El año de las mujeres

Las redes sirven para evidenciar y denunciar los abusos, la falta de oportunidades y la desigualdad. Pero, hay mucho por hacer para lograr la equidad.
Mujeres alzan la voz desde #balancetonporc (balancea a tu puerco) para contar sus historias de acoso.
Mujeres alzan la voz desde #balancetonporc (balancea a tu puerco) para contar sus historias de acoso. (EFE)

Es un año explosivo en el tema de la igualdad de género, aunque el 2017 también lo fue, cerró con la revista Time nombrando “Persona del año” a las denunciantes de acoso sexual que hicieron suyo por millones el hashtag #MeToo y salieron a las calles de las ciudades más importantes del mundo para gritar por justicia.

El baño dorado de este broche fue haber sucedido en el título al presidente de Estados Unidos (EU), Donald J. Trump, quien lo ganó en 2016 y juraba lo merecía nuevamente —o al menos así lo había anunciado en un tuit donde también “declinó” el honor aún no concedido—. Un hombre que no solo ha sido acusado en varias ocasiones de la misma falta, sin obtener castigo, sino que ha alardeado de su gusto por acosar.

Pero la denuncia no refleja solo al distante mundo de las luminarias y la política estadounidense. En México, en las últimas semanas actrices también levantaron la voz, nuestras calles atestiguan cientos de acosos, miradas lascivas y frases malintencionadas disfrazadas de cumplido. Según el INEGI, 66 de cada 100 mujeres mexicanas mayores de 15 años han experimentado, al menos, un acto de violencia en su vida. Y ese solo es el principio.

En el país la violencia contra la mujer ha encontrado su peor expresión en el feminicidio tipificado, que sumó 22,482 casos entre 2009 y 2016 y cerró 2017 con 1,844 más. En este último año, la muerte de la adolescente poblana Mara Fernanda Castilla sacó a México a las calles, también por una convocatoria vía Twitter.



Como reguero de pólvora

39 mdd fue el costo que Netflix asumió para desligarse del actor Kevin Spacey de la serie House of Cards.

#MeToo no fue el primero ni el último, solo fue el acelerador que avivó un fuego conocido en redes sociales con banderas sociales como #NiUnaMenos, #MiPrimerAcoso, #WillGoOut, #ActionsMatter, #WhyWomenDontReport, o institucionales como el #NoEsdeHombres de ONU Mujeres México, o el #HeForShe, y muchos más que por años han aportado su granito de arena contra el acoso laboral y el abuso sexual en diferentes ámbitos.

Pero después del trending topic, los gritos y las arengas, ¿qué queda? En opinión de Belén Sanz, representante de ONU Mujeres en México, estos movimientos cumplen la función de “visibilizar el abuso y concientizar a los hombres de que la violencia contra las mujeres se da y no debe ser naturalizada”, explica, aunque advierte que hace falta todavía mucho trabajo para alcanzar la equidad.

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La era digital ha provisto a las personas de una nueva forma de movilización, coincide Lucía Núñez, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM: “Ya los movimientos no son locales ni regionales, los hacemos globales y los traemos al país porque nos atañen; las redes proporcionan la conexión para denunciar y hacer visibles estos problemas”.

Sin embargo, el impacto de estas campañas en la práctica no es tan importante como debería, considera Núñez. “Hacen que la mujeres debatamos entre nosotras y repercuten en los programas del Instituto Nacional de las Mujeres, por ejemplo, el problema es la segmentación que se da en las políticas públicas; más que ser diversa y con distintas voces, se unifica en un punto de vista de ser mujer y una sexualidad”.



Tapar el pozo

Estas campañas, que el año pasado saltaron de las redes sociales a las calles, acicatean el trabajo formal que durante años han hecho los gobiernos de varios países, de la mano diversas organizaciones no gubernamentales y de instituciones como la ONU y su campaña #HeForShe, con la que ONU Mujeres pretende comprometer a la mitad de la población del mundo (ellos) a reconocer que la otra mitad (ellas) tienen los mismos derechos y capacidades.

México respondió a esta iniciativa y tiene hoy 120,000 afiliados individuales a ella. “Es gente que se ha comprometido personalmente a generar el cambio en su entorno, desde su trinchera”, cuenta Sanz, y apunta que el país ostenta el cuarto sitio a nivel mundial con mayor actividad en este sentido, precedido por Ruanda, Camerún y EU.

Más allá de la campaña de ONU Mujeres, México “tiene políticas y leyes muy avanzadas para erradicar la violencia de género y defender los derechos de las mujeres”, comenta la representante de ONU Mujeres.

Incluso, agrega la representante, el Plan Nacional de Desarrollo del país tiene un enfoque de género transversal muy importante y existen presupuestos etiquetados en este enfoque en todas las secretarías de estado. Pero eso solo es el principio: “Falta realizar los planes, ejecutarlos, llevarlos a la práctica como se planearon en papel, y en ONU apoyamos para que las leyes se transformen en políticas y acciones”.

El camino es largo y lleno de rocas. Las políticas públicas deben garantizar una respuesta integral de la sociedad, en particular al de la violencia de género que en México alcanza niveles de terror con los feminicidios.

Otro gran escollo es el enfoque, pues cuando actúa, el gobierno lo hace casi siempre en materia penal, dice Lucía Núñez, del CIEG, y añade que se necesitan muchas más políticas de prevención.

Lo cierto es que la magnitud del problema requiere de la participación de todas las instancias para combatirlo. “De inicio, la responsabilidad de garantizar los derechos de las personas la tiene el Estado, pero la sociedad tiene la propia de condenar estas situaciones para no normalizarlas, y los que tienen el liderazgo deben ser coherentes con los derechos humanos en general y los de las mujeres en particular” apunta Sanz, de ONU Mujeres.

Para Núñez, las campañas como #MeToo que surgen de la sociedad civil abren la puerta al debate que, en el largo plazo, generará el cambio cultural que se necesita.


Abuso porque puedo

Aunque gravísimos, el acoso y el abuso sexual son apenas una arista de un problema más profundo, la inequidad de género, “que surge porque a nivel social se nos considera inferiores aunque no lo seamos; la violencia aplicada es por la construcción de género, no es una cuestión inherente a la naturaleza ni algo biológicamente determinado”, afirma Lucía Núñez, del CIEG.

La desigualdad de género está presente en todos los ámbitos de la vida y se manifiesta desde lo más sutil hasta el feminicidio. Toda inequidad y abuso se basa en un solo concepto: el poder.

“La desigualdad existe porque hay un tema de poder y existe esta asimetría en las relaciones en todos los ámbitos”, dice Luz María de la Mora, directora de Vital Voices México, una organización que promueve el liderazgo y empoderamiento de la mujer.

Así como el abuso sexual y el acoso son temas urgentes, la equidad laboral y empresarial son metas en aras de lograr una sociedad igualitaria y justa. Para que las mujeres compitan en condiciones de igualdad por ocupar puestos de decisión y consejerías dentro de las empresas, es necesario el apoyo de los hombres que están hoy allí.

A inicios de febrero, la ONG LeanIn lanzó la campaña @MentorHer para impulsar mentorías empresariales para impulsar la carrera de mujeres dentro de las organizaciones. Las respuestas fueron diversas, pero hubo un importante número de hombres que se dijeron “ofendidos” con la petición de apoyo; incluso se hizo una encuesta que arrojó que luego del #MeToo el doble de gerentes masculinos se sentían incómodos al trabajar con una mujer por miedo a ser acusados de acoso.

Esta reacción es una nueva expresión de abuso. En opinión de Luz María de la Mora, “Es irreal, son argumentos vacíos y falsos. Se pide el apoyo de los hombres como mentores porque son ellos los que están allí, en posición de enseñar. No hay tantas mujeres que pudieran hacerlo”, dice De la Mora.


Por buen camino, pero…

Si hablamos de desigualdad laboral, el trabajo en México ha sido constante en lo que va del milenio, pero igual que en el tema particular de la violencia contra las mujeres, “va lento. Todavía hay una brecha salarial de más de 16% y solo 5.2% de los puestos en consejos empresariales los ocupan las mujeres”, comparte Belén Sanz, de ONU Mujeres.

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En el tema laboral también se requiere un abordaje integral y desde todas las trincheras involucradas. Educar a las niñas desde el “puedes hacer lo que quieras”, impulsarlas a estudiar cualquier tipo de carrera y en especial las que no son consideradas tradicionalmente para mujeres, como las ingenierías, es un buen punto de partida.

Asimismo, impulsar que la sociedad revalore el trabajo doméstico como lo que es: el pilar de la familia y, por ende, de la sociedad. “En el México de 2015 el trabajo en casa tenía un valor económico de 24% del PIB”, comenta Sanz, y agrega que “las mujeres están preparadas, pero no acceden al mercado laboral y cuando sí, lo hacen con más precariedad que los hombres, por eso es necesario que haya programas de acompañamiento específico”.

En este punto, dice Belén Sanz, “se requiere que las empresas, el sector privado, tengan políticas reales de inclusión de mujeres en la organización, desde reclutamiento de recursos humanos hasta capacitación para equiparar conocimientos y abrir los accesos a puestos de decisión. También son necesarios los programas de equilibrio de vida, para hombres y mujeres, de manera que nadie deba renunciar a un trabajo, si no quiere, por la necesidad de cuidar a la familia”.

Los hashtags de solidaridad y los gritos en la calle cumplen su función de evidenciar y sensibilizar; los programas de gobierno avanzan lentamente en su trabajo y requieren ser diseñados por gente con los oídos y ojos abiertos a la realidad, pero la base del cambio está en nuestra casa. Solo ahí, coinciden las expertas, puede generarse una nueva cultura de respeto y equidad.


Potencial desaprovechado

5.2% de los puestos en consejos empresariales los ocupan mujeres.

En México hay un millón de mujeres listas para insertarse en el campo laboral; 75% de ellas tiene licenciatura. Pero no todas lograrán adentrarse en el mundo del trabajo remunerado y si lo hacen deberán saltar barreras culturales y sociales.

La cifra y la afirmación son de Sergio Weisser, socio gerente de McKinsey, consultora global especializada en administración estratégica. Esta firma lleva 12 años realizando distintos estudios alrededor del ambiente productivo y las mujeres. Durante su entrevista en el programa Milenio Negocios en Milenio Televisión, Weisser aportó otros datos:

  • De 95 países que analiza, encontraron problemas de desigualdad hacia las mujeres en 40.
  • 240,000 mujeres reportan haber sufrido algún tipo de acoso.
  • Alrededor de 45% de las mujeres que trabajan deben llevar, además, el peso completo de la administración de la casa. La reconocida doble jornada.

Alrededor de 51% de la población en México son mujeres. Pero solo 39% están incorporadas en la Población Económicamente Activa (PEA), de acuerdo con datos del Instituo Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

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El Índice de Equidad de McKinsey retrata una realidad congruente con la estadística oficial. Su medición es sencilla: una calificación de “0” representa nada de igualdad. La calificación de “1” es de igualdad plena. En esa evaluación, México tiene 0.62, mientras que EU tiene 0.72 y América Latina, en conjunto, obtiene 0.64.

“Aún frente a la región latinoamericana, México está por debajo del promedio. Sin embargo, si preguntas a los ejecutivos de las empresas te dicen que la equidad es un tema importante. Hay una discrepancia entre lo que se hace y lo que se dice”, detalló el directivo.

Pero sí hay alternativas para superarlo. McKinsey propone al menos dos: sponsoring y mentoring. En palabras de Weisser, este patrocinio o tutoría a una mujer consisten en acompañamiento y apadrinamiento de otros líderes, hombres o mujeres dentro de la empresa, que incluso comprometen su tiempo y fincan sus metas en el desarrollo del liderazgo de una mujer de la empresa.

Los estudios de la consultora han encontrado que entre las empresas que siguen este tipo de desarrollo, el tiempo de permanencia de las mujeres en la empresa incrementa, así como el número de promociones.

Incluso “aumenta el número de mujeres que quieren regresar a la empresa después de su embarazo”, dijo Weisser.

Esa es una vía de desarrollo que vale la pena probar si se quiere construir empresas incluyentes. Si bien “sabemos que esto (la equidad) no va a suceder de un año a otro, si se opta por hacerlo, por mover la aguja, podemos esperar resultados en un periodo de cinco a seis años”, añadió.

McKinsey lanzará en el último trimestre de 2018 su encuesta “Women Matter”, realizada específicamente para México. Ese estudio ya fue hecho en Canadá y en EU. Los resultados serán importantes puntos de referencia para ver cómo seguir avanzando en lo laboral, y quizá, hasta en la inequidad general en el ámbito personal, familiar, y por supuesto, en la prevención de los abusos que a todos, como sociedad, nos afectan.