El último taller que repara Olivetti’s en León

José Natividad Rivera es un reparador de máquinas de escribir desde hace 20 años; asegura que con la aparición de los Smartphones ha decaído el negocio.
José Natividad Rivera es uno de los últimos reparadores de máquinas de escribir en León.
José Natividad Rivera es uno de los últimos reparadores de máquinas de escribir en León. (Mauricio Contreras)

León, GTO.

Para escribir un documento de oficina, una carta póstuma o de amor, solo se tiene que usar una computadora o un teléfono celular que sea smartphone, redactar el documento, imprimirlo vía bluetooth o mandarlo por correo electrónico y listo. Esta forma de comunicarnos es normal hoy en día.

Pero hace más de 30 años todo era diferente, al no ser tan populares las computadoras. Había una herramienta que era la reina y señora de escuelas, oficinas, periódicos y hasta hogares, se trata de la máquina de escribir mecánica.

No había oficina de gobierno, periódico, empresa, hospital o cárcel que pudiera funcionar sin ellas. Eran imprescindibles en la vida laboral del siglo pasado.

Al llegar la era digital, las máquinas de escribir mecánicas escribieron su sentencia de muerte.

De los 40 locales de reparación de máquinas de escribir que había en la ciudad, solo queda un taller. El cual día a día va perdiendo la batalla frente a la era digital y el internet.

Al pasar por la calle Melchor Ocampo 515 de la colonia Obregón, se puede observar un pequeño taller de reparación de máquinas de escribir y calculadoras electrónicas. Al acercarse, se percibe el olor a aceite y los químicos para limpiar las piezas mecánicas.

Varias máquinas lucen apiladas en las estanterías, aún con etiquetas que dicen que ya están reparadas y esperan llenas de polvo a sus dueños, que quizás nunca regresarán por ellas.

Entre herramientas, brochas con aceite y refacciones, también hay montones de cadáveres de enormes calculadoras electrónicas, que solo pueden sumar el paso de los años, ya que su tamaño y funciones las hacen obsoletas contra la calculadora de un teléfono celular o un reloj de pulsera.

José Natividad Rivera, de 57 años de edad, atiende este taller de reparación de máquinas de escribir desde hace 20 años. “El negocio va decayendo constantemente día a día. Hace 30 ó 40 años fue la mejor época de las máquinas de escribir, se usaban en todos lados, las escuelas, oficinas de gobierno, periódicos. Fueron buenos años”, recuerda con un suspiro el señor José Natividad.

Hace 8 ó 9 años que ya no se fabrican máquinas de escribir, las mejores máquinas eran las marcas Olivetti, Remington y Olimpia. Hoy ya no existen ni refacciones. “Ya a mis años no puedo dedicarme a otro oficio, ya que dediqué mi vida entera la reparación de máquinas de escribir”, comentó el técnico Natividad Rivera.

“Por ejemplo, en el año de 1982 una máquina de escribir costaba 1,500 a 2,000 pesos; ahora una máquina la estoy vendiendo desde unos 150 pesos, pero no sería nueva sería una máquina de segunda mano, porque ya no se fabrican” recuerda el reparador.

Entre su día a día, el reparador destaca a los jóvenes y niños que pasan por su taller, preguntándole a sus papás “¿qué son esas cosas?”.

Los papás al responder que son máquinas de escribir, desconciertan a los niños. “Ya no les atraen estas máquinas de escribir, prefieren lo electrónico”, platica Natividad

Su oficio es la reparación de máquinas de escribir y calculadoras electrónicas, pero al empezar a hacerse obsoletos, el técnico ha aprendido a reparar otro tipo de aparatos, lo que le ha permitido mantener vigente su negocio.

 “Mi primer trabajo fue a una edad muy temprana, recuerdo que vivía en la ciudad de Guadalajara y era aprendiz en un taller llamado Armida de México.

Casi cuando salí de la primaria comencé a trabajar en esto, después me inscribí en cursos para profesionalizarme, después, ya acá en la ciudad de León trabajé en un taller que tenía mi papá en la avenida Miguel Alemán”, comenta Don Natividad.  

Después de sus años de trabajo, el reparador piensa que ya debía haber cerrado su taller, pero el hecho de que perteneció a un familiar, lo hace no darse por vencido en su labor.

“Mi consejo sería que los niños se enseñaran primero a dominar la escritura en una máquina de escribir mecánica, y que después usaran la computadora, para que se enseñaran bien”, finalizó José Natividad, uno de los últimos técnicos en reparación de máquinas de escribir.