¿Benefician a Trump los atentados terroristas?

El mundo vive el auge de dos venenos altamente dañinos: el terrorismo islamista y la ultraderecha xenófoba, que alcanza su manifestación más vulgar y preocupante en la figura de Donald Trump, presunto, probable candidato republicano a la presidencia norteamericana. ¿Hay una relación directa entre ambos venenos? ¿Se alimentan recíprocamente? ¿Impulsará ISIS, pues, a Trump, o contribuirá, por el contrario, a su descrédito definitivo?

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Donald Trump y el ataque terrorista

Fey Berman

Corresponsal en Nueva York.

Al día siguiente en el que un grupo de terroristas del Estado Islámico detonó bombas suicidas en Bruselas, Donald Trump, el precandidato del partido republicano, culpó a los musulmanes del atentado. Explicó que los musulmanes deliberadamente ignoran la presencia de fugitivos y de sospechosos de terrorismo en sus comunidades. Indicó que al hacerse de la vista gorda encubren con su silencio a los extremistas, volviéndose cómplices de los ataques. Además, como lo había hecho tras los atentados de París y San Bernardino, declaró que dado que la identidad de los que huyen de la guerra en Oriente Medio es desconocida, darles refugio acrecienta el peligro de nuevos atentados.

Aunque hay cierta verdad en sus afirmaciones, él las utiliza para describir a todos los millones de musulmanes como una agrupación unívoca, sincronizada y organizada con el propósito de destruir a la civilización occidental. Esta distorsión le permite al Sr. Trump dar una solución simple al terrorismo. Además, fortalece su campaña basada en incrementar el miedo al Otro y en aglutinar a todos los que no son blancos como enemigos, sirviéndole para justificar su agenda discriminativa de inmigración y seguridad nacional.

El incidente en Bruselas despierta ansiedad, reanimando el deseo de estar protegido, y por ende vigoriza el plan de construir un "hermoso muro" en la frontera con México. Y para colmo, le da al Donald la excusa para nuevamente insistir en que se debe instituir la tortura. Así, el precandidato fomenta el miedo de sus seguidores y su hambre de odio fortificando los motivos por los que deben votar por él.

No podría ser más macabro, pero el terrorismo parece beneficiar que Trump logre ser el candidato del Partido Republicano. Sin lugar a dudas, intensifica el apoyo que le dan sus seguidores.

Pero los votantes más reflexivos seguramente se dan cuenta de que la postura trumpesca de miedo y venganza es sumamente ineficaz y peligrosa. Describir a todos los musulmanes como enemigos es arriesgado. Estados Unidos necesita la cooperación de los países árabes para vencer al terrorismo.

La capacidad de aumentar la protección de los norteamericanos mediante una muralla es cuestionable. Aunque existe el riesgo, ningún sospechoso de terrorismo ni ningún terrorista han llegado a Estados Unidos cruzando la frontera por México. De lo que no hay duda es de que a los mexicanos la idea del muro nos enfurece.

La CIA y varios expertos en cuestiones militares han corroborado que la tortura es inútil en combatir el terrorismo. Además, practicarla viola los convenios internacionales firmados por los Estados Unidos e iguala la brutalidad de ISIS con la de los norteamericanos.

Que hace unos días Trump afirmara que en cuanto a política exterior se consulta principalmente a sí mismo porque tiene "muy buen cerebro y muy buen instinto", no es reconfortante. Su narcicismo extremo, aunado al temor y al odio de sus seguidores, podrían desencadenar un desastre mundial. Se lucha contra el terrorismo mediante coaliciones, no creando enemigos, torturándolos o construyendo muros entre las naciones.

Aunque el suceso en Bruselas anima a los trumpistas, también beneficia la candidatura presidencial de Hillary Clinton. Y es que, como secretaria de Estado, Clinton ha tenido experiencia en política exterior. Además, su invitación a la cautela y a mejorar la comunicación con los países aliados a Estados Unidos, le suena al electorado como sensata. Bernie Sanders defiende los mismos principios que Clinton. Sin embargo, el incidente debilita su candidatura, ya que, en contraste con Clinton, Sanders suena como neófito en temas de política exterior.

Trump y sus seguidores se equivocan. Los votantes gringos más reflexivos se dan cuenta de que, si algo pueden aprender de la experiencia europea, es que la globalización es irreversible y no facilitar la integración de los inmigrantes es catastrófico. No es coincidencia que, excluyendo a los países árabes, Bélgica y Francia ocupen los primeros lugares en cuanto al número de extranjeros per cápita que se han integrado al Estado Islámico. Y es que en estos países los inmigrantes viven marginados. En cambio, Estados Unidos ha sido un país de inmigrantes, un crisol de culturas y razas, un "melting pot". Esa ha sido su grandeza, no su debilidad.