El recuerdo del 11-S, bajo la sombra del debate sobre Siria

A doce años del ataque al WTC y al Pentágono, Washington se cuestiona si emprende una nueva acción bélica.
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graficopXX (Milenio)

Washington

Estados Unidos conmemorará el duodécimo aniversario de los atentados del 11 de septiembre de 2001 con el Congreso y la opinión pública polarizados sobre el posible lanzamiento de misiles contra Siria, donde, argumentó ayer el gobierno, sus intereses afrontan la amenaza de extremistas.

Fueron los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas y el Pentágono los que desataron la escurridiza lucha global que lidera Estados Unidos contra el terrorismo, y en particular contra Al Qaeda que, según Washington, sigue empecinada en atacar a blancos de Occidente.

Doce años después, el gobierno del presidente estadunidense, Barack Obama, utiliza el recuerdo de esos ataques no solo para advertir sobre la continua amenaza de Al Qaeda, sino también para justificar un posible ataque militar limitado contra Siria.

En una audiencia el miércoles pasado ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, el secretario de Estado, John Kerry, aludió al 11-S para argumentar que, lejos de escudarse en el “aislacionismo”, EU tiene la obligación de intervenir en Siria.

“El 11-S ocurrió porque había espacios sin gobierno en los que la gente que quería luchar contra Occidente, que cultural e históricamente se oponen a la modernidad, querían atacarnos y lo hicieron”, afirmó Kerry.

“Sí tenemos intereses directos en lo que ocurre en Siria. Hay un interés directo respecto a nuestra credibilidad... somos la nación indispensable”, subrayó Kerry, al sugerir que el deber de EU es conducir al mundo “por el derrotero de la paz y no del yihadismo”.

En declaraciones, Jo Comerford, directora ejecutiva del Proyecto de Prioridades Nacionales, un grupo que analiza los costos de defensa, lamentó que, en vísperas de otro aniversario del 11-S, su país prepare una nueva intervención bélica.

“Es algo preocupante, desde luego. No damos suficientes fondos a la ayuda humanitaria y la diplomacia pero sí damos mucho dinero a los elementos estructurales de una intervención militar”, señaló.

Según su grupo, el Pentágono ya tiene planes de comprar en 2013, 200 misiles Tomahawk, como los que se usarían en un posible ataque desde el Mediterráneo hacia Siria, a un costo de 320 millones de dólares en tan solo un año, “o algo más de 36 mil dólares cada hora”.

Además de la amenaza contra intereses de EU en el exterior, también están las de posibles ataques al interior del país, si bien ahora éstas, como los ciberataques, son más difusas.

Por ello, como en cada aniversario del 11-S, el gobierno federal emitió alertas generales a las agencias policiales, pese a que no hay indicios de amenazas concretas.

Las alertas recientes de la Agencia Federal de Investigaciones (FBI) y del Departamento de Seguridad Nacional, según la cadena CNN, advierten de “posibles riesgos”, incluyendo ciberataques por parte del ejército electrónico sirio, al que atribuyen “apagones” en internet.

El duodécimo aniversario del 11-S también se produce mientras EU intenta cerrar su intervención militar en Afganistán, aquella que inició en octubre de 2001 para perseguir a Osama bin Laden y a los talibanes que le daban refugio.

Si la guerra en Afganistán, que ha ocasionado a EU más de dos mil bajas y un costo de 570 mil millones de dólares, fue una causa “justa” en 2001 tras los ataques del 11-S, ahora se ha convertido en la “larga guerra de 2013”, según observadores.

Aun así, Obama protagoniza una férrea campaña de convencimiento para que el Legislativo apruebe un ataque contra el gobierno sirio para castigar su presunto uso de armas químicas el pasado 21 de agosto en el suburbio de Ghoutta y que dejó, según EU, más de mil 400 muertos.

Una resolución aprobada por el Comité de Relaciones Exteriores del Senado el miércoles pasado, autorizó un ataque militar con un plazo de hasta 90 días, pero prohíbe el despliegue de tropas estadunidenses sobre el terreno.

La medida pasará a debate y voto en el pleno del Senado y la Cámara de Representantes a partir de la próxima semana pero, por ahora, Obama no tiene los votos asegurados.

El escepticismo de los legisladores se alimenta del temor a factores impredecibles, entre éstos posibles represalias de Siria y otros gobiernos antiestadunidenses, que provoquen una escalada del conflicto.