"La moda no es democrática, pero sí más accesible"

Ana Fusoni, experta en el modelo de negocio de Zara, habla sobre la industria del vestido y la moda, la explotación laboral de las trabajadoras en países pobres y del papel de los diseñadores.

Ciudad de México

¿Qué hay detrás del made in Bangladesh, Pakistán o Marruecos de las prendas de marcas internacionales? ¿Qué condiciones permiten a cadenas como Zara o Forever 21 vender modernas camisetas a 129 pesos? ¿Por qué H&M tiene ropa nueva cada semana?

Unos días después del segundo aniversario de la peor tragedia de la industria textil, que dejó mil 134 trabajadores muertos y al menos otros dos mil con heridas graves, estas preguntas vuelven a plantearse.

La mañana del 24 de abril de 2013, un edificio de ocho pisos que albergaba cinco fábricas de ropa en Bangladesh se desplomó con miles de trabajadores, en su mayoría mujeres, maquiladoras de prendas para marcas internacionales como Benetton, Mango y Walmart.

El colapso del edificio Rana Plaza en Savar, localidad próxima a la capital de ese país, considerado "la gran máquina de coser del mundo" (después de China), desnudó a la industria de la moda y evidenció, entre otras cosas, que detrás de los vestidos y sacos vanguardistas de bajo costo que ofertan las grandes cadenas de fast fashion (aunque no solo ellas, pues también marcas de lujo han sido señaladas) están miles de trabajadores con salarios miserables y pésimas condiciones laborales en países de mano de obra barata.

Sin embargo, esta tragedia no es la única: el 11 de septiembre de 2012 un incendio en Ali Enterprises, fábrica de ropa de Karachi, Pakistán, dejó al menos 254 trabajadores muertos; el 24 de noviembre de ese año, el complejo textil Tazreen Fashion, en Bangladesh, se incendió matando a unas 124 personas, y la lista sigue.

Marcas como C&A, H&M, Mango, Primark, Zara y muchas otras han sido acusadas por organizaciones como Ropa Limpia, de fabricar sus prendas en estos países y bajo estas condiciones.

Pero, ¿qué hace tan atractivo al país surasiático y también a otras naciones como Camboya, Marruecos y Pakistán? Los bajos salarios aunados a las necesidades del mercado los convierte en verdaderos paraísos, ya que permite a las marcas ofrecer mercancía a precios imbatibles a unos clientes ávidos por consumir las últimas tendencias.

"Si la costurera en Bangladesh gana poco, hay que presionar para que gane más; no dejar de comprar"

Capacidad de respuesta rápida, prendas que atienden los últimos parámetros de la moda y bajos precios describen un sistema de negocios de moda rápida, encarnado por dos monstruos de la industria textil: Inditex y H&M. Además de las críticas por fomentar las deplorables condiciones de trabajo, estas empresas multinacionales también son acusadas por la mala calidad de sus prendas, el plagio de diseños y la competencia desleal con el mercado local.

A dos años de la caída del Rana Plaza, Dominical MILENIO habló con Ana Fusoni, la voz experta en México en el modelo de negocio que llegó a nuestro país en 1992 de la mano de la cadena española Zara, propiedad de Inditex, seguido, 10 años después, por la estadunidense Forever 21 y, en ese mismo año, por la sueca H&M

Uno de los argumentos contra cadenas de ropa como Zara es que ejercen una competencia desleal, ya que sus precios son bajos...

Pensar que estas prendas necesariamente son baratas es un error, hay de todo. Cuando llegó Forever 21 a golpearle el mercado a Zara, ésta no se bajó de precio, sino que decidió invertir en experiencia de compra y la gente los siguió.

Entonces, ¿por qué gozan de tan mala fama en este sentido?

Es que les pegó muy duro. Aquellas empresas que no supieron entender el mercado desaparecieron. Pero a pesar de eso, Julio, Ivonne, Lob, Sexy Jeans... siguen allí. Cuando llegó Zara les hizo un poco de mella, pero luego continuaron. Se sataniza a las cadenas de fast fashion, pero realmente se está consumiendo más a raíz de ellas, además de hay más gente con mayor poder adquisitivo y, entonces, todos se reparten el mercado, a lo mejor no un mercado boyante, pero ahí está.

¿Y qué hay de cierto en que la moda rápida acaba con el mercado local?

La industria mexicana se acabó con las importaciones de China, no con Zara ni con Forever 21. Con la llegada de Inditex todo el mundo entró en shock y lo agreden mucho porque es un excelente negocio.

¿Qué mérito tiene Zara?

Hace 22 años, la moda era algo de las revistas o de tiendas como El Palacio de Hierro o Liverpool, aunque esas marcas tampoco eran muy interesantes; lo que hizo Zara fue decirle al consumidor: "Ven para acá, yo te puedo vestir a la moda con 500 u 800 pesos". Por esa razón, todo el mundo debería estar agradecido y más México, en el que la moda es una anatema, porque como "somos un país pobre". Zara ayudó mucho a las otras marcas.

¿No hay buenos ni malos en esta historia?

El negocio es más complejo que eso. La verdad, yo compro muchas cosas de Zara, pero también de otras tiendas, pero de ahí a cortarse las venas, no, porque ni se hundieron los confeccionistas y los que tenían que irse, se fueron.

¿Y qué pasa con los diseñadores?, ¿cómo le hacen frente a estas multinacionales?

El problema de los diseñadores es que piensan que van a ser el próximo Galeano o Karl Lagerfeld y, además, no tienen idea de lo que es un plan de negocios, ni de cómo ser emprendedores. Quieren estar siempre en el flash, en las pasarelas, pero la realidad no es así, le tienen que chambear, porque los que están razonablemente bien, andan de bazar en bazar y taloneándole a la venta, si no, no hay negocio. No sé si pase en todo el mundo, pero el diseñador mexicano se siente pobre, pero para la disco sí tiene.

¿Goza de buena salud la industria en el país?

La industria es muy fuerte; a los empresarios no les duele nada porque venden casi tres cuartas partes de su producción a las tiendas departamentales y el resto a provincia; el problema está en los diseñadores. Gente exitosa, como Macario Jiménez o Mariana Luna, construyen su negocio desde abajo, pero todo está fincado en el desarrollo económico; solo, es muy difícil que un diseñador la haga, necesitan un socio inversionista.

¿Y qué pasa con la moda?

Yo diría que nunca ha estado mejor, todo el mundo está interesado en ella, aunque todos digan que el mundo es pobre, hay más gente con mayor capacidad de compra. Que es difícil, sí, de lo contrario todos serían diseñadores y darían cocteles con champaña.

¿En qué nivel de maduración se encuentra la industria en el país?

La industria de la confección está muy madurita, pero la industria de la moda está a la mitad. Me preguntan: "¿Cuándo vamos a ser como los franceses?". Nunca, porque ellos empezaron con María Antonieta, entonces vamos haciendo las cosas como país nuevo, como país joven.

¿Hace falta sangre nueva en México?

¿Más nueva de la que tenemos? Si salen como mil diseñadores al año. Somos un país nuevo y no podemos imitar las fórmulas antiguas. Los diseñadores tienen que entender nuestro mercado y encontrar su nicho, solo así la gente los va a buscar y les va a comprar. Ningún diseñador del mundo puede competir con Zara.

¿México está de moda?

El concepto ya está muy sobado. México está cíclicamente de moda, igual que lo está la India o Japón. Pero eso no quiere decir que todo el mundo va a andar de huipil, y ahora no estamos en el ojo de la bonanza, estamos en el ojo del huracán: el país está de moda, pero por los narcos y la violencia. Y si es por eso, entonces prefiero no estar de moda.

¿Cuál es el futuro del diseño?

Como diseñador debes entender el concepto de experiencia de compra. Nadie quiere entrar a una tienda donde la dependienta está limándose las uñas y escuchando a Los Tigres del Norte, no tengo nada en contra de ellos, pero no es lo más adecuado para una boutique de moda. Tratar de imitar a los franceses o italianos está muy difícil, pero un día vamos a voltear y vamos a decir: "Mira, ya se hizo un corredor de diseñadores".

¿Qué prefiere el mexicano, marca o diseño?

Marca, y ese es el gran problema de este mercado, todos quieren una bolsa Luis Vuitton, pero como es imposible comprarla, buscan la copia uno, dos o tres, o la de Tepito, que cuesta 360 pesos.

¿Cómo sortear el dilema ético que implica comprar a estas marcas que fomentan o solapan la explotación laboral?

La solución son las legislaciones y, amén de eso, el consumidor debe aprender a leer etiquetas y decir: "Ah, esto viene de Bangladesh, voy a protestar, y no voy a dejar de comprar, porque si lo hago hay una señora que gana 43 dólares al mes y la voy a dejar sin comer". Tenemos que apoyar los movimientos sociales de presión, como los de change.org. Esos cambios tomarán tiempo, pero poco a poco se va revertir eso, porque si tú presionas a Zara, ellos presionarán al productor. Es hacer que las cosas cambien para que la señora de Bangladesh tenga trabajo, pero que además gane 400 dólares al mes. Esa debería ser nuestra preocupación.

¿Y el comercio local?

Hay que comprar más lo local, porque tenemos comunidades indígenas muy necesitadas, pero eso no quiere decir que voy a andar enrebozada para el resto de mis días, no, voy a comprar cosas que me parezcan atractivas, y los diseñadores deben comenzar a trabajar con esos grupos.

¿Se le puede atribuir a Zara la democratización de la moda?

No me encanta esa frase, porque la moda no es democrática, por el contario, es pretenciosa, elitista y snob. Lo que sí es cierto es que ahora más gente tiene acceso a ella. No pude ser democrática, a lo mejor las playeras son una forma de democratizarla.