De los creadores de Android: Reporte del futuro

El documento Smart Things: Future Living imagina la vida dentro de un siglo, cuando los materiales serán reciclables, las impresoras 3D crearan objetos y las heces generarán energía eléctrica

La compañía Samsung acaba de publicar un documento (Smart Things: Future Living Report, 2016) en el que presenta un panorama de lo que serán en el futuro la vivienda, la ciudad y la civilización en general. El cálculo incluye lo que ocurrirá próximamente y también lo que estará funcionando dentro de cien años y que nosotros, que estamos frente a estas letras, difícilmente podremos comprobar.

La especulación sobre el futuro ha sido uno de los entretenimientos favoritos de escritores y cineastas a lo largo del tiempo, y de todas esas obras son muy pocas las que han acertado. Fritz Lang, por ejemplo, propuso en su película Metrópolis (1927) una ciudad del siglo XXI que vista hoy, lejos de identificar ahí a nuestras ciudades, nos sigue pareciendo una ficción futurista. Y lo mismo nos pasa, por citar otras dos, con Blade Runner o con 2001 Odisea en el espacio

“Esto nos permite imaginar una ciudad modular, sin cables ni tuberías”

, que nos pintaron un siglo XXI que todavía no vemos por ningún lado.

Pero el pronóstico de este documento no es precisamente la ficción que propone un artista, sino el resultado de las proyecciones, basadas en su experiencia con la alta tecnología, que hace el grupo de expertos que hoy fabrica los teléfonos Android del momento. Se trata, digamos, de una especulación razonablemente seria sobre la cotidianidad que nos espera en el futuro.

Para empezar, nos hablan de las viviendas familiares, que serán espacios hiperflexibles, de paredes fabricadas con materiales ligeros que permitirán a los habitantes priorizar las áreas de acuerdo con el uso que se les quiera asignar. Por ejemplo, si en la noche tenemos una reunión y nos falta el espacio para colocar a media docena de compañeros de la oficina, recorremos la pared del baño y ganamos los metros que hagan falta en detrimento, claro está, del espacio del retrete. Toda la vivienda estará controlada por un sofisticado software que proveerá desde el aspecto interior de la casa, el color de las paredes, los cuadros o las vistas de una pradera en tercera dimensión, hasta los sistemas de luz, agua, y calefacción que serán radicalmente distintos de los que conocemos hoy. El gas saldrá de los desechos orgánicos que produzca la misma vivienda, con un sistema parecido al que se usa desde hace años en La Habana, donde el gas que producen las heces de unos cuantos vecinos es capaz de echar a andar un motor. No propongo este ejemplo tan escatológico con el afán de provocar, sino para que se vea que el Future Living Report tiene poco de ficción, y dejo abierta esa vía, la escatológica, para contar que el abastecimiento de agua en las viviendas del futuro se hará a partir del reciclaje, de la depuración continua de las aguas usadas y de las menores, precisamente como hacen ya los astronautas de la estación espacial que, para no llevar agua desde la Tierra, porque sería muy caro y pesaría demasiado, van purificando y reciclando, y volviéndose a beber, la orina y el sudor que producen. En las viviendas del futuro estas funciones se harán en el digestion tank, en el tanque de digestión que estará, supongo, donde hoy está la bomba del agua. La energía eléctrica saldrá de paneles solares domésticos, y de paneles industriales que estarán instalados en la superficie de la Luna y que retransmitirán la energía a la Tierra por microondas.

Una de las claves del futuro será el reciclaje, así como sucederá con los desechos orgánicos, también se reciclarán los materiales para construir viviendas, que serán casi todas de módulos prefabricados, muy ligeros y diseñados para que puedan ser manipulados por grúas, a partir de unos procesos que reducirán dramáticamente el tiempo de construcción. Todos estos materiales reciclados, con novedosas aleaciones que los harán muy ligeros, ya se utilizan en la industria aeroespacial. Resulta curioso que la construcción a partir de módulos prefabricados, que se utilizaba en la época soviética como ejemplo de arquitectura popular, para combatir las edificaciones únicas del mundo capitalista, sea lo que sobreviva en el futuro. Todo esto nos permite imaginar una ciudad distinta, modular, sin cables, sin tuberías, sin albañiles y con viviendas ligeras y muy altas para que puedan alojar a toda la gente que vivirá entonces y que ya será un tumulto que requerirá, según este estudio, de edificios subterráneos, con viviendas que, al no estar a la intemperie, ahorrarán mucha energía, o de comunidades flotantes en el mar, o de vecindarios subacuáticos o de barrios espaciales afincados en la superficie de la Luna o de Marte.

Como los edificios serán muy altos habrá mucho tráfico de drones, la ciudad se recorrerá también de manera vertical y estos drones no solo llevarán paquetes, también personas que se desplazarán, como en Blade Runner o Metrópolis, del suelo a la parte superior de la ciudad. Estos edificios estarán construidos con un material del futuro que se auto reparará (self repairing materials), y que será, según se entiende, una suerte de concreto intervenido por una bacteria (bacillus pseudofirmus o sporosarcina pasteurii) que estará activa durante 200 años y que en cuanto aparezca una grieta generará materia suficiente para taparla. Después de esos dos siglos supongo que tendremos otro Future Living Report para explicarnos cómo se reactivarán esas bacterias.

Otra de las claves de estas viviendas del futuro son las impresoras 3D; con ellas los ciudadanos podrán pedir desde sus casas prendas de vestir que se confeccionarán a medida en su impresora, o muebles también a medida, una mesa, una silla, la cama. A partir de esta reproducción objetual doméstica que, me parece, será como un Amazon en el que las compras se materializarán al instante, se alcanzará, según el documento, un alto nivel de igualdad social, pues habrá, de acuerdo con lo que se nos explica, algo así como un Facebook de la vivienda, donde los orgullosos propietarios colgarán fotos del baño, la cocina, la habitación principal, así como de los elementos que utilizan para decorar: mesillas, tibores, payasitos de Lladró, cuadros; estas fotografías podrán reproducirse al detalle en 3D, de manera que si a los Gutiérrez les gusta la sala de los González, podrán reproducirla con todos sus elementos en su propia sala.

Esta impresora también producirá material de construcción, los módulos para hacer las viviendas, y en el ámbito doméstico, producirá alimentos, así el ciudadano, en lugar de esperar a que el muchacho del sushi o de la pizza le lleve su pedido en la moto, le dará al botón de print y ante sus ojos se materializará un sabroso sashimi de pulpo del Mar de Okhotsk porque, al venir todo del ciberespacio, se podrá pedir comida de cualquier rincón del mundo. El resto de la comida lo producirá cada vivienda con un sistema autosuficiente fundamentado en la hidroponía, de legumbres abonadas con los deshechos de los peces que tendrá cada departamento en una pecera. En esta parte del reporte ya me pierdo, ya no sé si esos peces solo abonarán la hortaliza o también se los podrá uno comer y, en este caso, tampoco queda claro como se hará uno de otros peces, ¿en una tienda de animales?, ¿se conservarán las pescaderías?, ¿será posible imprimirse un pámpano en 3D?

Además de esos altos edificios y de comunidades subterráneas, acuáticas o espaciales, habrá también casas modulares, viviendas unifamiliares ultraligeras que podrán ser transportadas por un camión, o por un drone, y reinstaladas en otra localización geográfica; de hecho hay ya una empresa en Austin, Texas, llamada Kasita, que las construye. No está de más puntualizar el hecho de que las tribus estadunidenses, como los apaches o los sioux, ya vivían desde hace siglos en viviendas ligeras que podían transportar de un sitio a otro; parece que en el futuro, según se desprende de este estudio, nos daremos cuenta de que la pesada casa de piedra ha sido un error que la humanidad lleva arrastrando durante siglos, y de que los rusos fueron visionarios con su deprimente arquitectura modular.

Otra de las claves de la cotidianidad que nos espera en el futuro será el transhumanismo, una palabra que ilustra la integración de inteligencia artificial en nuestro cuerpo, los sensores, los ecualizadores, los propulsores y todos esos añadidos cibernéticos que exaltarán esas capacidades, y esos talentos, que ya tenemos pero que no se disparan por pereza, por abulia, o por falta de ese software del futuro que nos transhumanizará. La vida transhumana, el cuerpo hiper estimulado cibernéticamente, los cinco sentidos expandidos por cinco apps, tendrán su complemento en la cápsula médica que habrá en cada vivienda y que será una especie de clóset en el que uno se introducirá para someterse a un escaneo instantáneo al que seguirá un diagnóstico y un remedio, un jarabe, unas inyecciones o unas pastillas que se imprimirán en 3D.

En el futuro la gente se desplazara a grandes distancias con los viajes comerciales al espacio, que ya están proyectando las compañías Virgin Galactic, Space X y Blue Origin, y paradójicamente se desplazará menos por el planeta, quién quiera ir, por ejemplo, a Tailandia, lo hará sin moverse de su sillón de manera virtual, y mucho más convincente que si se desplazara en realidad; las vacaciones, igual que las relaciones personales y de trabajo serán virtuales, holográmicas, y la economía estará basada en una moneda electrónica como el bitcoin; el gato y el perro serán también dos hologramas programados en consonancia con las manías de sus dueños y con ese software que lo controlará todo al transhumanizarnos, no harán falta instituciones como la policía, el ejército, la iglesia o el mismo Dios; la fuerza colectiva desaparecerá con el control cibernético de cada individuo y no habrá enfermedades, ni crimen, ni violencia, ni guerra, ni ninguna de esas monsergas que soportaba, en la era de Putin y de Obama, la sufrida humanidad.