¿A río revuelto, ganancia de Morena?

Por un lado, la crisis de los tres grandes partidos entre escándalos de corrupción, cifras de  crecimiento que nunca se parecen a las prometidas, compadreos con el crimen organizado, crónicas de deserciones anunciadas e intercambio de golpes en la prensa. Por el otro, la efervescencia de movimientos cada vez más radicales, más violentos, de la CNTE a Ayotzinapa y a los “anarquistas”. En este contexto, ¿ha llegado el momento de Morena? ¿Se impondrá el movimiento obradorista a las inercias electorales de toda la vida, a las bien aceitadas maquinarias electorales de los partidos, a las tendencias autodestructivas de su líder?

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La política de la suerte

Claudio López-Guerra

Profesor de la División de Estudios Políticos, CIDE. Autor de "Democracy and Disenfrancisement: The Morality of Electoral Exclusions".

Poner algo en manos de la suerte nos permite mantener nuestras propias manos limpias. Nos distancia del resultado, lo cual puede ser rentable. Seductora ironía: recurrir al azar para controlar mejor nuestro destino. La fortuna convertida en arma racional. Echar los dados para obtener certidumbre. Tras el primer sorteo de candidaturas plurinominales en Morena, muchos se preguntan si este método aparentemente absurdo —renunciar a decidir para que la decisión sea mejor— tiene en efecto algún beneficio para este partido, o para la democracia en México. Para entrar a ciertas playas (me cuentan) es un requisito quitarse el traje de baño. Este asunto también demanda una cierta desnudez: debemos hacer a un lado lo que pensamos sobre Morena y sus dirigentes para evaluar su método de selección de candidatos por representación proporcional.

La ingeniería del azar es relativa: qué tanto queda en manos de la suerte depende de cómo se configura el universo de opciones que serán sorteadas. Si lanzo una moneda para elegir entre dos camisas, la decisión última ciertamente dependerá del duelo entre el águila y el sol. Pero, ¿cómo llegué a las dos camisas? Si fui yo quien descartó las demás, no podría decir que mi control sobre el resultado fue mínimo. Con la adopción del sorteo de candidaturas plurinominales, el mensaje de los fundadores de Morena fue claro: la dirigencia nacional no meterá las manos. Pero esto no sería muy creíble si los líderes del partido controlaran el acceso a la tómbola. Confieso que yo esperaba encontrar algo así. Descubrí, sin embargo, que el proceso tiene sólidas credenciales democráticas, al menos en el papel. Son los militantes quienes eligen por voto secreto a los 3000 correligionarios en todo el país que entran al sorteo (10 por cada uno de los 300 distritos). El proceso es entonces mixto: elección primero, insaculación después.

No sé cómo funcionó este sistema durante su primera instalación, pero en cualquier caso parece indudable que los dirigentes de Morena tienen menos control sobre las candidaturas plurinominales que los dirigentes de otros partidos. Fue una apuesta inteligente. Por una parte, el sorteo de candidaturas puede reducir los conflictos entre distintos grupos al interior del partido: el tipo de conflictos que tiene a otros partidos conectados al desfibrilador. Ante la mala suerte podemos maldecir, pero no habría un enemigo a quién declarar la guerra. Por otra parte, los resultados difícilmente podrían ser peores de lo que ya son. Acaso nunca los políticos en México habían tenido tan poco prestigio. Abrir espacios a militantes y ciudadanos no puede hacer mucho daño y los electores podrían reaccionar positivamente.

Pero nuestro sistema electoral no permitirá que los electores digan con sus votos lo que opinan de la lista de candidatos de Morena (o de cualquier otro partido). Nuestros amables legisladores, para simplificarnos la engorrosa tarea de votar, decidieron eliminar nuestra libertad de elección: al votar por un candidato de mayoría relativa, nuestro voto cuenta automáticamente para la lista plurinominal de ese partido. Un elector que vea con buenos ojos la lista plurinominal de Morena pero se resista a votar por el candidato uninominal de este partido no podrá expresar sus preferencias electorales. Estamos obligados a votar por el paquete completo: uninominales y plurinominales a la vez. Estoy convencido de que esto es inconstitucional y antidemocrático. Me pregunto qué opinan los líderes de Morena. ¿Por qué no han peleado nunca por la desvinculación de las boletas?

Hay mucho que aplaudir del experimento de Morena. Pero quedan algunas dudas. Si en verdad piensan que es un buen método para elegir candidatos, ¿por qué no amplían su alcance? ¿Por qué no sortear a los candidatos en contiendas uninominales, siempre que cumplan con un mínimo de competitividad? ¿Qué dirían los dirigentes de Morena sobre una propuesta para elegir por sorteo, de no haber una distancia muy grande entre los aspirantes que lideran las encuestas, a su candidato a la presidencia de la República? Las respuestas serían esclarecedoras.