Una noche en el club swinger más antiguo de la CdMx

Aquí no se viene a buscar el amor, sino a cumplir fantasías sexuales, nos aseguró Lupita Roma, dueña de este club que ha ayudado al intercambio de parejas desde hace 21 años. 

Ciudad de México

Detrás de una pequeña puerta color azul en una calle cercana al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México se esconde un lugar lleno de erotismo en el que las personas se reúnen y buscan hacer un intercambio de parejas: el Club Lupita Roma, uno de los centros swingers más antiguos de la ciudad.

En el segundo piso de un edificio de tres plantas, un salón albergará a cerca de 30 parejas que buscan realizar su fantasía y completar un trío o invitar a otra pareja a tener relaciones sexuales con ellos, la base de la comunidad swinger.

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Mis compañeros de video y yo llegamos ahí a las nueve de la noche. Tendríamos cerca de una hora para hablar con una de las parejas que ha frecuentado el club por más tiempo y quien admitió que estar con otras personas les ha hecho tener mucha más confianza en su relación.

Minutos después de las diez de la noche, las primeras personas comenzaron a llegar. La misma Lupita, dueña del club y anfitriona de la noche es quien los recibe y les explica las reglas: todo tiene que ser respetuoso, de común acuerdo y sobre todo, voluntario.

Muchos de los que llegaron ya eran viejos conocidos de Lupita, quien empezó en este negocio hace 24 años casi por equivocación, cuando su esposo la llevó a una de estas fiestas. Otros, los nuevos, entraban con cierto temor. Al igual que nosotros, no sabían qué esperar de un club swinger más allá de un lugar en donde el sexo y la lujuria se respira en cada rincón.

Quienes tienen el interés de asistir a una de las fiestas que Lupita Roma organiza cada miércoles, viernes y sábado, deben escribir a un número de WhatsApp para conocer los detalles como lugar, hora y precio.

Quienes vayan solos, deberán pagar 700 pesos, las parejas 500. Esa cantidad les asegurará cierta cantidad de bebidas, botana y acceso al “cuarto oscuro”, una habitación equipada con “sillones del amor”, diseñados especialmente para garantizar el máximo placer a sus ocupantes, o taburetes para que los asistentes realicen el intercambio de parejas sexuales.

Escotes pronunciados, minifaldas, tacones de más de 10 centímetros eran los atuendos elegidos por las mujeres. Los hombres se limitaban a llevar una camisa o playera y pantalones de mezclilla o de vestir.

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En las mesas puestas alrededor de la pista, un plato con botana y una rosa esperaba a cada pareja. Minutos antes de las doce de la noche, el club de Lupita ya estaba lleno.

Aquella fue noche de batucada, por lo que la pareja de strippers que animaría el evento minutos después de la medianoche acaparó la pista de baile. Ella con un atuendo típico de la samba, diminuto que sólo le cubría sus partes íntimas y los pezones y un tocado lleno de plumas le daba el toque final. Él, con un traje amarillo y un sombrero.

Bailaron, mostraron sus mejores pasos de samba y poco a poco fueron involucrando a los invitados. Por un momento, parecía más una fiesta de XV años que un club swinger, hasta que la bailarina eligió a su pareja.

Uno de los invitados se quedó en el centro de la pista mientras ella se desnudaba. Él, poco a poco, hacía lo mismo. Eso marcaba el fin del “convivio”, la hora del intercambio había empezado.

Para continuar con las entrevistas a las parejas tuvimos que salir unos minutos para platicar con unos chicos que llevaban poco tiempo en el club y quienes dijeron sentirse felices de haber decidido ir por primera vez, hace algunos meses. A nuestro regreso, el salón ya estaba vacío. La mayoría de las personas se encontraban al interior del “cuarto oscuro”, intercambiando parejas y fluidos corporales.

La fiesta continúa hasta que el cuerpo aguante. Mientras en un cuarto hay decenas de personas teniendo sexo, afuera se siguen sirviendo tragos, la música sigue sonando y el erotismo está a flor de piel.

Sin embargo, para quienes vamos “de mirones”, la fiesta termina temprano. Pese a invitarnos a quedarnos más tiempo y tal vez, experimentar en piel propia lo que es el ser swinger, decidimos no hacerlo. Tal vez porque no tenemos apertura mental necesaria para adentrarnos a este estilo de vida y de sexualidad o porque definitivamente, el mundo swinger no es para cualquiera. 


mrf