¿Cuántas medallas ganaremos en Río?

La sensación es la misma de siempre: no hay una infraestructura, un programa ni una tradición que justifiquen el optimismo de cara a los Olímpicos, y sin embargo, aferrados que somos, una chispita de optimismo siempre sobrevive hasta en el más endurecido de los corazones mexicanos. Ese optimismo quedó parcialmente justificado en Londres, donde nuestra representación logró una buena cosecha. ¿Y en Río? ¿Algo ha cambiado para bien? ¿Regresarán nuestros atletas con una cantidad digna de medallas? ¿O nos espera una nueva desilusión, como esas que esperan siempre a la vuelta de la esquina, por ejemplo, a los aficionados al futbol?

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      Periodista deportivo.

Hincados y rezando

Rafael Ocampo

Director de MILENIO TV. “La Afición”.

Entiendo casi a todos los que cada cuatro años, en vísperas de unos Juegos Olímpicos, se plantean esperanzados la obtención de medallas por parte de los atletas que representarán a México.

En algunos es un ejercicio de sano optimismo. En otros, una muestra de ingenuidad producto de la desinformación. Pero en otros, directivos de federaciones o funcionarios, es una muestra de cinismo. A estos, por supuesto, no los entiendo, ni respeto.

La realidad, lo he escrito ya en otras ocasiones, es que no se hace casi nada, entre que terminan unos juegos y empiezan los otros, como para fundamentar la idea de que se van a ganar más medallas.

Esto es tan simple como triste. Ni siquiera se sabe quién es el responsable del deporte de alto rendimiento en el país. Se meten todos cuando creen que pueden obtener dividendos y se retiran todos del tema cuando apenas se avistan tormentas.

Se supone que la Comisión Nacional del Deporte (una estructura gubernamental de tercer o cuarto rango en el esquema de mando) no está para fabricar deportistas que se dediquen a obtener medallas. O no, pero a veces sí. Aunque la misión principal de este ente es la de promover y organizar la práctica del deporte para la población en distintos rangos y edades, termina intentando regular y destinando recursos a los deportistas más avanzados.

En teoría tendría que ser el Comité Olímpico Mexicano el encargado de recibir a los atletas de élite que produce cada federación deportiva... Pero para otros esta instancia solo debe funcionar como una especie de embajada del Comité Olímpico Internacional, sin ninguna otra atribución. Y sin recursos financieros, pues nadie asume la responsabilidad de otorgarle presupuesto.

El problema es que nadie se ha puesto la tarea de dotar del orden y planificación que se requiere para ponerle lógica y hasta sentido común a este orden de cosas. ¿Quién? Los funcionarios gubernamentales cambian y cambian. El único que se sostiene durante seis años es el presidente de la República. Casi todos los demás se mantienen tres años, en promedio, si bien les va. Luego los cambian a otras áreas.

¿Quién? Si los responsables de la CONADE en los últimos tres sexenios han tenido un perfil tan diverso y han generado tanta grilla y descalificaciones al otro como si protagonizaran una guerra sucia.

¿Quién? Insisto en el presidente del Comité Olímpico Mexicano, un puesto transexenal pero que, sobre todo tras la muerte de Mario Vázquez Raña, carece de la fuerza e influencia que se requiere como para hacer que un proyecto no sólo se sostenga, sino que crezca.

A veces la descripción de esta realidad, tan irrefutable como que nadie puede documentar lo contrario, hace parecer al que la firma como un supremo negativo. Vale la pena correr ese riesgo. Un país como México no está como para estar hincado cada cuatro años para ver cuantas medallas caen.