¿Cómo logramos ese 0-7?

La selección mexicana, que ostentaba un récord de juegos sin derrota hasta el partido del sábado contra Chile, rompió ese día otro récord, el de goles recibidos en partidos oficiales: siete en contra y ninguno a favor, un repaso que es propiamente un viaje al pasado, a épocas mucho menos democráticas del futbol, cuando pertenecíamos a los “no alineados” del soccer planetario, esos equipos pobretones y con algunos recursos naturales que solían recibir palizas implacables de las grandes potencias. ¿Fue un accidente o el primer síntoma de una enfermedad mayor? La enfermedad, ¿se cura con tiempo y curitas o exige una amputación? En resumen: ¿qué demonios pasó? 


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Un terremoto

Carlos Azar Manzur

Poeta y ensayista. Escribe de futbol en “Letras Libres”.

Hay que decirlo rápido: lo del México-Chile fue un terremoto, una tristeza, una pesadilla. Se aparecieron de nuevo los fantasmas del pasado: el 6-0 contra Alemania en Argentina 78, ese día en que Pedro Soto empató a Pilar Reyes porque cada uno recibió tres goles; el 4-0 contra Brasil en la Copa América de Perú, donde Álex dominaba la pelota frente a la media mexicana que lo miraba sin tocarlo, ciega de admiración; el 4-0 contra Trinidad y Tobago en la borrachera de 1973. El sábado volvimos a ver a ese equipo, el de los errores absurdos (el sexto gol es escalofriante), el que baja las manos cuando siente que ya está todo perdido, el que se borra y olvida por qué esos jugadores participan en equipos que pelean los campeonatos de ligas importantes. Volvimos a oír a la afición enojada que coreaba a Chile y lanzaba su grito contra el portero rival –por el que nos van a castigar y que sobre todo es muy aburrido– a nuestro portero. Parecía que Chile jugaba un deporte distinto al que retozaba México, que veía aterrado cómo Alexis Sánchez decidía qué hacer con el balón. Regresó la selección mexicana que ya no conocíamos.

Lo de México-Chile fue un accidente. En el futbol actual, el equipo de un jugador que tiene más de 200 millones de seguidores en Twitter puede empatar contra la selección de un país con 330 000 habitantes. La selección mexicana no es tan buena como los 22 partidos anteriores invictos, ni tan mala como el partido del sábado. Hacía mucho tiempo que Ochoa no rechazaba tan débilmente dos tiros al arco, que Layún y Aguilar tomaban tan malas decisiones, que la defensa quisiera salir jugando cuando cinco jugadores rivales presionaban en nuestra área. El sábado, todo el partido Sánchez y Beausejour hicieron el 2-1 en la banda izquierda y no hubo forma de ajustarlo. Lo de México-Chile fue un accidente.

Lo de Chile-México es una oportunidad. Éste es el momento de tomar las decisiones adecuadas. No olvidemos que somos el país de Huitzilopochtli y ya los medios han empezado a pedir sangre. Debemos dejar de ser ese país, el de la improvisación, el que se siente mejor cuando pierde, el del "águila que cae", el de Hidalgo y el de Madero. Dejemos de ser el país de "qué tips me podrías dar para dirigir mi documental, escribir mi novela, mejorar el aire de la ciudad o la seguridad nacional". Los procesos se deben respetar. Ya se empieza a oír en los medios que Osorio está inflado, que deben rodar cabezas, que quién será el sacrificado, que hay que correr al entrenador. Si Chile juega así es porque han respetado un estilo y un proceso. Incluso Pizzi tuvo que adaptarse a lo que había funcionado. Argentina pelea por jugar su tercera final en tres torneos oficiales consecutivos; España recibió cinco goles de Holanda en el Mundial, no corrieron a Del Bosque y ahora es una de las selecciones favoritas en la Eurocopa.

Que el trabajo del proyecto prevalezca y no los intereses mezquinos. Osorio ha demostrado saber de futbol y lo que ha querido hacer con el equipo es muy interesante (que los jugadores sean versátiles, puedan jugar en varias posiciones y manejar esquemas diferentes, como pasa en los equipos de Guardiola), pero se necesita tiempo, trabajo y confianza. Respetemos el proceso y que el dolor no nos venza. El sábado gritaban que nunca íbamos a olvidar este resultado y que se lo recordaríamos al entrenador a cada instante. Ya sé que nos sentimos más cómodos en el hábitat de la derrota, pero no caigamos en la trampa de esta derrota y en la tentación de cambiar las cosas que han funcionado por un solo partido. Hay que tomar las decisiones adecuadas. Brasil no lo hizo después del derrumbe contra Alemania y ahora el futbol se lo sigue cobrando.