¿Cómo debe ser el próximo entrenador de la selección?

Hay una famosa novela de boxeo llamada “Más dura será la caída”. No hubiera sido un mal título para las memorias de Miguel Herrera, el más volcánico de los entrenadores en un país donde los energúmenos tienen una muy buena prensa hasta que tiran el recto de derecha donde no deben y se van a engrosar las filas del desempleo. ¿Cómo debe ser el próximo entrenador de la selección? ¿Cómo debe enfrentarse a los comentaristas pasados de lanza, a los directivos, a las estrellas de banca y media tabla que se comportan como cracks de talla mundial, a los calendarios surrealistas? ¿Quién debe llenar, pues, el vacío dejado por el Piojo? Ustedes dirán.

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Jacqueline Félix

Periodista deportiva: La Afición y Milenio TV.

Desde el cese de Miguel Herrera como director técnico de la selección nacional, he leído innumerables artículos y visto notas y reportajes que presumen y hasta se cercioran de quién será el "afortunado" sucesor de El Piojo en el banquillo tricolor. Incluso me he encontrado con respuestas sorpresivas de los posibles "candidatos", quienes han externado su sentir a los diferentes medios de comunicación satisfaciendo el voraz apetito de estos cazadores de la información con declaraciones tan insólitas como: "Si me ofrecen el puesto de barrendero, quizás lo acepto; no así el de técnico de la selección mexicana", palabras de Ricardo Ferretti; o qué me dicen de "con selección no hay posibilidad", por Gustavo Matosas. Hasta viejos conocidos del TRI descartan y reprueban la sola idea de enfundarse con la casaca de seleccionador nacional, como Víctor Manuel Vucetich.

¿Pero qué lleva a los personajes más reconocidos, aceptados y respetados de los banquillos del máximo circuito del futbol mexicano a rechazar enérgicamente el puesto que años atrás representaba el mayor honor para un timonel? ¿Está el título de director técnico nacional devaluado? ¿O es acaso que incluso ellos han abierto los ojos al grado de comprender que quizá no vale la pena arriesgar la carrera y la integridad moral prestando su imagen para satisfacer los intereses políticos y/o económicos del balompié nacional y sus dirigentes?

Tal vez la respuesta a éstas interrogantes sea un rotundo sí o tal vez hemos elevado la crítica al nivel de satanizar el ex puesto de ensueño. No lo sé. Lo que sí sé es que como aficionada estoy cansada de ser utilizada y manipulada para crecer los bolsillos de quienes me venden a un grupo de individuos –y sus playeras– sin preparación, sin criterio, sin pasión y sin compromiso como héroes nacionales, porque ¿desde cuándo los héroes dejan de lado su lucha incansable por la justicia y la verdad para convertirse en cómplices del engaño y la vulgaridad?

En el México de hoy, pambolero como siempre, pero despierto como nunca, la afición habla, critica, rechaza y exige directivos honestos, transparentes, a sabiendas de que continuarán en la búsqueda del bien particular pero esperando que lo hagan partiendo del bien general. Y por ende, busca a una selección que como grupo trascienda disputas encarnizadas que satisfagan la expectativa de quienes sólo satisfacen sus cuentas bancarias y que, como individuos mediáticos que son, "solidarios" como son y taquilleros como son, los futbolistas sean también profesionales, con calidad deportiva y humana y con la suficiente inteligencia emocional para ensalzarse bajo el escrutinio y no sumirse en el falso valor que otorga el ego ataviado de éxito.

El sucesor de Miguel Herrera, por tanto, tiene entre sus deberes la categórica necesidad de cubrir un exigente perfil que combine la capacidad intelectual de un embajador que lidiará con la observación inquisitiva de un país y la carga psicológica de un representante político, con la habilidad estratégica para restaurar la imagen pública de unos cuantos sujetos que, por mérito propio, han abaratado lo que significa conformar el cada vez menos selecto grupo de futbolistas que viaja con el escudo de la FMF y con el nombre de nuestro país en su pecho. Para lograr así restaurar el más valioso tesoro que hasta ahora "Mi Selección" ha perdido, por encima del recurso humano: la credibilidad. Misma que en una industria valuada en 133.6 MDD (de acuerdo al portal especializado transfermarkt.com) debiese ser tan preciada como los ceros en esta cifra. Pero claro, ésta es solo mi opinión.