¿Alguien entiende a los millennials?

Cada generación cumple con el ritual de denostar y ver con cierta envidia –todo al mismo tiempo– a los jóvenes de su época. En Tribuna, donde unos cuantos le ponemos bloqueador solar a la calva desde hace por lo menos diez años, intentaremos luchar contra la condición humana para hacer, en cambio, un esfuerzo de comprensión. ¿Qué distingue a la Generación Y, los famosos millennials, señalados tan a menudo como un concentrado de apatía, como la quintaesencia de la frivolidad, los monstruos de Frankenstein de la inmediatez y el desenfreno tecnológico? Al margen del prejuicio, ¿cómo se vinculan realmente los jóvenes con la tecnología, con el mercado laboral, con sus parejas, con la política?

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Cómplices para la novedad

Julio Martínez Ríos

Autor de ¡Arde la calle! Emo, punk, indi y otras subculturas en México.

¿Fue John Lennon la voz de su tiempo?

Hay un implante en la memoria colectiva que nos hace pensarlo. Algunos crecimos con la idea de que los 60 se trataron de él: obra y pensamiento.

Si uno se ciñe a los documentos oficiales (los videos antológicos publicados por la franquicia hace veinte años, por ejemplo) encontrará una historia de triunfo y santidad. Basta apartarse apenas del camino y revisar textos como Lennon Remembers, un compendio de entrevistas realizadas por Jann S. Wenner, editor de la revista estadounidense Rolling Stone, para enterarse del desinterés del músico por la entidad con la que el mundo le asocia durante –prácticamente– toda su carrera. Las intenciones de grandilocuencia eran inexistentes.

Aun así, cuando los medios quieren evocar la idea de los 60, es suficiente poner un segundo su rostro en la pantalla o el fragmento de alguna pieza.

Sucede igual con otros. El 25 de octubre de 1993, la revista Time puso a Eddie Vedder, delantero de Pearl Jam, en la portada. La cultura pop del mundo occidental se trataba de ellos. Hoy se les percibe de manera distinta y sus nuevas grabaciones ya no golpean a las listas de éxitos en la punta.

¿Siguen representando las angustias y apatía de la entonces llamada Generación X?

Difícilmente.

En 1991 el escritor Canadiense Douglas Coupland publicó la novela Generation X, un texto que –afirmaban los medios de la época– funcionaba como emblema para la juventud de la época. No es que millones de lectores alrededor del mundo venerasen sus páginas, ni que existiesen clubes de lectura dedicados a desmenuzar el libro y generar manifiestos a partir de sus ideas. No: de forma vertical, los medios se apropiaron de la nomenclatura y la emplearon como código breve para aludir a una identidad colectiva. A partir de aquella etiqueta se ha generado una secuencia y hoy se habla –con escasa imaginación– de las generaciones Y y Z (el propio Coupland, más avispado, se ha contestado a sí mismo con otra novela: Generation A, de 2009).

Todo esto para decir que casi siempre, cuando se pretende etiquetar a las personas, se cometen errores.

Andan ahora desatados los medios con la categoría millennials. Todo por que el supuestamente obsoleto canal MTV organizó unos premios con ese nombre (para los nostálgicos de las viejas prácticas del canal: Pearl Jam se negaba a hacer videos de sus canciones, pues no querían que existiesen de ellas interpretaciones concretas). Más de un dedo incandescente se levanta para señalar falta de identidad, apatía política, desinterés por los estudios, fascinación y apego por la tecnología, exaltación de la inmediatez y sus formas. Sí, lo mismo que denunciaron en su tiempo los organizadores de quemas de discos de los Beatles.

¿Existe en México una generación millenial?

Sí y, como en cualquier parte, se dedica a pensar y hacer cosas fascinantes a partir de las herramientas que tiene a la mano. En forma premeditada o accidental PROVOCA escándalo y envidia entre sus mayores:

NAAFI es un colectivo con conexiones globales que hace música y fiestas, con una capacidad de organización más profesional que cualquiera de sus antecesores. Son, al mismo tiempo, consecuencia de ellos.

Los festivales Antes de que nos Olviden y Nrmal representan una versión de la vanguardia de la que abrevará en unos años la corriente principal.

espolea.org es "una organización de jóvenes que trabaja en la participación significativa de nuestros pares en torno a los derechos humanos". Sus ideas sobre prevención de riesgos durante el uso de drogas podría salvar más de una vida.

Ediciones Acapulco imagina una nueva forma de independencia en la industria del libro.

plantum.mx ofrece asesorías para la creación de huertos urbanos.

Sí, los "temibles" millenials viven pegados al teléfono y eso les permite dominar Pro Tools, Final Cut, Final Draft, Wacom, Ableton.

Nadie les ha obligado a comprar docenas de canciones porque toda la música está gratis en Youtube, plataforma que sirve además como mega instructivo del universo: con sus imágenes se puede aprender a hacer animación, aprender gunpla o preparar macarrones.

Son implacables en sus posturas antagónicas al sistema político imperante porque padecen sus injusticias de manera más inmediata que los adultos.

Las generaciones no son algo tan sofisticado ni complejo: todo el tiempo nos andamos reproduciendo y muchos alumbramientos coinciden. Los millennials existen y no hay tiempo para el descanso: en media centuria serán idealizados: la época dorada de la que todo el mundo habla, sucederá apenas en la fiesta de mañana.

Sobrevivirá algún rostro, tal vez el más desinteresado. Bastarán unos segundos a cuadro para traer estos años a la memoria.

Algunos recordarán aquel mote de millennials (unos murieron, otros se fueron, y a otros el pánico escénico les impidió cumplir la promesa de su talento). Entonces, como ahora, la categoría tendrá cierto tono peyorativo. Es lo malo de las etiquetas: se desvanecen y como rastro queda el prejuicio. Lo que siempre hace falta es aquello que ya apuntó el clásico (Ratatouille, Pixar, 2007): cómplices para la novedad.