¿Cómo debe ser el próximo entrenador de la selección?

Hay una famosa novela de boxeo llamada “Más dura será la caída”. No hubiera sido un mal título para las memorias de Miguel Herrera, el más volcánico de los entrenadores en un país donde los energúmenos tienen una muy buena prensa hasta que tiran el recto de derecha donde no deben y se van a engrosar las filas del desempleo. ¿Cómo debe ser el próximo entrenador de la selección? ¿Cómo debe enfrentarse a los comentaristas pasados de lanza, a los directivos, a las estrellas de banca y media tabla que se comportan como cracks de talla mundial, a los calendarios surrealistas? ¿Quién debe llenar, pues, el vacío dejado por el Piojo? Ustedes dirán.

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Once tesis sobre el entrenador nacional

Luis Miguel Aguilar

Poeta, ensayista, traductor y colaborador de Milenio con una endiablada habilidad en los pies. 

1. Antes de que Miguel Herrera se cortara él solo la cabeza, a los entrenadores de la selección les ha cortado la cabeza ya sea un fantasma o ya sea un jinete: el fantasma del Gigante de la CONCACAF y el jinete del Quinto Partido.

2.  Tarde o temprano, a Herrera le habría también cortado la cabeza cualquiera de los dos. Bastaba, por ejemplo, con que una vez ganada la Copa Oro no ganara el pase a la Confederaciones Rusia 2017.

3. Porque se supone que México es el gigante de la CONCACAF; y porque se supone que ya estamos sobrados como para ganar el quinto partido, y en vez de darle al entrenador la posibilidad de que lo intente por segunda vez en otro Mundial, simplemente llega el jinete que lo descabeza.

4. Respecto a lo primero, desde hace más años de los que se cree, tal “certidumbre” se ha venido abajo; respecto a lo segundo, habrá que preguntarse por qué el primer equipo de CONCACAF que llegó al quinto partido fue Estados Unidos (y precisamente contra México, Corea/Japón 2002). Respuesta: lo hizo un país futbolístico (perdón, pero bien bajado ese adjetivo) que respetaba a sus entrenadores o a sus “procesos”. Hicieron con acierto lo que nosotros no.

5. Así, antes de pensar en el siguiente entrenador vale preguntarse si no conviene, para quien llegue, un contrato digamos transcuatrianual o transMundial donde, pase lo que pase, seguirá en el cargo después de la Copa del Mundo.

6.  (O seguirá en el cargo antes de la Copa del Mundo; por si no califica o por si deciden correrlo porque califica pero no con las tres G “dignas” del Gigante: Ganar, Gustar y Golear.)

7. Es decir que el entrenador de México tendría por lo menos la posibilidad garantizada de jugar dos mundiales, o el pase a dos Mundiales (en caso de no calificar a uno). 

8. Contrato: la afición (aunque vaya contra sus certezas de triunfo cantado), los dueños del balón (aunque pierdan dinero) y los medios (aunque pierdan presencia) se comprometen a no recargar las expectativas, las líneas de negocio y las líneas editoriales en el entrenador y su equipo; el entrenador se compromete a no estar en otro negocio que no sea el futbol. Se compromete a que su equipo juegue cada partido como si fuera el último. O bien, se compromete no a jugar contra trinidad o haití o panamá o guatemala: todo juego será contra Alemania.

9. Esto se completa con lo siguiente: a qué vamos a jugar. ¿Línea de tres, línea de cuatro? Lo que importa sería una especie de acuerdo nacional: que todos los equipos jueguen a lo mismo, empezando (sí, en ese orden) por la liga MX y terminando con la categoría sub-17.

10. No escoger, por una vez, al entrenador echando mano de los más recientes campeones de la liga. Y en lo personal, tampoco me “decanto” por un extranjero. Yo iría más allá; mejor dicho, más atrás como creo que la situación lo exige. Estoy pensando en el regreso de Manuel Lapuente, no sólo como entrenador, sino como entrenador de entrenadores, de modo que pueda darse una línea sucesoria como la que hizo Estados Unidos con Steve Sampson-Bruce Arena-Bob Bradley. Todos jugando a lo mismo.

11. Hasta ahora nos hemos dedicado a repetir al entrenador nacional; esto es: a quitarlo, a cortarle la cabeza porque no cumple las expectativas que nuestros exigentes sueños o pingües negocios o mero bovarismo –creerse superior a lo que se es– dictan. Ahora es ocasión de poner uno, y sostenerlo, y tratar de no repetirlo como el perpetuo descabezado.