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Sábado , 20.10.2018 / 08:03 Hoy

Los colores cruzados
Días previos al primer debate entre los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, hubo todo tipo de especulaciones y apuestas acerca de las estrategias que seguirían uno y otro contendiente, así como sobre quién resultaría ganador.Lo que se observó la noche del lunes 26 de septiembre no sólo fueron los colores cruzados, donde Hillary Clinton vistió el rojo republicano y Donald Trump el azul demócrata, sino una estrategia cruzada. La táctica de Hillary Clinton fue mejor y ganó el debate. Se fincó en dos acciones: 1) tomar la iniciativa para atacar a Trump y 2) transmitir al pueblo estadounidense sus propuestas.Ante un Trump equilibrado y dueño de sí mismo al inicio del debate, Hillary atacó primero para sacar de sus casillas al republicano y exponerlo ante cerca de los 100 millones de televidentes. A momentos, Hillary se mostró racional y propositiva; y en otros aprovechó para ser irónica y embestir a Trump. Lo que llevó al candidato republicano a estar gran parte del debate a la defensiva y tratando de explicar sus dichos y comportamientos.Un Trump desencajado y una Hillary Clinton sonriente. Un Trump que a momentos perdió la brújula y adoptó un discurso negativo, en lugar de propositivo, y encerrándose en acusar a los demócratas y a los políticos "tradicionales", como Clinton, de todos los males de los Estados Unidos.Trump perdió la primera gran oportunidad de explicar al pueblo estadounidense sus propuestas, tomando en cuenta que muchos de ellos por primera vez miran hacia la campaña. En lugar de ello, se adhirió a los lugares comunes de su discurso y fue incapaz de proponer soluciones a las problemáticas que se abordaron. Por el contrario, Hillary Clinton tomó la oportunidad de llegar a los hogares estadounidenses y explicar de la manera más clara y sencilla sus propuestas, pero además haciendo uso de una retórica para bajar a nivel personal del pueblo norteamericano las problemáticas y sus propuestas. En ocasiones hablando de sus experiencias personales; y en otras, tipificándolas en el ciudadano común.Clinton también aprovecho para denostar a Trump y evidenciar sus contradicciones y debilidades, como una política fiscal que beneficia a los grandes empresarios en detrimento de la mayoría de los estadounidenses. Su discurso a favor de las gentes de color, cuando en la práctica Trump no rentaba sus departamentos a éstas. Su negativa a hacer pública su declaración de impuestos, cuando esto es una práctica común de los candidatos a la presidencia. El no reconocer que apoyó la guerra de Irak desde su inicio. Su aplauso a líderes como Gadafi o Hussein. Su desconocimiento de la política internacional. Su ligereza en materia de prevención nuclear. O su apoyo a los concursos de belleza y sus expresiones groseras hacia las mujeres.Ya para la mitad del debate, Trump había perdido el control y no sólo se enfrentó a Hillary Clinton, sino también al moderador, Lester Holt. El presentador de noticiaros colocó en una situación complicada a Trump al preguntarle por qué aseguraba que Clinton no tenía la pinta de presidenta. La respuesta intempestiva y repetitiva de Trump, acusando a Hillary de no tener estamina, le salió al revés. No sólo le permitió a la demócrata destacar sus cualidades de trabajo y autocontrol, sino que aprovechó para ubicar este ataque como un clásico caso de violencia de género de parte de Trump.El formato de la pantalla dividida en dos también ayudó a Clinton, pues se pudo ver cómo el rostro de su contrincante se iba descomponiendo mientras perdía el control de sí mismo; en tanto, se observaba a una Clinton tranquila, en total dominio y sonriente.También es importante hacer un breve comentario sobre el fondo del escenario. Éste contenía fragmentos de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, que favoreció más a Clinton que a Trump. Pues mientras que para el último apenas se leían algunas palabras inconexas, para Clinton se podía leer: "...los derechos del pueblo"El debate arrojó una ganadora, que se preparó para el mismo, y en sus palabras... Para ser presidenta de los Estados Unidos. Sin embargo, tendrá que ser más creíble e innovador su discurso sobre la división racial y las minorías, particularmente la latina.
DEBATEN
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Días previos al primer debate entre los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, hubo todo tipo de especulaciones y apuestas acerca de las estrategias que seguirían uno y otro contendiente, así como sobre quién resultaría ganador.

Lo que se observó la noche del lunes 26 de septiembre no sólo fueron los colores cruzados, donde Hillary Clinton vistió el rojo republicano y Donald Trump el azul demócrata, sino una estrategia cruzada. La táctica de Hillary Clinton fue mejor y ganó el debate. Se fincó en dos acciones: 1) tomar la iniciativa para atacar a Trump y 2) transmitir al pueblo estadounidense sus propuestas.

Ante un Trump equilibrado y dueño de sí mismo al inicio del debate, Hillary atacó primero para sacar de sus casillas al republicano y exponerlo ante cerca de los 100 millones de televidentes. A momentos, Hillary se mostró racional y propositiva; y en otros aprovechó para ser irónica y embestir a Trump. Lo que llevó al candidato republicano a estar gran parte del debate a la defensiva y tratando de explicar sus dichos y comportamientos.

Un Trump desencajado y una Hillary Clinton sonriente. Un Trump que a momentos perdió la brújula y adoptó un discurso negativo, en lugar de propositivo, y encerrándose en acusar a los demócratas y a los políticos "tradicionales", como Clinton, de todos los males de los Estados Unidos.

Trump perdió la primera gran oportunidad de explicar al pueblo estadounidense sus propuestas, tomando en cuenta que muchos de ellos por primera vez miran hacia la campaña. En lugar de ello, se adhirió a los lugares comunes de su discurso y fue incapaz de proponer soluciones a las problemáticas que se abordaron. Por el contrario, Hillary Clinton tomó la oportunidad de llegar a los hogares estadounidenses y explicar de la manera más clara y sencilla sus propuestas, pero además haciendo uso de una retórica para bajar a nivel personal del pueblo norteamericano las problemáticas y sus propuestas. En ocasiones hablando de sus experiencias personales; y en otras, tipificándolas en el ciudadano común.

Clinton también aprovecho para denostar a Trump y evidenciar sus contradicciones y debilidades, como una política fiscal que beneficia a los grandes empresarios en detrimento de la mayoría de los estadounidenses. Su discurso a favor de las gentes de color, cuando en la práctica Trump no rentaba sus departamentos a éstas. Su negativa a hacer pública su declaración de impuestos, cuando esto es una práctica común de los candidatos a la presidencia. El no reconocer que apoyó la guerra de Irak desde su inicio. Su aplauso a líderes como Gadafi o Hussein. Su desconocimiento de la política internacional. Su ligereza en materia de prevención nuclear. O su apoyo a los concursos de belleza y sus expresiones groseras hacia las mujeres.

Ya para la mitad del debate, Trump había perdido el control y no sólo se enfrentó a Hillary Clinton, sino también al moderador, Lester Holt. El presentador de noticiaros colocó en una situación complicada a Trump al preguntarle por qué aseguraba que Clinton no tenía la pinta de presidenta. La respuesta intempestiva y repetitiva de Trump, acusando a Hillary de no tener estamina, le salió al revés. No sólo le permitió a la demócrata destacar sus cualidades de trabajo y autocontrol, sino que aprovechó para ubicar este ataque como un clásico caso de violencia de género de parte de Trump.

El formato de la pantalla dividida en dos también ayudó a Clinton, pues se pudo ver cómo el rostro de su contrincante se iba descomponiendo mientras perdía el control de sí mismo; en tanto, se observaba a una Clinton tranquila, en total dominio y sonriente.

También es importante hacer un breve comentario sobre el fondo del escenario. Éste contenía fragmentos de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, que favoreció más a Clinton que a Trump. Pues mientras que para el último apenas se leían algunas palabras inconexas, para Clinton se podía leer: "...los derechos del pueblo"

El debate arrojó una ganadora, que se preparó para el mismo, y en sus palabras... Para ser presidenta de los Estados Unidos. Sin embargo, tendrá que ser más creíble e innovador su discurso sobre la división racial y las minorías, particularmente la latina.

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