¿Cómo disminuir realmente la contaminación?

La semana anterior viajamos al pasado: “contingencia ambiental”, escuchamos en los medios. El reino del no: No hagan ejercicio en el exterior, traten de no usar el coche, no hay clases, Hoy No Circula… Los años 90. Daban ganas de sacar los pantalones arriba de la cintura o las ombligueras. Luego, las explicaciones no muy convincentes de las autoridades, con algunos conflictos interestatales incluidos por aquello de es tu culpa, no, es tuya. ¿Qué pasó realmente en el Valle de México? ¿Cómo es que dimos ese salto para atrás? Más importante: ¿qué medidas de fondo, estructurales, debemos tomar para sino desterrar al menos reducir este problema hasta los niveles de lo habitable?


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Un cambio de paradigma

Erik Velasco

Investigador-científico del Singapore-MIT Alliance for Research and Technology.

A pesar de que la contaminación del aire ha disminuido en los últimos 20 años, la semana pasada volvimos a experimentar una contingencia ambiental en la Ciudad de México causada por altos niveles de ozono. El tráfico vehicular y condiciones meteorológicas propicias fueron los causantes de la formación y acumulación de este contaminante.

Para muchos, la contaminación del aire había perdido relevancia, puesto que hace 13 años no se decretaba contingencia alguna. En 2002 se activó por última vez una contingencia por exceso de ozono y en 2003 por partículas. En aquel entonces se necesitaban 240 puntos Imeca por ozono para activar la fase 1; hoy en día se necesitan 180 puntos. De haber seguido con el modelo anterior no estaríamos escribiendo aquí.

Es obligación del Estado proporcionar un ambiente limpio, por lo que las autoridades deben monitorear y reportar la calidad del aire, así como diseñar programas de prevención y control basados en información científica. Aunque son cientos las especies de contaminantes, son seis los que se usan como criterio: dióxido de azufre, dióxido de nitrógeno, monóxido de carbono, plomo, ozono y partículas suspendidas. Estas últimas se dividen en PM10 y PM2.5, partículas de tamaño menor o igual a 10 y 2.5 micras, respectivamente.

Los primeros cuatro contaminantes son emitidos directamente a la atmósfera por vehículos automotores, industria, quema de basura, etc. Afortunadamente sus emisiones han sido controladas y sus niveles están por debajo de las normas de calidad del aire para protección a la salud.

El problema recae en el ozono y PM2.5. Estos contaminantes se forman en la atmósfera por reacciones químicas entre los llamados gases precursores (compuestos orgánicos volátiles y óxidos de nitrógeno, entre otros) que en muchas ocasiones comparten origen con los otros contaminantes criterio.

La reducción de ozono y PM2.5 ha sido muy moderada en los últimos años y sus niveles sobrepasan aún las normas de la calidad del aire varios días al año. Su control depende de la caracterización de los gases precursores y la identificación de sus fuentes de emisión, así como también del conocimiento de las reacciones químicas bajo las condiciones de radiación solar, meteorología, topografía y altura sobre el nivel del mar de la Ciudad de México.

Diversos estudios han determinado que en la Ciudad de México la formación de ozono depende de los compuestos orgánicos volátiles. Sus medidas de control han sido relativamente efectivas. La concentración de compuestos tales como propano y butano, relacionados con el uso y distribución de gas LP, ha disminuido 40% en 10 años. Compuestos como tolueno y benceno, asociados con el uso de solventes y pinturas, procesos de desengrasado y evaporación de combustibles, han disminuido 60%. Sin embargo, la concentración de olefinas, cuya mayor fuente de emisión es el tráfico vehicular, ha crecido 10%.

Las olefinas son hidrocarburos que forman ozono con gran rapidez, y por ende, aunque la calidad de los combustibles haya mejorado y los vehículos emitan menos al cumplir con normas más estrictas y cuenten con convertidores catalíticos, los niveles de ozono siguen siendo críticos.

El problema real es que nos negamos a cambiar de paradigma y seguimos empeñados en la cultura del coche. En 10 años la flota vehicular aumento 36% (1.3 millones de unidades). Por cada niño que nace en la ciudad, dos vehículos son registrados, y no necesariamente nuevos. Además, decisiones como la de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de permitir circular todos los días cualquier vehículo sin importar su edad mientras apruebe la verificación no colaboran a resolver el problema.

Requerimos urgentemente políticas inteligentes e innovadoras que desincentiven el uso del coche particular. Además de ser un problema ambiental y de salud pública, el tráfico vehicular disminuye nuestra movilidad e impacta en la economía de la ciudad.

La gestión de calidad del aire en la Ciudad de México junto con el trabajo de científicos e iniciativas ciudadanas, ha permitido reducir los niveles de contaminación, pero hasta cierto punto. Usemos esta contingencia para intensificar esfuerzos.