política; con institutos de las mujeres y áreas de género dentro de las dependencias públicas. Pero me pregunto si este andamiaje jurídico e institucional es realmente la solución para acabar con la discriminación contra la mujer. Seguramente es un paso necesario, pero al conocer la situación de tantas mujeres en situaciones tan trágicas como las que a diario conocemos en el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), es claro que resulta insuficiente.

El mayor reto para lograr resultados es la transformación social y cultural. El contexto de discriminación contra las mujeres en el que las normas son aplicadas, así como los estereotipos y roles de género que les son asignados a las mujeres, no pueden ignorarse. Los derechos reproductivos son un botón de muestra de la discriminación aún palpable en México. La sociedad sigue asignando roles a las mujeres como responsables del hogar y cuidadoras de hijas e hijos. Este trabajo no remunerado, que se suma al trabajo en el mercado laboral, hace que las mujeres tengan dobles o triples jornadas. Incluso en los hogares donde otros miembros de la familia participan en esas tareas, hay una carga desequilibrada hacia las mujeres. La predominante asignación del papel de madre a las mujeres vulnera de manera relevante la maternidad libre y voluntaria. Las mujeres aún enfrentan obstáculos para poder ejercer su derecho a decidir el número y espaciamiento de hijos, al acceso irrestricto a métodos anticonceptivos y al ejercicio de su sexualidad.

Casos como el de Alma vuelven inaceptables las afirmaciones de quienes se atreven a decir que los derechos de las mujeres ya están salvaguardados. No es comprensible que haya quien diga que los feminismos dejaron de ser necesarios. Quien lo afirme así seguramente se encuentra en un lugar de privilegio desde el cual no alcanza a ver las realidades que viven la mayoría de las mujeres en este país.