¿Cómo disminuir realmente la contaminación?

La semana anterior viajamos al pasado: “contingencia ambiental”, escuchamos en los medios. El reino del no: No hagan ejercicio en el exterior, traten de no usar el coche, no hay clases, Hoy No Circula… Los años 90. Daban ganas de sacar los pantalones arriba de la cintura o las ombligueras. Luego, las explicaciones no muy convincentes de las autoridades, con algunos conflictos interestatales incluidos por aquello de es tu culpa, no, es tuya. ¿Qué pasó realmente en el Valle de México? ¿Cómo es que dimos ese salto para atrás? Más importante: ¿qué medidas de fondo, estructurales, debemos tomar para sino desterrar al menos reducir este problema hasta los niveles de lo habitable?


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Las contingencias por venir

Ricardo Torres Jardón

Investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.

Las características geográficas de la cuenca atmosférica donde se asienta la Zona Metropolitana de la Ciudad de México (ZMCM) son particularmente favorables a la acumulación de los contaminantes generados dentro de ella. La ZMVM se localiza en el suroeste de una cuenca elevada a unos 2200 metros sobre el nivel del mar, confinada en tres de sus lados (este, sur y oeste) por varias cadenas montañosas y una pequeña formación al norte, pero con tres aberturas, una pequeña en el noroeste, otra muy amplia hacia el sector nor-noreste, y una más en el sureste. Asociado a esto, la posición latitudinal de la cuenca ocasiona que reciba una radiación solar intensa en prácticamente todo el año, que acelera los procesos fotoquímicos de contaminantes atmosféricos como el ozono y las partículas secundarias y su ubicación en el centro del país permite que a lo largo del año resulte afectado por sistemas anticiclónicos de alta presión, los cuales mantienen el cielo despejado y aumentan la capacidad fotoquímica de la atmósfera. Además, estos sistemas también inducen a que la velocidad de los vientos disminuya cerca de la superficie del valle, situación que inhibe el movimiento vertical y horizontal del aire, haciendo ineficiente la dispersión de los contaminantes.

Por otro lado, la actividad asociada al desarrollo urbano, industrial y comercial de la ZMCM requiere de un consumo de energía muy importante. Cerca del 60% del consumo energético es por el sector transporte. Esto tiene por resultado que cada día sea emitida una gran cantidad de contaminantes a la atmósfera tan sólo por procesos de combustión. El más reciente inventario de emisiones de la ZMCM, para el año 2012, reporta que las fuentes móviles contribuyen con un equivalente de más del 75% del total, siendo los contaminantes más importantes el monóxido de carbono (CO) y los óxidos de nitrógeno (NOx), además de ser la segunda fuente más importante de los compuestos orgánicos volátiles (COV).

El hecho que las fuentes móviles sean las fuentes más importantes de emisión está claramente asociado al crecimiento poblacional de la ZMCM. De 1992 a 2012, la cantidad de vehículos motorizados registrados pasó de dos millones a más de cinco millones de unidades, con el consecuente mayor consumo energético. Este incremento ha resultado en un aumento del tráfico, de congestionamientos viales y, como consecuencia, en una disminución en la velocidad de circulación y en una mayor emisión de contaminantes. Se estimaba que para 2012 la velocidad promedio en la ZMCM era de unos 17 km/hr y cualquier incremento en ésta sería benéfico. Hay que considerar que si bien los sistemas de control vehiculares como los convertidores catalíticos, los sistemas de control de emisiones evaporativas de gasolina y la obligatoriedad de verificación han logrado una menor emisión por vehículo, la suma de las emisiones de los vehículos a gasolina en circulación y el deficiente control de emisiones de NOx y partículas de vehículos a diesel de transporte público y carga, así como de otras fuentes tipo área de COV como fugas de gas LP y de vapores de combustibles en estaciones de servicio, han llevado a que las concentraciones de ozono y otros como partículas finas excedan de manera persistente los límites permisibles fijados por las normas mexicanas. La tendencia en los niveles de los contaminantes en el aire parece mostrar una reducción en los niveles de CO pero no en NOx y partículas. Estos últimos dos contaminantes son emitidos principalmente por la combustión de diésel.

Es importante señalar que no todos los compuestos emitidos son considerados contaminantes. Sólo aquellos llamados contaminantes "criterio" cuentan con normas de calidad del aire. Estas normas son una serie de valores de concentración recomendados que, a diferentes tiempos de exposición, se consideran sin riesgos para la salud y que al ser rebasados pueden presentar efectos en la población sensible a ellos. El ozono es parte de éstos, y se debe reconocer que la Secretaría de Salud ha puesto especial interés en que cada vez el límite sea menor a fin de proteger a la población mas sensible a este contaminante. La actual norma, recién modificada en 2015, cambió de 0.120 partes por millón a 0.095 partes por millón en promedio en una hora como máximo, siendo una reducción muy importante.

Es importante aclarar que el ozono gas no es emitido por alguna fuente específica, sino que es producido en el aire a través de reacciones fotoquímicas entre los óxidos de nitrógeno y compuestos orgánicos volátiles en presencia de luz solar. Por esta razón, es un contaminante secundario cuyo control debe ser en la emisión de estos precursores. Las concentraciones más altas de este contaminante se registran viento abajo con respecto a las fuentes de emisión y horas después de que fueron emitidos sus precursores. En el Valle de México los vientos tienen una dirección predominante de norte a sur-suroeste durante la mayor parte del día. La mayor cantidad de emisiones de precursores de ozono se generan en el centro y norte de la ciudad durante las primeras horas del día, y el viento desplaza la masa de aire rica en precursores hacia las montañas del sur y suroeste de la ZMCM. De esta forma, el máximo impacto por ozono se registra en las demarcaciones del sur de la Ciudad de México, siendo las delegaciones más afectadas Magdalena Contreras, Coyoacán y Tlalpan. El transporte de las masas de aire ricas en ozono alcanza las laderas y las partes altas de las montañas del sur y suroeste de la Sierra de las Cruces, el Ajusco y la Sierra de Santa Catarina, donde afecta tanto a la vegetación forestal todavía presente como a la química atmosférica local.

No obstante, el hecho de que en ocasiones los niveles de ozono sean más elevados que otros se debe a la influencia de la meteorología en el centro del país. El mejor ejemplo de esta situación se presentó en días pasados. Las condiciones meteorológicas a gran escala mostraron la presencia de un sistema de alta presión sobre la meseta central, que permaneció relativamente estacionaria. Esta condición fue evidenciada con la observación de una atmósfera estable con cielos despejados, vientos ligeros y dificultad para la dispersión vertical de los contaminantes, lo cual favoreció la producción y acumulación inusual de contaminantes secundarios como el ozono. Si bien los niveles registrados rebasaron la respectiva norma de calidad del aire, vale la pena mencionar que la activación del programa de contingencias ambientales en estos días se debió a que al ser menor la norma de calidad del aire para ozono, el respectivo índice que establece el umbral de activación también disminuyó. El programa de contingencias ambientales activa varios niveles o fases tendientes a reducir las emisiones para reducir la contaminación atmosférica, así como para establecer medidas orientadas a informar y a evitar o reducir la exposición de la población en la ocurrencia de un episodio de contaminación severa. Esto implica que posiblemente cada vez sean más frecuentes los eventos de contingencias, no tanto porque la situación de la calidad del aire ahora sea peor que en el pasado reciente. Los niveles de contaminación por ozono siguen siendo prácticamente los mismos que en los años recientes y sigue siendo un problema a resolver por todos los actores involucrados. Sin embargo, al ser este contaminante producto de reacciones químicas, su control se debe apoyar en estudios científicos que ya existen y no sólo en decisiones políticas de control indiscriminado. Si bien la reducción en la circulación de la flota vehicular a gasolina en circulación tendría beneficios en menores niveles de contaminantes al favorecerse la velocidad de circulación, las contribuciones de vehículos a diésel, en particular de NOx, que son precursores en la formación de ozono, permanecerían prácticamente sin cambio en tanto no se establezcan políticas para su control.

Finalmente, hay que reflexionar en el hecho de que la contaminación del aire no reconoce fronteras políticas, por lo que el establecer políticas de control a la escala megalópolis como se ha mencionado deben ser apoyadas.