¿Cómo logramos ese 0-7?

La selección mexicana, que ostentaba un récord de juegos sin derrota hasta el partido del sábado contra Chile, rompió ese día otro récord, el de goles recibidos en partidos oficiales: siete en contra y ninguno a favor, un repaso que es propiamente un viaje al pasado, a épocas mucho menos democráticas del futbol, cuando pertenecíamos a los “no alineados” del soccer planetario, esos equipos pobretones y con algunos recursos naturales que solían recibir palizas implacables de las grandes potencias. ¿Fue un accidente o el primer síntoma de una enfermedad mayor? La enfermedad, ¿se cura con tiempo y curitas o exige una amputación? En resumen: ¿qué demonios pasó? 


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Osorio y la resiliencia

Jorge Ernesto Witker

Periodista deportivo. Colabora en TDN, “La Razón”, “La Opinión”, Radio Fórmula y “As México”.  

Una noche de junio en Santa Clara la coartada del resultado se convirtió en prueba acusatoria, y toda la credibilidad que durante meses había ganado Juan Carlos Osorio se esfumó a la misma velocidad con la que su compatriota Miss Colombia fue despojada de la corona.

Condenado a trascender en un torneo que parecía citarle irremediablemente con la gloria, México declinó la invitación nuevamente, sólo que lo hizo de la peor manera posible: sin insinuar que estaba mínimamente capacitado para la alta competencia.

Inexplicable que un equipo que parecía una máquina de ganar (11 triunfos en fila) y que aun sin jugar decididamente bien presumía de su mayor racha histórica, con 22 partidos seguidos sin una derrota, de pronto, sin previo aviso, sufra la más amplia derrota de toda su historia.

Aunque se sabe que en este deporte las travesuras del azar son capaces de separar al éxito del fracaso, nunca un 0-7 fue tan poco "casual" como el del sábado pasado.

Contrario a lo que suelen justificar esas groseras distancias ya pocas veces vistas en estos días, en el Levi´s Stadium no hubo un error arbitral en el comienzo, una expulsión prematura, una lesión inoportuna, o esas "circunstancias" que le marcan el destino a una historia tan contrastante.

Dicho de otra forma, Chile, que tiene una buena selección pero no al nivel del año pasado, fue sobre el campo siete veces mejor que México y fabricó todas las piezas de la histórica goleada. Eso sí, que nadie piense que esa es la diferencia real entre ambas selecciones.

Cierto que "La Roja" ya había mostrado lo peligrosa que podía ser en un amistoso disputado el 1º de junio pasado. Aquella noche hizo ver mal a México, que saldó ese ensayo con triunfo gracias a un gol de Javier Hernández. Fue maquillaje contra el cáncer de piel.

Lo peor es que, 18 días después, el hombre de la libreta al que se califica como un estudioso del futbol y un exquisito metódico de la táctica no corrigió la pizarra y volvió a plantear el partido de forma equivocada.

Al equipo de Osorio se le reprochaban ciertas inconsistencias en su juego, y se culpaba de ello al exceso de rotaciones de futbolistas y de esquemas. Tan incapaz de repetir una alineación –en todos los juegos cambió por lo menos a cinco titulares– como de mostrar un ideario futbolístico reconocible, salvo la inestabilidad de personal, México se las ingenió para sumar siete de nueve puntos y meterse a los cuartos de final como líder de su grupo. Era entonces más fácil elogiar los resultados que el juego.

Hoy, un 0-7 humillante que será difícil de olvidar pone al colombiano en la cuerda floja, aunque será difícil que pierda el puesto ya que tendría que irse con los dirigentes que lo trajeron.

Cuesta entender que baste una derrota para pensar en cortar todo un proceso, pero revertir esta situación será complejo para un hombre que ha generado tantas resistencias y parece tan alejado de la querencia popular. El 0-7 es una herida que en caso de curarse dejará cicatriz en la cara, y siempre estará presente.

Si parte de los medios no confiaba en Osorio, hoy el colombiano con este fracaso magno les da la razón. Se vienen días de fuertes turbulencias. El colombiano tendrá que mostrar la resiliencia que le alabó a sus futbolistas. Es decir, esa capacidad para adaptarse a las adversidades y sobreponerse al dolor emocional, porque lo que se le viene será tan duro como el ataque chileno.

La selección de México queda hoy ante la disyuntiva de empezar de cero otra vez con un nuevo entrenador, o empezar de cero con el mismo técnico y un tatuaje (0-7) en la frente.