¿Benefician a Trump los atentados terroristas?

El mundo vive el auge de dos venenos altamente dañinos: el terrorismo islamista y la ultraderecha xenófoba, que alcanza su manifestación más vulgar y preocupante en la figura de Donald Trump, presunto, probable candidato republicano a la presidencia norteamericana. ¿Hay una relación directa entre ambos venenos? ¿Se alimentan recíprocamente? ¿Impulsará ISIS, pues, a Trump, o contribuirá, por el contrario, a su descrédito definitivo?

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Al fervor de las masas

Maruan Soto Antaki

Autor de: "Casa Damasco", "La carta del verdugo" y "Reserva del vacío". Última novela: "Clandestino".

En ciertos momentos, podríamos detenernos a revisar si lo que nos preocupa no es en realidad la avanzada de temores menos prontos aunque más profundos y severos. Se ha dicho mucho de las imposibilidades prácticas del discurso de ese mentiroso de visera rubia que despotrica contra mala y santa. De cómo, en el camino a la búsqueda de la presidencia de los Estados Unidos, Trump irá cambiando de posturas de la misma forma en que ya lo ha hecho, sin que eso pida restarle cuidado. Danza entre el odio y el racismo. La campaña interna es una cosa, parece quedar claro; es su tiempo de cargar a la derecha. Después, cuando gane la representación de su partido, y es muy probable que lo haga, llevará su oprobio al centro.

Los atentados en Bruselas dan la impresión de ser la gasolina que alimenta el fuego de los argumentos trumpianos. Son los malos. Ellos, dice. Son aquellos que presume saber cómo erradicar. Sus palabras son arquetipo de la soberbia con que el demagogo incita los aplausos de las masas. Entonces, a las masas les debemos prestar un poco de más atención. Al menos los que a él se la hemos dado, porque abundan los que, en la insensatez, creen que ignorarlo es buen camino.

Los periodos de crisis tienen a menudo dos respuestas: la razón que surge a la caída del precipicio pero también, como dice mi querido Nir Baram, "la gente suele interpretar el mundo según sus manías persecutorias...". Trump aprovecha eso. El discurso inmediato enaltece la persecución a la que se sienten sometidos una infinidad de sectores que señalan a los latinos, como algún día se miró a pieles distintas. A los asiáticos, a los árabes, a los musulmanes, a los selenitas. Pero eso es sólo el primer nivel de discurso. El pragmatismo no importa en este momento; se puede decir cualquier cosa. Es natural adivinar que México no pagará ningún muro en la frontera, como tampoco se podrá establecer en territorio norteamericano el registro racial, étnico o religioso que se vende como gran idea. No es realista e iría en contra de los mínimos principios de la constitución norteamericana y, más importante, del Partido Republicano.

Hay que diferenciar dos elementos. Si bien por un lado está Trump en campaña interna y más tarde en campaña por la presidencia, por otro se encuentran sus seguidores.

Las reacciones a los atentados en Bruselas van contra los árabes, claro. Es tan obvio que caen en el lugar común. En respuesta, el Consejo de Cooperación del Golfo se ha mostrado preocupado por "el aumento de la hostilidad, el racismo y la retórica inhumana contra refugiados en general y musulmanes en particular". Algunos empresarios árabes ya amenazaron con retirar sus inversiones en Estados Unidos. El resultado no beneficiaría a nadie. En el camino, Trump se mostró más parecido a quienes dice criticar y en su reflejo ve a los poderes sauditas. Trump ha criticado las acciones en Irán de Obama, que insiste al gobierno de Riyad en compartir Medio Oriente con Teherán. Así, Trump y los sauditas coinciden más de lo que los seguidores del "outsider" republicano están dispuestos a aceptar.

En términos de popularidad, Trump puede conseguir la simpatía de varios grupos que desaprueben a Obama, pero sólo un atentado relacionado todavía más con los intereses y empatías norteamericanas impulsaría de forma masiva los votos a su favor. Los que aún no tiene y a los que coquetea. Bélgica y Europa han reconocido las fallas de seguridad que permitieron el ataque en Bruselas. Si bien cuando se habla del Daesh lo prudente es pensar cuándo y cómo ocurrirá el siguiente ataque, el reconocimiento de las deficiencias es la mejor manera de reactivar los sistemas de seguridad en pos de extender la ventana de tiempo en la que ocurrirá la siguiente acción de los genocidas.

Sin embargo, las tribus ya estaban enfurecidas. En el fervor de las masas, los sentimientos trumpianos han permeado e incluso, si el republicano pierde las elecciones y ganan los demócratas, los actuales seguidores de Trump se mantendrán ahí, seguros de un discurso que no será sencillo diluir.