¿De veras es tan listo el Chapo?

Asómense las redes sociales, lean a los articulistas en la prensa, escuchen a los especialistas en la radio o la TV. Las explicaciones a la fuga del Chapo Guzmán, oscilantes entre el conspiracionismo más demencial y predecible –aquello de que el capo es realmente parte del sistema–, el análisis mesurado pero siempre perplejo y el escarnio satírico de las autoridades, ofrecen, más allá de la fuga misma, un diagnóstico del país y del modo en que lo percibimos, es decir, de la medida de nuestra confianza en los guardianes del orden, de nuestro respeto por los que diseñan políticas o leyes, de las sensación creciente de que la corrupción ya no deja resquicios. De ahí la pertinencia de la pregunta de esta semana en Tribuna: ¿de veras es tan listo el Chapo?

REGRESAR
    1. Carlos  Velázquez

      El hombre más inteligente ...

      Autor de El karma de vivir al norte.
    2. Roberto Gil Zuarth

      El laberinto de la eficacia

      Presidente del Senado.
    3. Ernesto López Portillo

      La noticia no es la fuga

      Director y fundador del Instituto para la ...
    4. Mónica Serrano

      Entre la prohibición y la ...

      Investigadora del Colmex. Coordinadora (con ...
    5. Juan Salgado

      Una acreditación dudosa

      Profesor investigador del CIDE.

Crónica de la fuga por un túnel anunciado

Guillermo Valdés Castellanos

Autor de La historia del narcotráfico en México. Director del CISEN, 2007-2011.

La respuesta inicial es ya un lugar común. La leyenda del capo que es capaz de hacer quedar en ridículo al gobierno (no sólo debe ser listo, sino también valiente), iniciada con su primera fuga del penal de alta seguridad de Puerta (perdón, Puente) Grande, se duplica y más con la de hace unos días del otro penal de ¿máxima? seguridad, el del Altiplano. Su fama pública de delincuente fuera de serie fue sancionada oficialmente por una declaración hecha en 2005 por el entonces subprocurador responsable de las investigaciones del crimen organizado, José Luis Santiago Vasconcelos, quien lo definió como "el criminal más inteligente y con mayor capacidad de reacción que la PGR ha enfrentado".

Su leyenda ha sido agrandada por otras razones extrañas. La revista Forbes, con fama de seria pero que en ocasiones se avienta notas solo para vender, publicó por varios años que entre los 500 hombres más ricos del mundo estaba nada más y nada menos que el Chapo Guzmán, cuya fortuna –la cual no crecía ni disminuía con los años– ascendía a mil millones de dólares. Cómo calcularon ese monto es un misterio que solo los analistas de Forbes conocen y se han negado a revelar. Pero estar en esa lista de difusión internacional y que era citada en multitud de medios mexicanos sólo por venir de la famosa revista, sin cuestionar la solidez del dato, fue una contribución más a la leyenda.

Poco después, por razones que no logro entender, políticos y jefes policiales de Chicago declararon al Chapo Guzmán como ¡el enemigo número uno de los habitantes de esa ciudad! Olvídese de los problemas económicos, sociales o raciales que debe haber en esa compleja urbe. No, el consumo de drogas es lo peor y el culpable directo es Joaquín Guzmán, lo que lo convierte en el enemigo y problema principal. Y ya entrados en gastos, después de la muerte de Osama Bin Laden, se declara al Chapo el delincuente más buscado del mundo. La leyenda adquirió así nivel global, gracias a los intereses raros de nuestros vecinos.

De que el Chapo es un narcotraficante listo, no cabe duda. De ello también da cuenta su obra criminal, que tiene dos caras. La primera es la empresarial, pues la de Sinaloa es la organización del narcotráfico mexicana más estable y duradera de los últimos 25 años. La contribución del Chapo a su consolidación y expansión debe ser importante –se sabe de su creatividad para la logística del trasiego de las drogas por la frontera: túneles, catapultas, vehículos modificados, así como su visión estratégica–, aunque debe señalarse que no todo es mérito de él, pues en la dirección también han participado el Mayo Zambada, el Azul Esparragosa y en su momento hasta Nacho Coronel, todos ellos narcotraficantes de gran experiencia y sabiduría.

La segunda cara de su obra criminal es la ola de violencia. Como lo documenté en el libro Historia del narcotráfico en México, alrededor de 45 mil de los asesinatos ocurridos entre 2007 y 2011 con motivo de las luchas entre organizaciones por el control del negocio tuvieron que ver con Sinaloa como la organización agresora. Es el caso del conflicto con los Arellano Félix por el control de Tijuana; con los Carrillo Fuentes en Ciudad Juárez; con los Beltrán Leyva en Sinaloa, Sonora y Guerrero; con el Golfo y los Zetas en Tamaulipas.

Y para hacer eso, definir políticas empresariales que implican verdaderas guerras "civiles" con su estela muerte-venganza-más muerte y más dolor y más muertes --la trágica, absurda e irracional espiral de la violencia–, ya no estamos hablando solo de una mente con inteligencia estratégica, sino de un verdadero sociópata o incluso de un psicópata. Le dejo a los especialistas el debate sobre cuál definición es más acertada. En cualquier caso, son trastornos antisociales de personalidad que hacen que el sujeto afectado no respete las normas; no tenga empatía ni sienta remordimientos o culpa por cometer actos bárbaros; tenga incapacidad de ponerse en el lugar de otras personas y de imaginar el sufrimiento; sea megalómano y tenga impulsos desmedidos de experimentar sensaciones de control y de poder. ¿Un sujeto listo o un sujeto con una severa patología social? ¿Un sujeto astuto, o es que detrás de sus proezas está un severo trastorno antisocial, que es el verdadero motor del Chapo?

Las fugas de Guzmán son vistas como signo de su inteligencia, pues derrotaron al Estado y dejaron en ridículo al gobierno y al presidente. Cierto. Especialmente en la segunda fuga, el ingenio y la ironía de utilizar un túnel añadieron un elemento de humillación extra, pues en el gobierno se sabía que el señor era experto en túneles y, a pesar de eso, no lo previeron ni lo impidieron. Se podría titular como la "crónica de una fuga por un túnel anunciado". Sin embargo, bien analizado el incidente también sería justo relativizar la listeza del Chapo por dos razones. Primero: la poca seriedad con que este gobierno se ha tomado el tema de la seguridad (a la no prevención de la fuga súmele la torpeza explicativa del evento: se aplicaron los protocolos, la cárcel estaba certificada...) lo vuelve un adversario más fácil y derrotarlo tiene menos mérito.

Segundo, porque detrás de la fuga está la sempiterna corrupción de los aparatos de seguridad y justicia en México. ¿Qué chiste tiene aprovecharse de esa debilidad "cultural" y de la disposición de muchos funcionarios a ser corrompidos? Es algo que han hecho el Chapo y cuanto narcotraficante ha operado en este país. No es un mérito espectacular. No se necesita ser un genio, sino tener las cantidades de dinero adecuadas y operadores con una pistola en el cinto para aplicar la ley del plomo por si la de la plata no funciona.

Así pues, a la innegable listeza del Chapo hay que descontarle la propaganda de nuestros vecinos y restarle las facilidades que otorgan la corrupción de nuestras instituciones y la displicencia del los funcionarios del gobierno en materia de seguridad. Lo que nos debe realmente preocupar es su sociopatía combinada con la debilidad estatal.