¿Benefician a Trump los atentados terroristas?

El mundo vive el auge de dos venenos altamente dañinos: el terrorismo islamista y la ultraderecha xenófoba, que alcanza su manifestación más vulgar y preocupante en la figura de Donald Trump, presunto, probable candidato republicano a la presidencia norteamericana. ¿Hay una relación directa entre ambos venenos? ¿Se alimentan recíprocamente? ¿Impulsará ISIS, pues, a Trump, o contribuirá, por el contrario, a su descrédito definitivo?

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¿El Estado Islámico también vota?

Jorge Chabat

Profesor-investigador de la División de Estudios Internacionales del CIDE.

Una de las herencias del Tratado de Westfalia, en el cual se definieron las características del Estado-nación moderno, es pensar que la política ocurre exclusivamente en el ámbito nacional. Ello claramente no es así en ningún país del mundo. Los factores externos siempre influyen, para bien o para mal, en los procesos políticos internos, a pesar de las resistencias de las élites nacionales y de los intentos por prohibir a los extranjeros participar en política.

Sin embargo, esta participación no es siempre exitosa ni predecible. Acontecimientos del exterior, muchos de ellos fortuitos, tienen efectos internos y pueden modificar tendencias electorales a última hora, como ocurrió en España en 2004, luego del atentado terrorista en la estación de Atocha, el 11 de marzo de ese año, el cual causó la muerte de 190 personas. En esa ocasión dicho atentado, ocurrido tres días antes de la jornada electoral, cambió la tendencia de voto que le daba a José María Aznar una apretada ventaja y permitió la llegada al poder de José Luis Rodríguez Zapatero. La razón fue muy sencilla: Al Qaeda reivindicó el tentado, y la opinión pública vio ese acto terrorista como represalia por el apoyo que había dado Aznar a la invasión estadunidense de Irak. La población pensó, ingenuamente, que si votaban por el partido socialista estaría más protegida frente a ataques terroristas.

La discusión sobre el peso de factores externos, en particular ataques terroristas, en los procesos políticos internos, se vuelve pertinente luego de los atentados del Estado Islámico (ISIS) en Bruselas el 22 de marzo, que causaron 34 muertes y más de 200 heridos. Este atentado fue perpetrado por la misma célula de ISIS que realizó los ataques en París en noviembre de 2015 y que provocaron más de 120 muertes. El Estado Islámico justificó los ataques de París como represalia por el apoyo de Francia a los bombardeos a territorios del Estado Islámico en la ofensiva coordinada por Estados Unidos meses antes. Sin embargo, lejos de cambiar su estrategia, el gobierno francés realizó un nuevo bombardeo sobre Raqqua, la capital de los territorios controlados por ISIS, y tanto la opinión púbica francesa como la de Occidente apoyaron a Hollande. A diferencia de lo que ocurrió en la elecciones españolas en 2004, para los ciudadanos de Francia resultaba evidente que ser "blandos" con ISIS no los haría menos vulnerables.

En este contexto, es inevitable preguntarse cómo pueden afectar los atentados en París y Bruselas al proceso electoral de Estados Unidos. Uno de los ejes del discurso del virtual candidato republicano a la presidencia de ese país, Donald Trump, ha sido criticar la debilidad de la Administración Obama frente a ISIS y el terrorismo vinculado al Islam. Y después de los ataques en Bruselas, Trump ha reforzado dicho discurso, al acusar a Obama de haber sido tan "políticamente correcto" que los grupos terroristas se han fortalecido. Asimismo, ha acusado a Hillary Clinton, la virtual candidata demócrata, de ser incompetente al buscar fronteras débiles y abiertas a la migración de musulmanes. Trump también ha dicho que él podría resolver el "problema" rápidamente. La gran pregunta es si los ataques de ISIS contribuyen a reforzar la percepción de que Obama y los demócratas han sido débiles y que la única opción para hacer frente a esta amenaza es un candidato "duro" como Trump. Las encuestas hasta ahora le dan una amplia ventaja a Hillary Clinton sobre Trump en una eventual confrontación por la presidencia. Por ejemplo, una encuesta de CNN del 24 de marzo le da a Clinton 14 puntos de ventaja. Otra de Fox News del 22 de marzo coloca a Clinton 11 puntos arriba de Trump. Otra de Ipsos Reuters del 23 de marzo le da a Clinton ocho punto de ventaja. Ciertamente estas mediciones no toman en cuenta el efecto que pudieran tener los ataques terroristas en Bruselas.

Sin embargo, para que la amenaza de ISIS realmente provoque un vuelco en la intención de voto, la población estadunidense tendría que percibir dicha amenaza de manera más directa, esto es, que ocurran ataques terroristas en territorio estadunidense y que sea evidente que el gobierno de Obama y las propuestas de Hillary Clinton no contemplan ninguna medida efectiva. Por lo pronto, el segundo en el mando de ISIS, Rahman Mustafa Qaduli, fue asesinado en un ataque aéreo de Estados Unidos sobre Siria, tres días después de los atentados de Bruselas, y el ejército sirio recuperó Palmira de manos de ISIS dos días después de dichos atentados.

Lo anterior no quiere decir que el Estado Islámico esté acabado ni que vayan a cesar los ataques terroristas. Sin embargo, para que las acciones terroristas de ISIS le den la presidencia Trump, es necesario que ocurran varias cosas: la amenaza debe ser percibida cono directa e inmediata a los intereses estadunidenses y debe ser evidente que ésta se da por la incapacidad de Obama y que Hillary Clinton no tiene una propuesta eficiente para este problema. Es cierto, en épocas de crisis la gente vota por quien propone soluciones fáciles y radicales, aunque éstas no sean posibles. En todo caso, si Trump quiere hacer de la amenaza de ISIS el eje para derrotar a Hillary Clinton, tendrá que ser más convincente al respecto en campaña y esperar que la candidata demócrata se quede cruzada de brazos frente a este desafío, lo cual difícilmente va a ocurrir dada la relevancia del tema. Sin embargo, la posibilidad de una ataque terrorista en territorio estadunidense sí puede cambiar la ecuación. Si Obama realmente quiere que su partido continúe en la Casa Blanca tendrá que hacer todo lo que esté a su alcance para evitarlo. En fin, es claro que los factores externos sí juegan en la política interna de los países, pero no siempre son decisivos. Habrá que ver si ISIS logra votar en la elección de noviembre en Estados Unidos.