Lo que debes saber sobre las mariposas monarcas antes de ir al santuario

En pocas semanas, las mariposas monarca emprenderán su viaje hacia Norteamérica. Aprovecha el tiempo que queda para disfrutar uno de los mayores espectáculos naturales de México.
Mariposa Monárca
Mariposa Monárca (Cortesía)

México

Las mariposas monarca recorren anualmente más de cuatro mil kilómetros a través de Estados Unidos para llegar a territorio mexicano en busca de un lugar donde pasar el invierno, por eso vale la pena emprender un viaje de menos de 100 kilómetros desde el DF para admirarlas.

Durante su viaje y estancia en México, las mariposas se cortejan para reproducirse y nace la generación que volará en marzo hacia Estados Unidos y Canadá. Ninguna de ellas regresará a México.

Pertenecientes a la familia Danaide, el nombre científico de la mariposa monarca es Danaus plexippus Linneo. Se alimentan de unas hierbecillas conocidas en la región como venenillo y algodoncillo que, de no consumirlas, ocasionarían un desequilibrio ecológico en los bosques de pinos y oyameles de Michoacán y Estado de México.

De gran belleza y colorido, se distinguen de sus congéneres por su longevidad. Mientras otras mariposas viven tiene un ciclo vital de 24 días, las monarca puede vivir hasta nueve meses, según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

Sus alas presentan un patrón de color naranja y negro fácilmente reconocibles, con una envergadura de 8 a 12 centímetros, aunque hay diferencias básicas entre hembras y machos.

Las primeras tienen sus alas más oscuras y además las rayas negras de las alas son más gruesas. En las segundas las rayas son más delgadas y presentan un punto negro en las traseras por el que liberan feromonas.

Se estima que en su hábitat natural las mariposas hembras ponen un promedio de entre 300 y 400 huevos a lo largo de su vida.

El fenómeno, que había despertado las alarmas de los ecologistas en los últimos años por su progresivo declive, ha vuelto a repuntar esta temporada con un aumento estimado del 69% de la superficie que ocupa en México, aunque el dato resulta todavía insuficiente para los defensores de la especie.

Entre Michoacán y el Estado de México

Designada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2008, la Reserva de la Biosfera de la Mariposa Monarca es uno de los destinos más importantes de ecoturismo en México. Se encuentra a 95 kilómetros al noroeste de la capital y se extiende sobre los límites de Michoacán y el Estado de México, en los altiplanos del centro-occidente nacional.

El 70% del territorio de los santuarios de la mariposa monarca, como se conoce a los espacios naturales a los que llegan, corresponde a territorio michoacano y el 30% a suelo mexiquense.

Los santuarios que más turistas reciben son el Rosario, en el municipio de Ocampo, y Sierra Chincua, en el municipio de Angangueo, según la Semarnat.

De los 19 sitios de hibernación registrados en México, el ejido El Rosario, en el santuario Sierra Campanario de Michoacán, es la colonia que ha acogido una mayor migración, acaparando aproximadamente la mitad de las mariposas en una superficie de 0.57 hectáreas.

Las mariposas se establecen en bosques de oyamel, un abeto nativo de las montañas centrales y del sur de México, de distribución restringida, protegidos del viento, en laderas o cañadas húmedas ubicadas entre 2 mil 400 y 3 mil 600 metros de altitud.

El conjunto de árboles de 20 a 50 metros de altura, con ramas densas y hojas en forma de aguja, genera un microclima especial. La intensidad de la luz es baja, la temperatura se mantiene estable, la humedad es alta y el viento se mueve lentamente.

A caballo vamos al monte

Uno de los santuarios más auténticos es el de Macheros, tal vez por la dificultad que entraña llegar a él y el paraje que lo rodea.

La forma más directa de llegar hasta allí es por la ciudad de Zitacuaro, en Michoacán, situada a 153 kilómetros al oeste de Ciudad de México. Se hace a través de una sinuosa carretera que prepara al visitante para las emociones que va a vivir en busca de la caprichosa mariposa.

Con el aspecto clásico de cualquier pueblo rural de México, donde imperan los sombreros y los bigotes, el campamento base ofrece a los turistas la posibilidad de quedarse a dormir en unas austeras pero cómodas cabañas, así como las delicias gastronómicas propias del campo mexicano, especialmente las tortillas de maíz caseras.

El tour hasta el destino final, a través de boscosas montañas, puede hacerse a pie o a caballo, aunque se recomienda la tracción animal por la extensa y escarpada ruta que, a lomos del equino, se prolonga por cuatro horas, contando la ida y la vuelta, un tiempo mucho mayor si se realiza andando.

Al enfilar el camino de terracería que conduce hacia la cima en compañía de los indispensables guías comienza el espectáculo.

A través de una foresta interminable de pino y oyamel la sensación de adentrarse en un mundo de fantasía crece a cada paso, gracias a la exuberante vegetación y la pureza del aire, que hacen del trayecto un paseo ameno pese a su larga duración.

Lo más emocionante llega a pocos metros de la cima, cuando el sinuoso y empinado camino obliga al jinete a zigzaguear cual vaquero en película de John Wayne en un tramo que podría ser hasta peligroso, de no ser por la familiaridad de los animales con el terreno.

Y así, tras mucho esfuerzo, la penumbra que adereza el recorrido por las sombras interminables de la alta arboleda da paso al soleado santuario, donde el enjambre de mariposas cubre casi completamente las copas de los árboles a la espera del momento culminante de esta experiencia: cuando los rayos solares las hacen revolotear en masa, como polvo de oro flotando en el aire.