Postal desde un...Pullman

Un exquisito viaje gourmet por las antiguas vías del ferrocarril de Londres.

Londres

El jueves es una gran noche en el vagón Pullman del servicio First Great Western de Londres a Penzance. De acuerdo con Mitch Tonks, el galardonado restaurantero, los políticos y personalidades de televisión que salen durante los fines de semana largos a menudo se encuentran entre los que piden el menú que creó -y que acaba de actualizar- para el último vagón restaurante de lujo que se encuentra en el servicio regular de los ferrocarriles de Gran Bretaña.


Aquí no hay sándwiches tostados mediocres: después de una comida que procede de ingredientes que se encuentran a lo largo del suroeste, y quizás una botella o dos de vino de Cornualles, se puede ver a los huéspedes del Pullman tambaleando al bajar a las estaciones de Totnes a Truro.


A juzgar por mi experiencia, en un viaje más corto que se organizó a principios de este mes para presentar el nuevo menú, las tardes de los martes también pueden ser bastante animadas. Por Exeter, a dos horas de Paddington, ya llevábamos varias copas de Knightor Trevannion de la nueva lista de vinos, pero no alcanzamos a pasar por toda la comida de tres platos. Por desgracia, aquí es donde tuvimos que parar para poder cambiarnos al tren de regreso a Londres. Cambiar de un excepcional pastel de aceite de oliva y piñones, pero que solo comimos a medias, a una plataforma gris, es algo que desorienta, pero también es un buen ejemplo de la forma como la experiencia del vagón Pullman es capaz, dice Tonks, de “hacer que el tiempo se detenga”.


El nombre Pullman tiene su origen en Estados Unidos, donde el industrial, George Pullman, introdujo un vagón dormitorio y comedor de lujo en la década de 1860. La británica Midland Railway sintió que había una oportunidad comercial y logró un acuerdo para importar algunos de los vagones Pullman, el primero entró en servicio en 1874. La idea se extendió y se creó la empresa British Pullman Car Company en 1882 para abastecer los vagones de lujo que otras empresas de ferrocarriles podían unir a sus trenes regulares.


Pero los días de gloria del Pullman fue corto y, a raíz de las privaciones de la primera guerra mundial, incluso el Southern Bell -un servicio con puros vagones Pullman que recorría de Londres a Brighton y se anunciaba en los pósters como “el tren más lujoso del mundo” - empezó a tener vagones de tercera clase. La Pullman Car Company con el tiempo se incorporó a la nacionalizada British Railways, y si bien algunos trenes todavía tenían vagones comedor “Pullman”, eliminaron la distintiva librea ocre y crema y los nombres estrafalarios de los vagones (los primos vagones Pullman a menudo tenían el nombre de miembros de la realeza, o de estrellas del West End).


La idea de un viaje en un tren británico de lujo se diluyó rápidamente y la idea de la comida de ferrocarril se convirtió en un chiste constante (por ejemplo, en una comedia de radio de la BBC de 1972, había una parodia de un boletín de prensa que anunciaba: “La oreja que perdió Van Gogh hace mucho tiempo se encontró en un sándwich de British Rail”).


En la actualidad, First Great Western, que maneja los trenes de Londres al suroeste de Inglaterra y al sur de Gales, es el único operador británico que mantiene un servicio regular de vagones Pullman, y con la participación de Tonks, actualmente aumenta su frecuencia (ahora hay vagones Pullman en 12 trenes entre semana). En el interior, hay elegantes asientos de cuero gris con respaldos ajustables, y puntos para recargar teléfonos y laptops. De hecho, la sensación es menos de nostalgia y más de encontrar fácilmente un pedazo de la buena vida: comida de calidad en un entorno inesperado, como un medio para hacer que un largo viaje en tren pase más rápido.


El Pullman está abierto para todos -los pasajeros de primera clase pueden reservar una mesa con anticipación, la clase estándar debe revisar la disponibilidad cuando abordan el tren, pero si hay una mesa libre, se vuelve una forma barata para mejorar el viaje. Una comida de tres platos con vino cuesta alrededor de 60 libras por persona, a menudo mucho menos que la diferencia entre la primera clase y la estándar en un viaje largo.


Al igual que el restaurante de Tonks en Dartmouth, The Seahorse, el menú del vagón Pullman favorece los pescados y mariscos -salmón ahumado, cangrejo vestido del sur de Devon, rape asado de carne del mercado Brixham- pero también hay un maravilloso Cornish Yarg (queso Yarg de Cornualles) y tarta de pimiento rojo y un filete de carne de West Country. Todo, desde el pescado, que se compra en el mercado en la mañana, hasta los platos con los logotipos Pullman, entran y salen del tren en cada viaje, a la manera de un restaurante “pop up” (temporales) de alta velocidad.


La capacidad del Pullman es para 35 personas, pero toda la comida la prepara un sólo chef en una galera con espacio apenas suficiente para darle la vuelta al sartén. Inevitablemente, hay algunos atajos, dice Tonks, pero dice, “viajas a 100 millas por hora (160 kilómetros por hora)”.


Por el contrario, el viaje a casa parece un poco más lento. El tren hace más paradas e incluso el servicio agradablemente atento del vagón de primera clase, lo mejor de la vida rápida en la mayoría de los trenes ahora, de repente parece pobre después de la fuerza del Pullman.