¿Benefician a Trump los atentados terroristas?

El mundo vive el auge de dos venenos altamente dañinos: el terrorismo islamista y la ultraderecha xenófoba, que alcanza su manifestación más vulgar y preocupante en la figura de Donald Trump, presunto, probable candidato republicano a la presidencia norteamericana. ¿Hay una relación directa entre ambos venenos? ¿Se alimentan recíprocamente? ¿Impulsará ISIS, pues, a Trump, o contribuirá, por el contrario, a su descrédito definitivo?

REGRESAR
    1. Armando Regil

      Trump y la política del miedo

      Presidente del Instituto de Pensamiento ...
    2. Francisco  Gil-White

      El abandono del Islam ...

      Catedrático del ITAM, es autor de “El Colapso ...
    3. Mario Arriagada Cuadriello

      Predicarle al coro

      Internacionalista en el Colmex.
    4. Pedro Arturo Aguirre

      Malos vientos

      Autor de De Winston Churchill a Donald Trump, ...
    5. Maruan Soto Antaki

      Al fervor de las masas

      Autor de: "Casa Damasco", "La carta del ...
    6. Jorge Chabat

      ¿El Estado Islámico ...

      Profesor-investigador de la División de ...
    7. Fey Berman

      Donald Trump y el ataque ...

      Corresponsal en Nueva York.

Una mala combinación

Miguel Sigala

Profesor del Centro de Estudios sobre América del Norte de la Universidad de Guadalajara.

El terrorismo islámico es un problema complejo. Sin embargo, se corre el riesgo de que posturas extremistas en Occidente lo simplifiquen para obtener tajada a favor de sus proyectos políticos. En Estados Unidos y Europa avanza la ultraderecha. Es cierto que su principal motor fue la crisis financiera de 2008, pero ahora el resurgimiento de los nacionalismos xenófobos se fortalece debido a la amenaza terrorista que golpea a las principales ciudades del Viejo Continente y que hace unos meses también se presentó en San Bernardino, California.

La nacionalismos radicales simplifican el problema del terrorismo –y el del desempleo, las crisis económicas, etcétera– al establecer una conexión entre éste y la inmigración. Los líderes de estas tendencias políticas, y de cualquier otra, construyen la "realidad" social a través de etiquetas o categorías discursivas que otorgan significados a los sujetos y acontecimientos; así, se define, por ejemplo, quién es un enemigo y qué situación representa una amenaza. Lo interesante es que estos significados se estacionan en la mente de las personas e influyen en sus decisiones electorales o bien para legitimar acciones de sus gobiernos.

En tiempos recientes las opciones políticas con discurso anti-inmigrante han ganado terreno en sociedades occidentales. En el país líder la Unión Europea, el Partido Nacionalista Alternativa para Alemania se posicionó entre las primeras tres fuerzas políticas en las regiones donde compitió. En Francia, impulsado por los ataques terroristas en París, el ultraderechista Frente Nacional de Marine LePen se convirtió en el partido más votado apenas en diciembre pasado. La lista es amplia y sigue creciendo: se encuentran casos similares en Bélgica, Dinamarca, Eslovaquia, Holanda y Suecia, entre otros. Una deshonrosa mención aparte merece Hungría, que con su primer ministro Viktor Orbán construye una valla en su frontera sur, muy a la usanza de los radicales estadounidenses como Donald Trump.

Como lo comentara recientemente Joschka Fischer, ex vicecanciller alemán, en el diario "El País", el actual nacionalismo extremo se fundamenta en la política identitaria y no en un debate racional. La identidad se construye mediante las categorías "nosotros" versus los "otros"; cada grupo social se considera "bueno" o "mejor" frente a los otros y en casos extremos se conciben "seguros" y a los demás "amenazantes". Esto explica por qué en la tan "avanzada" Alemania del siglo XXI un sector electoral respalda a una líder, Frauke Petry del Partido Alternativa, cuando pide usar armas contra migrantes que pasen la frontera e, igualmente, la explicación identitaria es válida para entender por qué Trump es apoyado cuando propone un "total y completo cierre" de las fronteras a los musulmanes después de la masacre de San Bernardino. Declaraciones simplistas e irracionales pero que otorgan réditos políticos.

Aunque el tema aquí tratado es complejo, existen razones para pensar que el terrorismo beneficia a los nacionalismos xenófobos. En el caso de Estados Unidos viene a alimentar aún más el discurso maniqueo y de odio de Donald Trump. Conviene recordar que hace unos cuantos meses el magnate declaró, respecto al Estado Islámico, que los Estados Unidos estaban peleando una guerra de manera "muy políticamente correcta" y que "había que eliminar a las familias" de los terroristas. Para muchos de nosotros las palabras de Trump son un disparate; no obstante, sigue en la delantera en las primarias presidenciales.

El racista sin máscara aún no delinea la política exterior que llevará a cabo en caso de llegar a la Casa Blanca. Sin embargo, los antecedentes que tenemos sobre un mandatario estadounidense con un discurso de odio justificado por el terrorismo son por demás funestos. Cabe recordar que los trágicos y cobardes ataques del 11 de septiembre de 2001 derivaron en algo que no necesariamente debió estar relacionado: la guerra de Irak de 2003. El presidente George W. Bush emprendió la guerra contra el terrorismo etiquetándola como la del "bien" contra el "mal" –entiéndase el terrorismo de Al Qaeda–. No obstante, al paso de los meses, su discurso confrontacional se enfocó en los países del llamado "eje del mal", entre los cuales se incluyó al régimen iraquí de Sadam Husein, al que (sin exculparlo de sus atrocidades) no se le comprobó nexo con el terrorismo ni posesión de armas de destrucción masiva.

Sin embargo, la ausencia de pruebas no fue impedimento para llevar a cabo la invasión a Irak ¿Por qué? Porque la decisión no fue apoyada por la racionalidad que dan las evidencias, sino por la construcción de una realidad simplificada a través de un discurso bélico, binario, del bien contra el mal. He aquí lo preocupante para las relaciones internacionales actuales. No se debe olvidar que el presidente G.W. Bush dibujó una realidad amenazante con elementos muy similares a los que se conjugan hoy en día y que no son una buena señal para los años venideros. El terrorismo, el nacionalismos radical y la xenofobia pueden ser elementos que tanto las ultraderechas en Occidente como el ISIS utilicen para justificarse y tensionar aún más la arena internacional.

@El_Sigala