¿De quién es la ciudad?

Nuestras disculpas por el terminajo, pero llegó para quedarse. Hablamos de gentrificación cuando una zona de clases bajas o medias bajas es repoblada por la burguesía. No son pocas sus ventajas: los barrios se embellecen, se vuelven seguros, se llenan de cultura y buena comida. Pero hay costos: se dispara la inflación, los especuladores descorchan la champaña y las distancias entre pobres y ricos crecen en un sentido literal. La gentrificación es entonces el síntoma por excelencia de la vida urbana actual: pensarla, discutirla, equivale a pensar el tipo de ciudad en la que queremos vivir.


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Un proceso inevitable

Felipe Leal

Arquitecto. Creador de la Autoridad del Espacio Público. Ex director de Desarrollo Urbano del DF.

La gentrificación, muy en boga en la actualidad, es fruto de los procesos de transformación urbana acelerada que diversas ciudades medianas y de mayor dimensión experimentaron primordialmente durante la segunda mitad del siglo XX. El término se deriva del inglés gentry, con el cual se reconocía a una clase social inglesa entre la baja y la media nobleza. En español se le ha asociado con términos análogos como “aburguesamiento” o “elitización”.

La gentrificación consiste en un lento y aparentemente silencioso proceso en el que la población original de una zona o barrio deteriorado y precario, ubicado en un sector con potencial urbano atractivo, es desplazada progresivamente por una clase social de mayor poder adquisitivo, lo cual hace posible la renovación física del barrio. Las primeras referencias a estos procesos de sustitución social en sectores degradados o barrios obreros en las zonas industriales de las ciudades las encontramos en Inglaterra (Manchester es un ejemplo de casos de sustitución de conjuntos de viviendas obreras por infraestructuras de otro tipo en áreas centrales de la ciudad), aunque el término fue acuñado hacia la década de los años 60 del siglo XX y se reduce a la idea del desplazamiento de un grupo de habitantes por la introducción de otro, haciendo que la población original sea expulsada del barrio.

Lo importante, sin esquematizar, es entender a qué se debe el fenómeno. Porque sin duda es un fenómeno multifactorial. Por un lado, responde al abandono de las áreas centrales de las ciudades que hicieron las clases medias y altas a principios del siglo XX, debido a la búsqueda de mayor privacidad y menor hacinamiento, a la aparición de políticas públicas higienistas, y a los anhelos románticos de vivir en la periferia de la ciudad, donde se contaría con mejor calidad de vida y ambiental. En aquella época llegó a dominar la idea del malestar por la ciudad y la periferia urbana se convirtió en un escape y una alternativa. Lo que no entendieron esas clases sociales fue que con el tiempo estarían creando una jaula de oro al estar separados de la vida colectiva y urbana, perdiendo con ello los atractivos de que goza la ciudad.

Como consecuencia de este proceso, se presentó una segunda etapa en la cual se repoblaron las áreas centrales por parte de las clases de menores recursos y prácticamente precaristas. Por fin, llegó una tercera fase que corresponde a la de la revitalización económica de las áreas fundacionales y emblemáticas de las ciudades, presente en las últimas décadas del siglo XX, y por consiguiente un sutil desplazamiento de aquellos habitantes que se consideran no aptos para vivir en sitios de tal potencial.

Otro factor que ha incidido en este fenómeno es la precoz obsolescencia de considerables infraestructuras fabriles en amplias zonas urbanas, donde además de las fábricas, talleres y bodegas existían, asociados y a corta distancia, barrios para la habitación de los obreros. Al modificarse sustancialmente las economías urbanas de las metrópolis, que pasan de ser una economía industrial y administrativa a una de servicios, surge una euforia urbana postindustrial al quedar inhabilitadas muchas fábricas, bodegas y áreas urbanas, las cuales se convierten en platillos apetitosos para la inversión y reproducción del capital por sus amplios terrenos y óptimas ubicaciones. Esto da lugar a un desarrollo urbano que ha apostado a la compactación de la ciudad y a la redensificación de sus áreas centrales, pero atado a la especulación inmobiliaria.

El concepto de Inner city apareció como una teoría basada en la demanda: la gentrificación es consecuencia de la restructuración económica que dio lugar a nuevos grupos y actores sociales auspiciados por la importancia del sector de servicios, que desplazó al de la industria urbana y produjo habitantes con mayores niveles de consumo que la clásica clase obrera y los hizo dominar la producción del espacio gentrificable. Así, los antiguos barrios obreros pudieron convertirse en barrios de clase alta, pero también en barrios de clase media asociados a colectivos de gran significado cultural, con elementos de expresión artística, locales comerciales donde prima el diseño y ambientes bohemios, además de los potenciales para el turismo y la hostelería.

En suma, la ciudad se potencia por su valor mercantil: inevitablemente, es una gran mercancía que responde en gran medida a la promoción de su uso intenso, al turismo externo y al interior, mediante el uso de la arquitectura, del patrimonio histórico, del diseño, del arte, la gastronomía. Hablamos, en fin, de una economía posmoderna centrada en el sector financiero y de los servicios que encuentra como protagonistas a una clase media de mayores niveles culturales, de referencias y de ingresos.

La gentrificación es un fenómeno complejo y se puede revestir diferentes formas, unas negativas y otras muy sugerentes. Pero juega un papel fundamental en la reestructuración del espacio y la vida urbana contemporánea, y es consecuencia de cambios profundos en la estructura económica. Es inevitable.