Celestún o la casa de las aves

Este lugar resguarda los más bellos atardeceres y las noches más serenas, con una gastronomía de ecos marinos y el gran espectáculo que la naturaleza brinda.

Entonces, amanece. El despertar ocurre simple: los sonidos del oleaje se confunden con el gaznar de las aves (son cerca de 260 especies, que habitan dentro de la región), produciendo un mantra sonoro; una canción para los buenos días de la naturaleza.

El cuerpo se muestra pesado para levantarse. Es el resultado del estrés citadino que uno carga sin darse cuenta, pero aquí todo se purifica. Estoy en Xixim, un hotel boutique ecológico, enclavado en el corazón de la selva maya.

Me niego a pararme; la cama me atrapa. Únicamente el olor a pan artesanal y café recién hecho (que han dejado en la terraza de mi bungalow), hace que me levante. Con toda calma degusto este detalle, de los anfitriones, mientras observo, a unos cuantos metros, el mar del Golfo de México. El azul turquesa y el tono marino se mezclan a lo largo de las aguas y yo decido tomarlo con mucha calma. Me acuesto entonces, en la hamaca y mi mirada se perpetua ante el inmenso mar.


Biósfera de la Reserva

Con todo ánimo me dirijo al restaurante del hotel (comida fusión) para renergetizar el cuerpo con un poderoso desayuno típico mexicano: deliciosos huevos motuleños con café y pan dulce.

Energetizado y dispuesto a conocer, me dirijo en una pequeña panga (junto con otros viajeros), a conocer  los alrededores de la Biósfera de la Reserva.

Celestún se encuentra unida a tierra firme por medio de un puente, punto del cual parten expediciones turísticas que recorren la Ría Celestún (tiene hasta 840 metros de ancho y un kilómetro de profundidad), internacionalmente conocido por ser el lugar de refugio invernal de centanares de aves. Su ecosistema es único debido a la combinación del agua dulce proveniente de la Ría Celestún y el agua salada del Golfo de México.

EL TIP
Tomar Vitamina B una semana antes de viajar es la única precaución contra los mosquitos sedientos de sangre que vuelan por las tardes en esta zona pues los repelentes no sirven ante estos vampiros yucatecos.


Un par de kilómetros adelante hay un mirador que, durante los meses de noviembre a marzo, es muy visitado por los amantes de los flamingos ya que en esa enorme extensión de agua baja se concentran miles de estas aves migratorias. Los flamingos de esta región se caracterizan por su un color rosado intenso, debido a la concentración de caroteno en el agua, que se encarga de dar la pigmentación de su plumaje. Aproximadamente su tiempo de vida es de 30 a 35 años en su hábitat natural.

Continuando la excursión encontramos una especie de túnel de manglares, por donde avanzamos entre enormes raíces, y es posible ver cómo algunos peces y aves se esconden. En este punto el color del agua cambia radicalmente conforme se hace profunda entre troncos y hojarasca.

Adelante yace un ojo de agua muy bien delimitado por un camino a base de puentes de madera, que está por encima de un área de manglar. Parece un lugar de película porque enormes árboles lo flanquean; de él brota agua cristalina, que se hace cobriza una vez que la lancha se acerca a los árboles. Es un lugar que si bien no es silencioso por los animales, sí es muy tranquilo y digno de visitarse con tiempo de sobra.

Si los visitantes deciden continuar la expedición, pueden seguir hacia otros atractivos turísticos situados en los alrededores donde hay pantanos y ojos de agua, donde es posible nadar. 


Lejos de todo

Sin teléfono, ni redes sociales, ni nada, se experimenta una sensación de desconexión total ideal en el Hotel Xixim. Si se trata de hacer yoga, renergetizarse con jugoterapia, alimentarse suculentamente y descansar sin reparo, claro con apapacho maya, este es el lugar.