La moda masculina deja volar su imaginación

La Semana de la Moda de París viajó virtualmente a Sudamérica, de la mano de Vuitton, reinventó la naturaleza de Islandia, con Issey Miyake, y se sumergió en un lúgubre surrealismo con Yamamoto.

París

Kim Jones, responsable de la línea masculina de Louis Vuitton desde 2011, se inspiró en la cartografía y las imágenes aéreas de la NASA de América del Sur para su colección de otoño-invierno.

Los tonos tierra del desierto de Atacama tiñeron las prendas de la colección, a la vez que dibujaron el decorado del desfile que se celebró en el invernadero acristalado del parque André Citroën, en presencia del actor estadounidense Will Smith.

La casa del grupo LVMH, en pleno periodo de transición en su dirección creativa tras la reciente salida de Marc Jacobs, se interesó por las técnicas y materias propias de esta región del mundo, por lo que incorporó vicuña, alpaca y chinchilla a sus diseños.

Las líneas de Nazca se tejieron sobre un jersey, mientras que las bufandas de rayas de inspiración peruana acompañaron varias siluetas, en un desfile que explotó la imagen del aventurero, con pantalones y botas de montañero.

Louis Vuitton ha recuperado el estampado de tablero de ajedrez, que el fundador imaginó junto a su hijo Georges en 1888, para confeccionar una cartera y bolsas de viaje en azul cobalto.

El magma, el hielo y la luz de la aurora boreal envolvieron la colección para el próximo otoño-invierno de Issey Miyake Men, en la que convivieron sus famosos tejidos plisados con mallas largas de ciclista.

"La inspiración de la colección fue la naturaleza salvaje de Islandia", explicó a Efe el diseñador Yusuke Takahashi, tras su segundo desfile a cargo de la línea masculina de la casa japonesa.

Este ambiente "salvaje, inocente y misterioso" atravesó su aguja para convertirse en texturas rugosas, como el efecto arrugado, y resplandecientes metalizados de lluvia.

La firma pisó la pasarela con unos modelos que combinaron un poncho de lana de formas cuadradas con unos "leggings" estampados y con unas siluetas que superpusieron pantalones cortos a mallas que quedaron cubiertas parcialmente por los calcetines.

Como suele ser habitual en Issey Miyake, los colores llevaron la voz cantante. En esta ocasión, sobresalieron los filamentos en comedidos flúor y las cálidas tonalidades de la tierra incandescente.

El también japonés Yohji Yamamoto perturbó al público asistente con una colección surrealista que deambuló por los bajos fondos de la calle y del inconsciente, con figuras llenas de motivos que se convirtieron en siniestros.

Las cuerdas, íntegras, aparecieron en el desfile sobre algunas prendas de abrigo, antes de dar paso a conjuntos con partes del cuerpo humano impresas, como ojos o manos, e incluso salpicaduras que bien podrían emular la sangre.

El desfile había empezado al son de una incómoda percusión con abrigos largos de flores y pantalones quimono, que fueron haciéndose cada vez más anchos a medida que avanzaba el espectáculo.

Las intempestivas cremalleras desfiguraron varios modelos de la colorida colección para el próximo otoño-invierno, en la que destacaron los trajes de lana y las cazadoras de cuero con dibujos estampados.

Las impresiones de rosas, calaveras, serpientes, hojas y cadenas reforzaron el aspecto lúgubre de esta colección.

El belga Dries Van Noten presentó su colección en el sótano circular del Grand Palais, conocido como el tiovivo. Allí defendió las bermudas anchas de tiro bajo para la temporada de frío, los estampados degradados, los pantalones de "patchwork" y la "bomber" de terciopelo.

Los modelos se fueron presentando por bloques de color -rosa, azul, amarillo y verde-, que declinaron pieles, y cuellos altos con fruncidos en el borde superior, a modo de mínima golilla.