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Martes , 14.08.2018 / 23:29 Hoy

Tres de terror
<p>El prejuicio dice, y dice bien –alguien dijo que los prejuicios son atajos–, que los periodos vacacionales invitan a la literatura policiaca, a tumbarse a dorar la papada con un tabicón de alguno de los maestros nuevos o viejos del género. También dice que debemos evitar como la peste los libros de finanzas o economía; que ya tendremos tiempo de eso a la vuelta, en la chamba, cuando la papada haya crecido a fuerza de explotar la pulserita del “all inclusive” y sea hora de pagar las tarjetas.</p><p>Pero a veces hay que neutralizar los prejuicios. Aunque no estoy de vacaciones, me descubro en el acto de leer compulsivamente en mis ratos libres Panama Papers (Planeta), de Frederik Obermaier y Bastian Obermayer, es decir, los dos reporteros que echaron a andar la descomunal investigación de la que todos supimos hace no muchos meses. Suena de terror, ¿no? Y lo es, pero en buen sentido. Los caballeros recibieron lo que en otra época hubieran sido cientos de kilos de papel: once millones de documentos con información sobre las “offshores”, esas empresas fantasma tan útiles para esconder dineros, filtradas de la firma legal panameña Mossack Fonseca. ¿Qué ofrecen en el libro los no hermanos Obermayer y Obermaier? Algo parecido a una novela de intriga que es también un thriller periodístico que es una galería del terror. Entenados de Putin, los Kirchner, narcos, traficantes de armas, misteriosos CEOs que acumulan fortunas… Esos son los protagonistas de un libro ideal para luego de sus acuaeróbics.</p><p>El otro libro de terror es el que sospecho que más de uno de mis compañeros de Tribuna va a comentar, pero ni modo.</p><p>Tampoco es de terror, y sí. Se trata de<em> “La amiga estupenda”</em>, de Elena Ferrante (Lumen), una autora que es en sí misma un misterio: nadie sabe quién es, nadie la ha podido entrevistar cara a cara y sólo unos cuantos a distancia; se supone que es italiana y que es mujer, pero hay quien dice que podría haber un hombre detrás de ese nombre femenino que escribe de mujeres. El caso es que esta novela es un éxito sin precedentes desde hace tiempo y en muchos países que ahora aterriza en México. O, propiamente, la cuarta parte de un éxito sin precedentes, porque la Ferrante con lo que se volvió un best-seller es con un cuarteto de novelas conocido como “<em>Dos amigas”</em>, la primera de las cuales es la que me ocupa. Es una historia napolitana, ambientada en el meridiano del siglo XX, entre las miserias de la posguerra, y protagonizado eso, por dos amigas de toda la vida, Lila y Lenù, una de las cuales desaparece creemos que de forma voluntaria. Pero sobre todo es una historia empapada de violencia, una violencia normalizada, cotidiana, viva en cada detalle de la vida, verbal o física, narrada con una ecuanimidad escalofriante.</p><p>La Ferrante recuerda por momentos, sí, a algunos novelistas duros del sur italiano, digamos al muy siciliano Leonardo Sciascia, y desde luego al muy napolitano Roberto Saviano de “<em>Gomorra”</em>, pero a mí al menos me resulta imposible no pensar cinematográficamente mientras la leo. No sé si es en parte por eso, por la familiaridad que tenemos todos los cinéfilos con la Italia miserable y violenta que engendró a las mafias, que nos resulta cercana una historia inusual desde muchos puntos de vista, para empezar por el hecho que es el recuento duro y poco idealista de una amistad.</p><p>Termino con una rareza que nadie dudará que es un libro de terror: <em>“Producciones Kim Jong-Il presenta”</em>, publicado por Turner y obra del escritor y productor de cine Paul Fisher. El pretexto son las aficiones por el cine del ex dictador norcoreano, que dirigió en su día el Ministerio de Propaganda, desde donde impulsó varias producciones delirantes, inauditas, pero también operaciones de secuestro de figuras del cine surcoreano. El fondo es un retrato ágil y deprimente de una misteriosa dictadura comunista que apenas a últimas fechas, poco a poco, empieza a abrir las puertas de esa caja de Pandora totalitaria que inventó Kim Il-Sung.</p><p>Ahora sí, todos al sol. </p>
DEBATEN
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El prejuicio dice, y dice bien –alguien dijo que los prejuicios son atajos–, que los periodos vacacionales invitan a la literatura policiaca, a tumbarse a dorar la papada con un tabicón de alguno de los maestros nuevos o viejos del género. También dice que debemos evitar como la peste los libros de finanzas o economía; que ya tendremos tiempo de eso a la vuelta, en la chamba, cuando la papada haya crecido a fuerza de explotar la pulserita del “all inclusive” y sea hora de pagar las tarjetas.

Pero a veces hay que neutralizar los prejuicios. Aunque no estoy de vacaciones, me descubro en el acto de leer compulsivamente en mis ratos libres Panama Papers (Planeta), de Frederik Obermaier y Bastian Obermayer, es decir, los dos reporteros que echaron a andar la descomunal investigación de la que todos supimos hace no muchos meses. Suena de terror, ¿no? Y lo es, pero en buen sentido. Los caballeros recibieron lo que en otra época hubieran sido cientos de kilos de papel: once millones de documentos con información sobre las “offshores”, esas empresas fantasma tan útiles para esconder dineros, filtradas de la firma legal panameña Mossack Fonseca. ¿Qué ofrecen en el libro los no hermanos Obermayer y Obermaier? Algo parecido a una novela de intriga que es también un thriller periodístico que es una galería del terror. Entenados de Putin, los Kirchner, narcos, traficantes de armas, misteriosos CEOs que acumulan fortunas… Esos son los protagonistas de un libro ideal para luego de sus acuaeróbics.

El otro libro de terror es el que sospecho que más de uno de mis compañeros de Tribuna va a comentar, pero ni modo.

Tampoco es de terror, y sí. Se trata de “La amiga estupenda”, de Elena Ferrante (Lumen), una autora que es en sí misma un misterio: nadie sabe quién es, nadie la ha podido entrevistar cara a cara y sólo unos cuantos a distancia; se supone que es italiana y que es mujer, pero hay quien dice que podría haber un hombre detrás de ese nombre femenino que escribe de mujeres. El caso es que esta novela es un éxito sin precedentes desde hace tiempo y en muchos países que ahora aterriza en México. O, propiamente, la cuarta parte de un éxito sin precedentes, porque la Ferrante con lo que se volvió un best-seller es con un cuarteto de novelas conocido como “Dos amigas”, la primera de las cuales es la que me ocupa. Es una historia napolitana, ambientada en el meridiano del siglo XX, entre las miserias de la posguerra, y protagonizado eso, por dos amigas de toda la vida, Lila y Lenù, una de las cuales desaparece creemos que de forma voluntaria. Pero sobre todo es una historia empapada de violencia, una violencia normalizada, cotidiana, viva en cada detalle de la vida, verbal o física, narrada con una ecuanimidad escalofriante.

La Ferrante recuerda por momentos, sí, a algunos novelistas duros del sur italiano, digamos al muy siciliano Leonardo Sciascia, y desde luego al muy napolitano Roberto Saviano de “Gomorra”, pero a mí al menos me resulta imposible no pensar cinematográficamente mientras la leo. No sé si es en parte por eso, por la familiaridad que tenemos todos los cinéfilos con la Italia miserable y violenta que engendró a las mafias, que nos resulta cercana una historia inusual desde muchos puntos de vista, para empezar por el hecho que es el recuento duro y poco idealista de una amistad.

Termino con una rareza que nadie dudará que es un libro de terror: “Producciones Kim Jong-Il presenta”, publicado por Turner y obra del escritor y productor de cine Paul Fisher. El pretexto son las aficiones por el cine del ex dictador norcoreano, que dirigió en su día el Ministerio de Propaganda, desde donde impulsó varias producciones delirantes, inauditas, pero también operaciones de secuestro de figuras del cine surcoreano. El fondo es un retrato ágil y deprimente de una misteriosa dictadura comunista que apenas a últimas fechas, poco a poco, empieza a abrir las puertas de esa caja de Pandora totalitaria que inventó Kim Il-Sung.

Ahora sí, todos al sol.

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