¿Cómo logramos ese 0-7?

La selección mexicana, que ostentaba un récord de juegos sin derrota hasta el partido del sábado contra Chile, rompió ese día otro récord, el de goles recibidos en partidos oficiales: siete en contra y ninguno a favor, un repaso que es propiamente un viaje al pasado, a épocas mucho menos democráticas del futbol, cuando pertenecíamos a los “no alineados” del soccer planetario, esos equipos pobretones y con algunos recursos naturales que solían recibir palizas implacables de las grandes potencias. ¿Fue un accidente o el primer síntoma de una enfermedad mayor? La enfermedad, ¿se cura con tiempo y curitas o exige una amputación? En resumen: ¿qué demonios pasó? 


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Osorio, el encanta bobos

Ricardo Magallán

Periodista deportivo en Milenio, TVC Deportes y Capital 21. Editor general de "La Afición".

El error no fue de Juan Carlos Osorio, sino de aquellos que lo vieron como Hernán Cortés llegando a conquistar al imperio y con dotes de evangelizar a la tribu, a la huarachiza futbolera en que estaba convertido México antes del arribo de este Mesías colombiano.

El error no fue de Juan Carlos Osorio, sino de aquellos que no se dieron cuenta de que este señor es como aquellos viejos curanderos que, con pomos de ungüento milagroso en mano, iban de pueblo en pueblo curando desde un raspón hasta el cáncer tan solo con una buena sobada de su milagroso remedio.

El error no fue de Juan Carlos Osorio, sino de aquellos que, gracias a la fina verborrea del colombiano, le atribuyeron la categoría de ciencia a algo tan básico y primitivo como lo es futbol. El sencillo arte de patear un balón pasó a ser casi una ecuación tan compleja que el peladaje futbolero de nuestra patria no estaba en condiciones de entender.

El error no fue de Juan Carlos Osorio, sino de aquellos que se dejaron evangelizar con una pluma roja y una azul y una libreta llena de garabatos que eran traducidos como salmos, como palabra divina.

El error no fue de Juan Carlos Osorio, sino de aquellos que, sin saber qué significan, sin entender ni pizca de lo que les hablaban, blofeaban con conceptos como "pragmatismo", "vértices", "rotación", "inhibición", "metodología" y demás palabras tan rebuscadas como huecas que hacían imaginar al cafetalero y su equipo de trabajo con batas blancas metidos en un extenso laboratorio lleno de soluciones de tonos estrambóticos y miles de foquitos, como de película de El Santo.

El error no fue de Juan Carlos Osorio, sino de aquellos que le dieron a una racha invicta de 10 partidos ante rivales de poca monta validez de clase mundial. Solo bajo esta visión ir a ganarle a Honduras en un muladar de estadio dentro de su territorio era una hazaña épica, de letras de oro para la historia del país.

El error no fue de Juan Carlos Osorio, sino de aquellos que se hicieron ciegos para darse cuenta de que la derrota se veía venir, que la selección nacional está huérfana de estilo, que la exhibían en defensa con un soplido y que las jerarquías no se respetaban en pro de una "rotación" que no era más que un descarado manoseo de jugadores sin ton ni son.

Juan Carlos Osorio es un encanta bobos.

Juan Carlos Osorio se debe ir, ser cesado.