Un viaje por Zacapoaxtla y Cuetzalan

El pueblo que derrotó al ejército francés en la histórica batalla del Cinco de Mayo, es un buen punto de partida para explorar la Sierra Norte de Puebla.

Puebla

Despacio se llega a Cuetzalan, Puebla. No solo por las caprichosas y estrechas curvas de la carretera que bordea la Sierra Norte de Puebla, los montículos de tierra que con frecuencia se desgajan de los cerros, los baches de esta zona lluviosa y la neblina que dificulta la visibilidad del conductor.

También porque vale la pena hacer varias escalas en el camino entre Zacapoaxtla y Cuetzalan para admirar los parajes de la Sierra Norte de Puebla y degustar los platillos locales.

La primera parada obligatoria es el mercado de Zacapoaxtla donde decenas de puestos venden los famosos tayoyos, un equivalente de los tlacoyos chilangos, pero en este caso van rellenos de alberjón (una especie de haba) y hoja de aguacate para crear un sabor inolvidable. Un café de olla endulzado con piloncillo debe acompañar este platillo para despertar todos los sentidos del viajero.

Con la panza llena, el corazón puede contentarse con recorrer la iglesia y caminar las calles que conservan techos de teja con aleros para proteger de las constantes lluvias.

Zacapoaxtla significa "Lugar donde se cuenta el zacate".

La ciudad conserva el mismo aspecto que encontraron los soldados franceses en aquella batalla contra el general Ignacio Zaragoza aquel Cinco de Mayo de 1862. La gloria de los valientes indios zacapoaxtlas está narrada en uno de los murales del palacio municipal.

Pocos metros después, hay que parar en la cañada La Gloria y la cascada La Olla que se surten del río Apulco y que mantienen una exuberante vegetación gracias al clima de bosque lluvioso de la zona. Si el viajero quiere tomar otra pausa, puede hacerlo en el restaurante Aca-Apulco, en la ranchería Apulco, cuya especialidad son los mariscos.

Subiendo, llegamos al triste pueblo de Huahuaxtla, cuya iglesia principal conserva un cementerio en el atrio y un mástil de cinco metros para el espectáculo de los famosos voladores. No valdría la pena visitar este pueblo si no fuera por el santuario de Guadalupe, en la punta de un cerro que sirve como mirador central de la serranía poblana.

Un poco más adelante llegamos a Xochitlán, que fue la cuna de Vicente Suárez. En el mercado, el pulque se pide para llevar y rellenar una botella de resfresco cuesta sólo 10 pesos. Pero si el viajero prefiere probar la bebida local entonces tendrá que pedir un trago de yolixpa, un licor de fuerte sabor hecho con más de 20 hierbas locales. Arriba del mercado está la iglesia desde donde se puede dominar el valle montañoso.

Bajando hacia el este también es posible descubrir la Gruta Santa Elena, un viejo acueducto-hidroeléctrica, cuyos muros han resistido el paso del tiempo pero han quedado indefensos ante el musgo, los hongos, las orquídeas y las raíces que se adhieren a ellos. Con suerte, al salir de la Gruta estará abierta una pequeña tienda donde venden una paleta de cacahuate en 3 pesos.

Después de Xochitlán sigue el camino a Cuetzalan pero en lugar de llegar directo al centro del pueblo, conviene desviarse a las ruinas de Yohualichan, cuya arquitectura de nichos recuerda al periodo totoanaca del Tajín, en Veracruz. Estas ruinas están rodeadas por un jardín botánico que muestra todos los cultivos de la zona: la vainilla y la canela, el café, el maracuyá, las habas. La tierra fértil, el clima lluvioso, la humedad de la zona y el calor de las mañanas permiten cultivar casi de todo en esta selva.


Finalmente llegamos a Cuetzalan, escondida entre calles empedradas que tuercen a capricho y calles que suben y bajan por orden de los cerros en los que está enclavado este pueblo cafetalero.

Para llegar a la plaza principal es necesario esquivar los puestos del tianguis donde se vende todo tipo de productos locales, frutas y verduras, así como artesanías y souvenirs. Para tener una buena vista de la plaza principal, hay que comer en el restaurante Yoloxochitl, donde el visitante debe ser paciente en el tiempo que transcurre entre el momento en el que el mesero toma la orden y cuando finalmente llega el plato a la mesa.

Aquí, destaca todo tipo de platillos con setas locales preparados en escabeche o sopa pero si el comensal quiere probar de todo, la mejor opción es el platillo cuetzalteca, el cual incluye todos los antojitos regionales. La comida será amenizada por un duo de guitarra y violín que toca tradicionales sones de la sierra.

Antes de que la niebla cubra Cuetzalan, es necesario reunirse en la plaza principal para ver el espectáculo de los voladores que descienden lentamente de las alturas al ritmo de la flauta.

Después de las 17:00 horas llega el frío con la lluvia o la neblina. Es hora de tomar unos sorbos de café y algún pastelito en alguna de las tantas cafeterías que hay en Cuetzalan.