¿Alguien entiende a los millennials?

Cada generación cumple con el ritual de denostar y ver con cierta envidia –todo al mismo tiempo– a los jóvenes de su época. En Tribuna, donde unos cuantos le ponemos bloqueador solar a la calva desde hace por lo menos diez años, intentaremos luchar contra la condición humana para hacer, en cambio, un esfuerzo de comprensión. ¿Qué distingue a la Generación Y, los famosos millennials, señalados tan a menudo como un concentrado de apatía, como la quintaesencia de la frivolidad, los monstruos de Frankenstein de la inmediatez y el desenfreno tecnológico? Al margen del prejuicio, ¿cómo se vinculan realmente los jóvenes con la tecnología, con el mercado laboral, con sus parejas, con la política?

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Saber lo que no se quiere

Antoni Gutiérrez-Rubí

Autor de La política en tiempos de WhatsApp.

Nacidos entre 1981 y 1995, los millennials son ya el 25% de la población mundial –en Latinoamérica ascienden al 30%–. En Estados Unidos la "Y" se ha convertido en la generación más grande de la historia –superando incluso a los baby boomers– y un reciente estudio del Pew Research la coloca como la primera fuerza laboral del país. Una proyección de Deloitte agrega que para 2025 representarán el 75% de la fuerza laboral mundial. Los millennials son la generación del momento, y los que, poco a poco, comienzan a ocupar puestos de poder y a tomar las grandes decisiones.

Es también la primera generación de nativos digitales. El 80% de los millennials tiene un smartphone y el 45% posee además una tablet, según Telefónica Global Millennial Survey 2014. Se escriben por WhatsApp y Facebook, se informan en Twitter, comparten fotos en Instagram y Pinterest, vídeos en YouTube y Vine y, últimamente, usan los mensajes efímeros de Snapchat. Las redes sociales no son, para ellos, un medio de comunicación, sino una parte constitutiva de su vida social.

Gran parte de los millennials comenzaron su vida laboral durante la crisis económica y son, por tanto, víctimas del desempleo y la precariedad laboral. Su bajo poder adquisitivo y su estrecha relación con la tecnología han originado nuevas formas de consumo. Son los promotores de la economía colaborativa, prefieren compartir y reutilizar antes que comprar y desechar. Si la experiencia con una empresa es positiva suelen compartirla y recomendarla y se fían más de la opinión de sus contactos que de la emitida por las marcas, con las que prefieren interactuar a través de las redes sociales. Comparan precios y compran online, tanto que el 45% es capaz de estar más de una hora por día en sitios de venta.

Si son exigentes como consumidores, más lo son como empleados. Un estudio de Deloitte observa que el 75% cree que las empresas están demasiado centradas en sus propias agendas y no prestan suficiente atención a los problemas de la sociedad. De hecho, seis de cada 10 millennials han reconocido que una de las razones por las que eligieron su trabajo actual es la misión de la empresa. Tienen muy en cuenta nuevos valores como la transparencia, la sostenibilidad y el compromiso social. Esta generación valora las oportunidades de formación y desarrollo, le da prioridad a la conciliación laboral y la flexibilidad de horarios y agradece la libertad de acceso a las redes sociales.

Son autosuficientes, autónomos y conscientes de sus capacidades. Quieren sentirse protagonistas y estar involucrados en la toma de decisiones; les cuesta seguir órdenes y organigramas verticales y rígidos. Son emprendedores –particularmente en Latinoamérica, donde el 26% considera que iniciar su propio negocio es un objetivo prioritario– y un 70% tiene en cuenta las oportunidades laborales que hay fuera de sus países. Por ello, en sus trabajos duran ocho veces menos que las generaciones anteriores.

También es una generación políticamente independiente (o indecisa). No confían en los partidos: los consideran parte del problema y no de la solución. La encuesta Millenni@als the politically unclaimed generation concluyó que los millennials, en Estados Unidos, son sumamente volátiles, tanto que dicen estar abiertos a candidaturas no tradicionales, y el 34% ya se autodefine como independiente –aunque si tienen que elegir se inclinan por los demócratas. Asimismo, si bien son muy críticos y exigentes, no participan en política... O, al menos, no a través de sus vías institucionales. Según el informe de Telefónica, más de la mitad no se sienten representados por su gobierno y tan solo el 28% admite haber participado en las últimas elecciones. Pero sí lo hacen en las calles y en las redes. Fueron los protagonistas de los movimientos que sacudieron el mundo como Occupy Wall Street y el 15M en España. Y son quienes constantemente están desarrollando plataformas y aplicaciones de vigilancia política y los responsables de que plataformas como change.org haya alcanzado los 100 millones de usuarios. Prefieren las causas a las casas políticas.

Los millennials son críticos, casi inconformistas, quieren participar y decidir, aunque todavía no están verdaderamente seguros del cómo y del para qué. En palabras de Jean Cocteau: "La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere".