Baile a 600 mts de altura en un avión

Los wing walkers bailan sobre la estructura de un avión, a 600 metros de altitud y a 240 kilómetros por hora.

México

Los wing walkers son bailarines, pero su danza tiene una peculiaridad, y es que no se ejecuta sobre una tarima, sino en la estructura de un avión en pleno vuelo, a 600 metros de altitud y a 240 kilómetros por hora. Practican el wing walking o circo aéreo, una modalidad solo regulada en seis países que cumple un sueño ancestral: volar sin alas.

Los pilotos de la Primera Guerra Mundial fueron los primeros en ver en esta disciplina un modo de ganarse la vida y se subieron a los aviones, no para pilotarlos, sino para realizar complejas y peligrosas exhibiciones en la que demostraban su destreza como acróbatas y bailarines, en las alas o en el parabrisas de las aeronaves.

Los sentimientos se confunden en las alturas; los wing walkers dicen no experimentar miedo, pero sí respeto. Tratan de dejar al público boquiabierto, pero sabiendo que la seguridad es lo primero, algo que no tenían en cuenta los wing walkers de la Gran Guerra, que no dudaban en acompañar sus números con fuego o peligrosas y arriesgadas maniobras.

"Allí arriba sientes libertad, es como estar enamorado a lo bestia. Tu cuerpo segrega mucha adrenalina", dice la wing walker española, Ainhoa Sánchez,  quien agrega: "me convierto en un trozo más del avión".

El objetivo de esta "wing walker" se encamina a conseguir un patrocinador que sufrague los gastos de restauración de un biplano de madera y tela, de los años treinta, con el que podría realizar sus exhibiciones aéreas de "wing walking", modalidad solo regulada, de momento,  en Brasil, Estados Unidos, Canadá, Alemania, Suecia y Reino Unido.

Hay muchos "wing walker" que practican esta disciplina por casualidad, como Ainhoa Sánchez. En 2011, viajó a Reino Unido para experimentar esta modalidad de circo aéreo y, cuando bajó del avión, el piloto que había instruido el vuelo le ofreció un trabajo.

La flexibilidad, la capacidad de reacción y la creatividad son características que se valoran en un bailarín entre nubes.

El secreto de un buen baile en las alturas es un duro entrenamiento en tierra, donde los wing walkers practican modalidades circenses, pilates, danza y yoga.

La estética supone una parte esencial en la danza aérea, así que la elección del traje es un aspecto que los "wing walker", un oficio que cuenta con más mujeres que hombres, se toman muy en serio.

"Mucho colorido y una perfecta armonía con los tonos del avión, así debe de ser el vestuario de un "wing walker" profesional", indica Sánchez.

La lycra es el material más usual en sus atuendos y, debajo de las mallas, suelen llevar un mono idéntico al que protege los cuerpos de los pilotos de la Fórmula 1, ignífugo y protector contra el frío.

"Yo me diseño mis propios trajes. En mi caso, las mallas son rojas y amarillas", explica Ainhoa Sánchez, cuyo sueño es promover un equipo acrobático junto a la fundación Infante de Orleans, un museo de aviones históricos en vuelo, cuyo origen se remonta a 1984.

El mimetismo entre un wing walker y el avión en el que ejecuta pasos de danza y circo es total. "Tanto, que acabas convirtiéndote en otra parte del aparato", comenta esta profesional.

El público puede comprobar que, efectivamente, el wing walker se transforma casi en otro ala del avión, voluble y grácil como un elegante pájaro.

Y juntos, máquina y hombre (o mujer), atraviesan el cielo sin temor, solo abriendo su alma a un mundo que, por un instante, parece diminuto e insignificante desde la abrumadora inmensidad.