Châteauneuf-du-Pape: El vino de los Papas cumple 80 años

El Valle francés del Ródano es una región vitivinícola privilegiada que ofrece de las mejores uvas del mundo; con ellas se elabora esta denominación de origen exclusiva para el Pontificado

Cuando se habla de vinos franceses los de las zonas de Burdeos y Borgoña son los primeros en ser mencionados. Algo normal, ya que más de la mitad de los vinos en Francia son producidos en esas regiones; sin embargo, hay otras regiones cuya importancia vitivinícola no es menor y cuya historia es incluso más antigua. El Valle del Ródano (Valléé de Rhône) es una de ellas, y una de sus denominaciones de origen, el Châteauneuf-du-Pape, es el vino octogenario exclusivo de los papas.

HERENCIA PAPAL

Los 70 años que duró el papado en Aviñón (1309-1379) dejaron, además de un consecuente desarrollo económico en la zona, una importante herencia vitivinícola que hasta la fecha perdura. Fue Juan XXII, un Papa francés aficionado a los vinos del Ródano, quien promovió la producción de vino en un poblado que en esa época se llamaba Châteauneuf-Calcernier. En ese idílico poblado entre Aviñón y Orange, Juan XXII solía pasar los veranos por lo que mandó construir una fortaleza para alojarse —la fortaleza aún existe y hoy es símbolo del pueblo.

Ya en los tiempos del papado la mitad de aquellas tierras eran viñedos. El Palacio de los Papas siempre fue el mejor cliente de los vitivinicultores regionales; por ello, el néctar producido en Châteauneuf era designado como el Vino del Papa, y los encargos anuales rondaban los tres mil litros. Pese al regreso del papado a Roma, la vitivinicultura se mantuvo y terminó por darle una identidad a la localidad: en 1893 se decidió rebautizarla como Châteauneuf-du-Pape, resumiendo con ello su pasado y su espíritu. Sin embargo, para el vino elaborado ahí la historia siguió otro camino. Los años sesenta del siglo XIX fueron nefastos en términos agrícolas. La plaga filoxera llegó de América y destruyó los viñedos franceses. Nuevas viñas —injertadas— sustituyeron a las caídas y esto marcó el inicio de una legitimación del caldo de la vid, una iniciativa cuyo propósito era dar renombre y visibilidad al vino local.

Se puede decir que los vinicultores de Châteauneuf siempre fueron visionarios. Por ejemplo, a finales del siglo XVIII fueron ellos quienes introdujeron la botella, un envase que con el tiempo fue sustituyendo al barril hasta convertirse en la norma para comercializar vino. No menos importante fue su influencia para crear el actual sistema de Denominación de Origen Controlada (AOC en francés), que antaño solo amparaba aspectos geográficos (Denominación de Origen) y que consideraban insuficiente. Una reglamentación más estricta para la producción de su vino fue lo que consumó la obtención en 1936 de la Denominación de Origen Controlada para el Châteauneuf-du-Pape, que fue, por cierto, el primer vino en obtenerla.

Como ya se ha dicho, no se trata ni de un Burdeos ni de un Borgoña, sino de un vino del Valle del Rhône. Los vinos de esta zona se caracterizan por ser los más fuertes producidos en Francia (hasta 14.5 por ciento de concentración alcohólica). La AOC en cuestión determina, entre otras cosas, que un Châteauneuf-du-Pape debe contener como mínimo un 12.5 por ciento y ser producido en una de las siguientes comunidades: Châteauneuf-du-Pape, Orange, Bédarrides, Sorgues y Courthézon. Además, estipula que la vendimia debe ser manual y selectiva; las uvas no maduras o dañadas son desechadas. Se trata de un vino exclusivo, pues la AOC ampara solo tres mil 200 hectáreas y solo se pueden producir 35 hectolitros por hectárea, uno de los rendimientos más bajos en el país. Casi la totalidad del vino producido es tinto (94 por ciento) y solo 6 por ciento es blanco.

EL CEPAJE

Hay varias cuestiones que definen a un vino, pero tal vez la más importante sea su cepaje, es decir, el tipo de uva del que está hecho. La denominación Châteauneuf-du-Pape acepta hasta 13 tipos diferentes de uva, a saber: Grenache, Syrah, Mourvèdre, Cinsault, Picpoul, Terret noir, Muscardin, Counoise y Vacarèsse para tintos; Clairette, Roussanne, Picardan y Bourboulenc para elaborar blancos. Pese a la variedad, en la práctica las cosas se simplifican; por lo regular estos vinos se hacen con un porcentaje dominante de Grenache combinado con Syrah, Mourvèdre y Cinsault (una notable excepción es el reputado vino del Château Rayas que es un monocepaje de viñas viejas Grenache.) La uva Grenache es en realidad la responsable de buena parte de las propiedades del néctar, pues aporta el carácter azucarado, las notas frutales y la capacidad de envejecimiento. La Syrah y la Mourvèdre confieren el color profundo y los taninos que desarrollan con los años.

Uno de los principales contratiempos en la viticultura es la lluvia, que es temida como cualquier otra plaga, pues la humedad propicia las enfermedades de la vid. Pese a encontrarse en las riberas del Ródano, Châteauneuf tiene el clima más seco del valle, aspecto benéfico para las 13 variedades cultivadas. El viento Mistral absorbe la humedad y aleja la lluvia, originando la aridez del terreno. Algunos de los viñedos tienen la particularidad de crecer entre piedras de río; éstas, por la noche, liberan el calor concentrado durante las horas de sol, fenómeno que deriva en una uva de gran calidad. Además, durante el verano se suelen amputar racimos para que cada viña no tenga más de 15 y evitar así la competencia por nutrientes. Como se puede imaginar, los viñedos para el Châteauneuf son fácilmente identificables debido a las pocas plantas sembradas y a sus suelos arcillosos o cubiertos de guijarros.

Ahora bien, la reputación de un vino se construye a partir de su calidad; sin embargo, existen otros aspectos que también contribuyen a su fama. Uno de ellos es su rareza, cuestión intrínsecamente ligada a la superficie del viñedo. Los tintos de Borgoña son el ejemplo típico de esta rareza, como los vinos de la Romanée Conti que provienen de un viñedo de 1.7 hectáreas (algo así como dos canchas de futbol) y que llegan a costar varios miles de euros. Sin llegar a esos extremos, los Châteauneuf-du-Pape son vinos exclusivos, con 70 por ciento de su producción exportada y solo 30 por ciento dirigida al mercado doméstico.

IN VINO VERITAS

Acaso el rasgo distintivo de esta denominación sea la botella. Utilizada desde 1937, la Mitral, con la tiara papal acompañada por las llaves de San Pedro, se ha vuelto emblemática. Por cierto, un Châteauneuf no es el vino más fácil de transportar, pues su botella está hecha con vidrio de alta densidad. Como pocos crudos, el Châteauneuf tiene cuatro presentaciones además de la estándar de 750 ml: la media botella (375 ml), la mágnum (1.5 l) y la jéroboam (3 l). Al respecto, cabe hacer notar que si un vino se comercializa en mágnum o un formato superior (existe la Sublime, de hasta 150 l), es señal de buena calidad. Y es que entre mayor volumen tenga el envase, mejor será la aireación del vino, mayor la posibilidad de un desarrollo correcto y su conservación será óptima debido a que las botellas grandes son térmicamente más inertes.

La característica enológica que distingue a estos vinos es su complejidad. De color rubí profundo con reflejos violeta, son vinos de gran potencia, equilibrados, con una amplia riqueza aromática en la que predominan los aromas frutales y las especias. Las botellas de un gran año como 1998 o 2011 pueden preservarse por más de 20. El mero hecho de producir este vino dará notoriedad a un viñedo; no obstante, hay algunos cuyos néctares son reputados: Château La Nerthe, Château de la Gardine, el Clos des Papes, el Vieux Télégraphe y el Château de Beaucastel.

Los grandes vinos como éste son productos de nobleza probada. Su aura de carácter religioso, su historia y calidad, lo han colocado entre los crudos más apreciados del mundo. Y si bien la reputación es un motivo de compra, siempre será el aspecto subjetivo del gusto personal el que determinará la aceptación de un vino. En realidad la noción de “el mejor vino” es un aspecto difícil de determinar, pues un buen vino para una persona puede ser apenas pasable para otra. Por supuesto, hay estándares, vinos que encontrarán aceptación entre la mayoría; el Châteauneuf-du-Pape, a sus 80 años, sigue conquistando adeptos.