Conviértete en un Lord por un fin de semana

Mientras los aristócratas de Inglaterra buscan nuevas formas para hacer que sus fincas sean rentables, algunos alquilan sus grandes residencias como casas vacacionales.

Londres

La forma habitual de ver una gran casa señorial es como turista. Te subes al coche y sigues las señales de tráfico; puedes encontrar un lugar en el estacionamiento y pagas en la taquilla; entonces, obedientemente caminas alrededor del circuito acordonado, mientras deseas poder entrar a los sitios fuera de los límites, y entonces tus compañeros de viaje aceleran el paso, lo disminuyen, o van a otro lado. Al menos todo es muy asequible.

La forma menos habitual es comprar o heredar. Entonces el lugar es tu casa; te estacionas donde quieres y vas a donde te plazca. Cualquier otra persona bajo ese techo es parte de la familia, amigo o personal de servicio. Este es el mundo de sueños igualitario de Downton Abbey. Muchas de esas grandes casas ahora pertenecen al National Trust o al English Heritage.

Sin embargo, es posible tener lo mejor de los dos mundos, o al menos estar muy cerca. Un pequeño, pero creciente, número de casas señoriales están disponibles para su alquiler, lo que definitivamente tiene un costo mucho mayor que un boleto de entrada, pero mucho menor que los derechos de sucesión y arreglar las paredes. Entre estos se encuentra Somerleyton Hall en Suffolk, que se presenta en el mercado de alquiler este verano. Llevé a mi familia para tener una muestra de la vida de alguien con una finca.

Somerleyton tiene mucha historia: una casa que se mantiene en el sitio desde el siglo XIII, mucho antes de que los centros turísticos cercanos de Great Yarmouth y Lowestoft adquirieran sus salones de juegos y algodones de azúcar. En el siglo XVII, John Wentworth compró la propiedad, donde puso una nueva casa; después, en 1843, la adquirió el empresario Samuel Morton Peto, quien prosperó al construir algunas de los hitos del gran desarrollo económico de Londres en la época victoriana, incluyendo la Columna de Nelson y las Casas del Parlamento. De inmediato se dedicó a transformar el lugar, enfundó la casa Wentworth en una elaborada mansión anglo-italiana, de ladrillos rojos y piedra caliza.

Somerleyton no es tan monumental como Highclere Castle, pero es lo suficientemente grande como para provocar un par de “wow” de mis hijos que son muy difíciles de impresionar. Esto es un gran tributo a Peto, para nuestro viaje que había sido tenso: una hora avanzando lentamente para cruzar Londres a la hora pico del viernes -las discusiones en el asiento tasero iban de susurros tóxicos a golpes directos- después de dos horas a través de East Anglia, mientras corríamos para llegar antes que que se ocultara la luz del día.

El vestíbulo posterior logra ser tanto impresionante como pintoresco, con madera oscura tallada y un hermoso piso de mosaico, y de forma incongruente, dos centenarios osos polares parados en dos patas de forma salvaje uno frente al otro en cada lado de la puerta interior. Al pasar encontramos la sala principal, con una escalera amplia, un piano de cola, retratos familiares y lo mejor de todo: una joven mujer elegantemente vestida quien nos dio la bienvenida y nos preguntó si nos gustaría algo de beber.

También nos reunimos con Hugh Crossley, el dueño actual y quinta generación de su familia que ocupa esta casa, y con su esposa Lara. Originarios de Yorkshire, los Crossley hicieron su dinero con la fabricación de alfombras y compraron el lugar a Peto en 1863, después de que tuvo problemas de dinero. En Somerleyton entraron a la política nacional y al servicio militar, ascendieron por la escala social. En 1916, Savile Crossley se hizo Lord, y asumió el título de Barón Somerleyton; Hugh, su bisnieto, se convirtió en el cuarto barón en 2012 tras la muerte de su padre, quien fue jefe de la caballería de la Reina.

La mayor parte, junto con las 5 hectáreas de jardines, está abierto al público tres días a la semana, y en los últimos años funciona como salón para bodas. Ahora el objetivo es promocionarlo principalmente para alojamiento, para reuniones familiares y otras ocasiones especiales. Después de todo, casas como Somerleyton no sólo se construyeron para impresionar, sino para recibir a muchos invitados.

“Las suites de las habitaciones ahora dan la impresión de ser una especie en desuso un tanto desanimada”, informó en The Rings of Saturn, su guía de viajes de Suffolk. Un punto más bajo llegó cuando la casa se presentó en la serie de televisión de mala calidad de detectives psíquicos Most Haunted, los clarividentes informaron sobre energías inquietas y horribles crímenes a las cámaras de visión nocturna. Mantuve esta información para mí durante el fin de semana, listo para utilizarla en caso de un mal comportamiento espectacular de mis hijos.

Desde entonces, se realizó mucho trabajo para hacer que esta casa fuera “más accesible y relajante”, como lo pone Crossley. Nuestras habitaciones parecían recién decoradas, con papel tapiz con dibujos llamativos y relucientes muebles antiguos. Sobre todo, se sentían limpias y despejadas, sin la atmósfera de madera polvorienta que afecta a las casas antiguas. El lugar como un todo parece ligeramente excéntrico pero saludable, como algún tío abuelo pintoresco pero acicalado a quien realmente quieres visitar.

Mis hijos, tienen poca paciencia con las reflexiones sobre antigüedades, así que pasé parte de la mañana jugando futbol con mi hijo más pequeño y en los jardines gemelos en cada lado de la entrada, antes de montarnos en las bicicletas para ir a buscar el almuerzo en el Fritton Arms, uno de los establecimientos de Crossley.

Paseamos por el camino largo, con su vista al parque salpicado con bellos encinos y limas, entonces a 1.6 kilómetros o dos del camino cubierto de espinos, antes de salir del camino y rebotar a lo largo del camino del bosque hacia Fritton Lake. Con forma de “S” y cercado por árboles, parecía como un pequeño pedazo de Finlandia en East Anglia. Además hay dos cobertizos, nos subimos a un par de kayaks, rechazando la opción del bote de motor o esquí acuático.

Esa noche, los Crossley invitaron a unos amigos a cenar con el fin de mostrar lo que la casa es capaz de ofrecer en términos de entretenimiento. Comimos en lo que solía ser el salón de baile, la comida era abundante y deliciosa. El vino llegó en grandes, cuadrados y pesados decantadores que requerían un esfuerzo para levantarlos. Sólo me decepcionó que nadie pasó puros, como debería haber sucedido durante los días de gloria de la casa.

“Podría acostumbrarme a esto”, pensé, pero la paradoja es que, para realmente acostumbrarte a este tipo de lugares, también tienes que aguantar todos los dolores de cabeza que lo acompañan: como si el gran cedro tiene se tiene que podar antes de que lleguen los vendavales de octubre, o si se necesita un poco de cantería para reemplazar después, o si las señales de advertencia necesitan reemplazarse, y así interminablemente. El sueño de Downton tiene sus tiene sus desventajas:el privilegio y la responsabilidad se entrelazan. Buscar esa ecuación por un fin de semana puede ser la opción más lujosa de todas.