¿Cómo logramos ese 0-7?

La selección mexicana, que ostentaba un récord de juegos sin derrota hasta el partido del sábado contra Chile, rompió ese día otro récord, el de goles recibidos en partidos oficiales: siete en contra y ninguno a favor, un repaso que es propiamente un viaje al pasado, a épocas mucho menos democráticas del futbol, cuando pertenecíamos a los “no alineados” del soccer planetario, esos equipos pobretones y con algunos recursos naturales que solían recibir palizas implacables de las grandes potencias. ¿Fue un accidente o el primer síntoma de una enfermedad mayor? La enfermedad, ¿se cura con tiempo y curitas o exige una amputación? En resumen: ¿qué demonios pasó? 


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Efecto tequila

Héctor  González Villalba

Coordinador de futbol de "La Afición".

El 14 de octubre del año pasado, Juan Carlos Osorio pronunció: "Las formas son muy importantes, ese es el recuerdo para los que analizan el juego". Era el día de su presentación como seleccionador nacional. El colombiano cumplía un sueño largamente acuñado, desde que en los años 80 llegó a Estados Unidos en calidad de inmigrante y de donde salió a finales de los 90 con estudios de educación física, en busca de dirigir en una Copa del Mundo.

En un discurso en que adjetivó y conceptualizó al futbol y al futbolista, Osorio recordó algunos de los muchos episodios que le permitieron un primer acercamiento –aunque no exclusivamente futbolístico– al ser mexicano; puntualizó que, buscando una oportunidad que fuera facilitadora de su propio sueño americano, "ahí reconocí que los mexicanos, como los colombianos, tenemos predisposición al sacrifico".

El peor de todos los sacrificios fue, a 250 días de mencionar aquello, ver a la selección mexicana de futbol diluirse en la forma y el fondo ante una espléndida y eficaz Chile que enseñó los colmillos apenas rodó la pelota en el Levi's de Santa Clara, California; nada preparó para semejante trancazo en el ánimo ni nada hará olvidarlo, porque está clarísimo que el juego y el resultado están siempre relacionados.

Como en olla exprés, el acumulado de partidos invicto (10 y solo dos goles admitidos hasta Venezuela) se tradujo en la presión que acabó por explotarle en la cara a Osorio, pues antes de la Copa América Centenario México no había hecho frente a ningún rival en estado de gracia, ninguno al nivel del Chile de los cuartos de final.

Si bien la selección de México ganó 1-0 el amistoso del Qualcomm de San Diego, ese Chile lució su potencial por ráfagas y el gol del Chicharito no pasó de ser una anécdota en su cumpleaños; aun entonces, pese a las rotaciones, al Tricolor lo seguía impulsando la fortuna y animando la capacidad de adaptación del futbolista mexicano a cualquier sistema, ingredientes clave para no interrumpir la fiesta.

En todo caso, al minuto 15 el chileno Edson Puch nos comprobó que ciertamente hay equipos que dependen mucho más de su estado anímico que de su trabajo técnico-táctico, porque apenas con el 0-1 la selección de Osorio perdió no solo combatividad sino, sobre todo, fe en sí misma, lo más importante de recuperar en las convocatorias venideras, con Juan Carlos o sin él al frente de una de las mejores generaciones futbolísticas.

Y la facilidad con la que cayeron el segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto y séptimo gol confirmó la impopular tesis del erróneo análisis que se hacía del México invicto. Que hoy tiene más sentido, aunque es donde la opinión de la mayoría se está instalando, prueba también de que el resultado siempre determina las simpatías y Juan Carlos ya no las genera.

Es por eso que el 0-7 tiene un efecto lapidario para el proyecto de Osorio, porque habiendo echado mano en su once de lo que el común de las opiniones exigía, nada justifica que en 90 minutos te exhiban con un marcador digno de otro siglo, así se trate del campeón de la Copa América, con su década de jugar a lo mismo y prácticamente con los mismos jugadores.

En noviembre del año pasado inició con El Salvador en el Estadio Azteca una fiesta que se prolongó de más y la noche del sábado 18 acabó abruptamente, con una cruda brutal que amenaza con desatar los demonios que el futbol mexicano creía superados.