¿Cómo debe ser el próximo entrenador de la selección?

Hay una famosa novela de boxeo llamada “Más dura será la caída”. No hubiera sido un mal título para las memorias de Miguel Herrera, el más volcánico de los entrenadores en un país donde los energúmenos tienen una muy buena prensa hasta que tiran el recto de derecha donde no deben y se van a engrosar las filas del desempleo. ¿Cómo debe ser el próximo entrenador de la selección? ¿Cómo debe enfrentarse a los comentaristas pasados de lanza, a los directivos, a las estrellas de banca y media tabla que se comportan como cracks de talla mundial, a los calendarios surrealistas? ¿Quién debe llenar, pues, el vacío dejado por el Piojo? Ustedes dirán.

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Diseñado por el enemigo

Carlos Azar Manzur

Poeta y ensayista. Escribe de futbol en “Letras Libres”.

En dos años, gracias al exabrupto del Piojo, la selección mexicana habrá tenido cinco entrenadores. Como si acertara Gumaro Morones, en dos años la selección mexicana habrá superado la mitad de los técnicos que la selección alemana ha tenido desde Francia 1938. Así es: desde Sepp Herberger hasta Joachim Löw, en Alemania sólo han trabajado nueve entrenadores y los resultados están a la vista: cuatro veces campeones, cuatro subcampeonatos y dos terceros lugares. Aquí, empiezan a terminarse los nombres y nuestro proyecto sedicente no ha logrado superar los octavos de final (o los cuartos si el mundial se juega en México). Ahora, luego de correr al Piojo, Decio de María confesaba tener claro qué perfil necesitaba tener el próximo entrenador nacional. Y me permito no creerle. Así como con la salida del Chepo de la Torre se buscó una figura que contrastara con su rigidez, ahora vamos a concentrarnos en ajustarnos en un manual de comportamiento frente a los medios para evitar escenas como las de Filadelfia, escena que Luis García no tuvo empacho de calificar de "dantesca". En este país en el que aparecen descabezados y cuerpos colgados de puentes, sería deseable empezar a precisar nuestros adjetivos.

Y no se trata de contratar alemanes (aunque en el festival de nombres para ocupar la "silla eléctrica" incluso ha sonado el de Jürgen Klopp, el constructor del reciente Borussia Dortmund, ahora desempleado). El problema no fue el Piojo y sus estallidos, que tanto nos gustaron al principio y tanto criticamos al final, ni el Chepo y su aspereza rigurosa, ni Lavolpe y sus malos tratos, ni Sven Goran Eriksson y su ignorancia de la idiosincrasia mexicana. El problema es que no entendemos que es necesario construir un proyecto a largo plazo, que no sólo incluya la venta de partidos en Estados Unidos y saber qué televisora entrevista a qué jugador. Es preciso que entiendan, esos que piensan que la selección mexicana sólo es un producto comercial, que si se sigue abaratando ya no habrá más despatriados interesados en comprarlo. Un proyecto que incluya a las selecciones con límite de edad, que ahonde en programas de desarrollo social del deporte en el país, que tenga claro cómo debe jugar el equipo dentro de la cancha pero sobre todo fuera de ella. Y que las televisoras no impongan su agenda comercial ni a jugadores específicos.

¿Es fácil? Ciertamente no. Si no existe un proyecto de país, por qué habría uno de futbol. Pero ahora ya es necesario buscar una figura que sea capaz de aglutinar todo esto: que desarrolle un proyecto que no intente abarcar el presente periodo mundialista sino también el que sigue; que se construya una formación táctica alrededor de los jugadores con los que contamos (como lo hicieron en la España de Xavi e Iniesta); que convenza a 18 estrellas infladas por los medios de lo que tienen que hacer, jugadores que, cada vez más, juegan en Europa y por tanto no podrá trabajar mucho tiempo con ellos; que entienda que la prensa sólo busca un costal de box para entrenarse y que intentará sacarlo de sus casillas. Somos el país de Huitzilopochtli, buscamos el sacrificio inevitable, la sangre ineludible; será necesario entender que es forzoso pensar de manera estructural y no coyuntural, ya no más. Los proyectos más exitosos de nuestro futbol (los dos mundiales sub-17 y la medalla de oro en Londres) fueron proyectos largos, sin más compromisos que los deportivos. Se debe formar un grupo de trabajo que sea capaz de llevarlo a cabo.

Aunque faltemos al próximo Mundial; aunque sigamos demostrando que nuestros proyectos parecen haber sido diseñados por nuestro enemigo.