El surgimiento de una aerolínea privada

Una nueva generación de aerolíneas iniciará operaciones en Europa con la cantidad de vuelos que sus miembros adquieran por una tarifa mensual, en aviones y aeropuertos pequeños.
Surf Air es una alternativa en California para los viajeros de negocios que quieren evitar filas en los aeropuertos. Cuatro de sus aviones también surcarán los cielos europeos a partir de octubre.
Surf Air es una alternativa para los viajeros frecuentes que quieren evitar filas en los aeropuertos. Cuatro de sus aviones también volarán en Europa a partir de octubre. (Foto: Facebook Surf Air)

Medio siglo después del despegue del “jet set”, gran consumidor de champaña y queroseno, un nuevo grupo de viajeros frecuentes, pero no frugales, surgió silenciosamente en EU: el propeller set (el conjunto de propulsores).

En el verano de 2013, una startup de nombre Surf Air comenzó a volar un turbohélice Pilatus de un solo motor entre Silicon Valley y Los Ángeles. Tal vez el avión solamente tenía espacio para ocho pasajeros, pero contaba con un modelo revolucionario de negocio.

En lugar de comprar boletos, sus pasajeros pagan una cuota mensual de membresía que les permite volar la cantidad de veces que quieran. Y en lugar de usar las terminales principales en los aeropuertos internacionales, vuela a destinos más pequeños con un espacio de estacionamiento más sencillo para los pasajeros y sin filas.

Los miembros se someten a controles de seguridad al momento de unirse, por lo tanto esto simplifica las revisiones en los aeropuertos y les permite llegar a la terminal 15 minutos antes del despegue.

Después de un comienzo lento, la aerolínea aumentó la velocidad. En la actualidad, sus 12 aeronaves realizan 90 vuelos diarios y tienen conexión en 12 ciudades de California. Tiene 3,000 miembros, cada uno paga 1,950 dólares al mes, y espera llegar a su primera utilidad el próximo trimestre. Su éxito inspiró a otros, incluyendo a Rise, con sede en Texas, que inició operaciones en 2014 y realiza 60 viajes a la semana usando un turbohélice King Air 350.

Y ahora, una aerolínea de membresía llega a Europa. Surf Air creó una oficina en Londres en enero y actualmente recluta miembros. Sus planes son comenzar en octubre con vuelos entre Londres, Zurich, Ginebra, Cannes y Dublín, utilizando 4 aeronaves, y poco después agregarán París. Mientras tanto, una startup con sede en el Reino Unido, Fly Club Air, tiene planes de iniciar vuelos entre Londres, Edimburgo y Manchester en enero de 2017, y ampliarse a Europa el mes siguiente. Una versión australiana, Airly, debe comenzar a operar este año.

“Nuestra opinión es que el modelo es mucho más atractivo en Europa que en California, porque hay una gran cantidad de ciudades relativamente cercanas entre sí y un alto grado de frustración con las aerolíneas y aeropuertos existentes”, dice Simon Talling-Smith, director ejecutivo de Surf Air Europe. “Si quisieras volar 20 veces al mes, podrías hacerlo -de hecho tenemos un miembro en California que voló en 26 ocasiones en un mes-, pero probablemente para nuestros miembros sea más importante alejarlos de las molestias de los grandes aeropuertos y de los grandes aviones”.

A diferencia de varias compañías de jets privados, las cuales ofrecen formas de reservar vuelos en aviones cuyos dueños no los necesitan en ese momento, la mayoría de las líneas aéreas de membresía tienen sus propios aviones, de la misma forma que las grandes aerolíneas.

Con los horarios ocupados -ya que cada aeronave vuela hasta seis veces al día-, utilizar los aviones de otras personas sería imposible de coordinar. “No somos una compañía de charter, no somos una compañía de aviones privados, somos una línea aérea”, dice Talling-Smith, quien trabajó para British Airways durante 22 años, y recientemente fue director ejecutivo para el continente americano.

El director de operaciones de Surf Air Europe es Peter Evans, anteriormente director de operaciones de vuelo de Virgin Atlantic. “Sin embargo, tienes que tomar todo lo que sabes de las líneas aéreas y olvidarlo”, dice Talling-Smith. “A diferencia de casi cualquier otra aerolínea, nuestro objetivo no es ocupar la mayor cantidad de asientos posibles”.

Con el fin de mantener contentos a sus suscriptores, las aerolíneas de membresía tienen que asegurar suficientes asientos libres para que los usuarios puedan tomar los vuelos que quieren, incluso con poca anticipación. Fly Club Air calcula que necesita 120 miembros para que una ruta alcance el punto de equilibrio. Por encima de eso se vuelve cada vez más rentable, pero si las membresías llegan a 180 tendrá que colocar un avión separado en la ruta. Surf Air establece un máximo de 200 miembros por aeronave.

Fly Club Air tiene planes de volar del aeropuerto de Blackbuse en Hampshire, a 48 kilómetros al oeste del centro de Londres, cobrar 1,495 libras al mes (además de la cuota de inscripción de 595 libras) y usar dos Beechcraft King Air 250 con siete asientos para pasajeros. (“También tendrá baño, pero trataré de no usarlo”, dice Andrew Golding, director de mercadotecnia).

Surf Air comenzará con cuatro aviones de ocho asientos (jets en lugar de turbohélices debido a las distancias más largas en Europa), que volarán inicialmente de la terminal privada en Luton pero se ampliarán a Biggin Hill, a 24 kilómetros al sur del centro de Londres, el próximo año. Se cobrarán 2,500 libras al mes, con una tarifa de suscripción de 1,000 libras. Esas cuotas solo le permiten a los miembros realizar dos vuelos por adelantado, pero los miembros de tarifas más altas pueden realizar hasta seis.

El modelo ayuda a eliminar parte del riesgo en el lanzamiento de una línea aérea -se garantiza cierto ingreso incluso antes de que despegue el primer vuelo- pero la nueva tecnología también tuvo un papel clave, pues redujo la necesidad de personal para reservaciones y entrega de boletos. Surf Air Europe opera desde una oficina compartida en Mayfair y solamente tendrá 20 empleados directos al momento del lanzamiento.

Los bajos precios de los combustibles también ayudaron, al igual que el incremento del número de personas que trabajan y viven en diferentes ciudades, y el hecho de que las aerolíneas convencionales tuvieron que reducir los extras de la clase de negocios.

Sin embargo, el éxito está muy lejos de estar garantizado. Beacon, una aerolínea de membresía de Nueva York que comenzó en 2015, solamente duró ocho meses. Take Air dejó de programar vuelos entre Amberes y Zúrich en enero, después de menos de un año en el aire: ahora se va a incorporar a Fly Club Air.

Esos ejemplos hicieron poco para disminuir las ambiciones. Talling-Smith dice que para 2021 volarán de 60 a 70 aeronaves en Estados Unidos, 50 en Europa, 20 en el Medio Oriente y 20 en la India. “No solo somos una alternativa a los jets privados para la gente con alto poder adquisitivo”, dice. “Estamos para los viajeros frecuentes de negocios que quieren evitar las filas, dejar de perder el tiempo y llegar a casa a tomar el té”.