La piscina donde nació el bikini

El edificio de esta alberca fue monumento histórico y reunió a la sociedad francesa por más de seis décadas; tras su decadencia fue privatizado, reconstruido con arte y ahora es un hotel exclusivo.

París

De los numerosos inmuebles estilo art déco en París, hay uno que recién ha sido foco de atención debido a su esplendor, declive y renacimiento: la piscina Molitor. Este complejo acuático fue inaugurado en 1929 en el oeste de la capital francesa (Auteuil/ Molitor) y diseñado por el arquitecto Lucien Pollet en el estilo imperante de la época. Su alberca olímpica y su alberca techada no solo fueron muy populares a lo largo de los 60 años que duró abierto el establecimiento, sino que con el siglo se convirtió en parte de la historia de París.

 

LOS INICIOS

A finales de los años veinte, el ayuntamiento de París lanzó un programa para construir varias piscinas públicas en la capital. Una de las características de la vida de hace un siglo era la incorporación del deporte a las actividades cotidianas, y una nueva institución que estaba por ver la luz en Francia era la piscina pública, sitio para la natación, el encuentro y el descanso. La más importante por su capacidad y por su belleza fue la piscina Molitor. Su creador hizo de la decoración un componente central en el diseño. Una serie de vitrales del especialista Louis Barillet decoraban la entrada y el café de la piscina, y los vestidores estaban dispuestos en galerías. El estilo de esta inmensa obra es el llamado paquebot (crucero), muy en boga en ese entonces, debido a las numerosas ventanas ojo de buey y a sus grandes dimensiones. En sus primeros años, la piscina de verano estaba rodeada de playas de arena y grandes sombrillas, imitando las estaciones balnearias de Normandía y la Costa Azul. Tal era el revuelo que causó esta piscina que fue inaugurada por Johnny Weismüller y la también campeona estadunidense de natación Aileen Riggin Soule. De hecho, el futuro Tarzán de la selva fue el primer instructor de la piscina durante ese verano, antes de dedicarse de lleno al cine.

La piscina Molitor se volvió pronto foco de la vida social parisiense. El multifuncional recinto era un lugar propicio para realizar desfiles de moda y galas. Alguien que no perdía ocasión para hacer vida social era el escritor Boris Vian, quien con sus secuaces de Saint Germain eran asiduos visitantes. La actualidad de la piscina era tal que fue aquí, antes que en cualquier playa, donde se utilizó por vez primera el bikini, en 1946. Además, 30 años más tarde, fue también aquí donde el topless comenzó a ser práctica común entre las mujeres.

Desde sus inicios, la piscina exterior era cerrada en octubre debido a la incompatibilidad balnearia con el invierno en París. De noviembre a febrero, el deporte acuático cedía su lugar al patinaje sobre hielo, pues gracias a una serie de adaptaciones como un serpentín de 17 km de longitud, por ejemplo, era posible transformar la piscina en pista de patinaje. El equipo olímpico de Francia solía entrenarse aquí.

Durante seis décadas este faro social polarizó el interés de París hasta convertirse en una tradición. Situada entre el Parque de los Príncipes, el estadio Jean Bouin —donde se juega rugby— y el complejo de Roland Garros, la piscina Molitor supo ganarse un lugar entre los varios símbolos de París.

 

HOMBRES TRABAJANDO

Una piscina pública, como se podrá inferir, no es precisamente el negocio más rentable del mundo. Para 1989 el ayuntamiento de París debía mantener más de 30 piscinas, siendo Molitor la más grande de ellas y una de las más antiguas. La iniciativa privada no tardó en acercarse al entonces alcalde de París, Jacques Chirac, para proponerle un proyecto que implicaría la destrucción de la piscina de invierno y la remodelación de la alberca exterior pero integrada a un complejo hotelero. El proyecto recibió muchas críticas, no prosperó y la piscina debió ser cerrada el 31 de agosto de ese año.

A punto de ser demolida para aprovechar de otro modo el terreno, el entonces ministro de Cultura Jack Lang logró evitar que esto sucediera, y mediante un decreto de ley hizo que la piscina fuera catalogada como Monumento histórico en 1990. Un monumento que, sin embargo, no recibió ningún cuidado y que al cabo de algunos años se convirtió en un edificio en ruinas cuyo núcleo, las albercas, se habían deteriorado por completo.

El sitio comenzó a ser utilizado para organizar conciertos, algunos desfiles alternativos y sobre todo raves que no ayudaron precisamente a recomponer su estado. La piscina Molitor cobró de nuevo popularidad entre los jóvenes debido al gusto de la cultura urbana por recintos en abandono como éste. Reino del graffiti, templo de lo underground y de la música electrónica, la derruida piscina retomó esta nueva vida durante algunos años, una vida de cemento desnudo, deterioro, grietas y X-Games. En 2010 la marca Nike organizó en las ruinas de la alberca exterior un maratón de música, competencias BMX y demostraciones de pintura al spray. Sería la última manifestación de este tipo, ya que poco después se retomó el proyecto de rehabilitar esta ballena blanca para devolverle su vieja gloria.

 

LO SOCIAL VERSUS LO ESTÉTICO

Los 25 años que la piscina Molitor permaneció cerrada fueron suficientes para que París la olvidara como centro recreativo. Además del largo periodo, a este olvido contribuyeron el hecho de que el sitio como tal iba a ser demolido y que el área donde se encuentra es una zona periférica en el distrito más conservador de la capital. En el imaginario colectivo de muchos de los parisinos, la piscina ya era historia.

Conforme pasó el tiempo, el ayuntamiento comprendió que habían transcurrido demasiados años —aunque tal vez esto fue premeditado— para poder relanzar la piscina como en sus mejores tiempos. De modo que en 2007, el popular alcalde de París, Bertrand Delanoë, escuchó propuestas de la iniciativa privada y aceptó someter a concurso el destino del inmueble. La firma inmobiliaria Colony Capital lideró un grupo conformado por Accor, Bouygues y el bufete británico Studio Four Architects, para ganar el concurso. Puesto que se trataba de rehabilitar un Monumento histórico, la esencia del proyecto era tratar de reconstruir el inmueble para dejarlo como en 1929. Para tal efecto, es claro que solo los recursos del capital privado podían dar resultados satisfactorios, de modo que se sacrificó lo social en función de lo estético: una vez terminadas las obras la piscina dejaría de tener carácter público y se convertiría en algo así como un hȏtel particulier del siglo XXI. Las críticas han sido muchas no tanto por el resultado obtenido —que es notable— sino por el cambio de giro que ha adquirido la otrora piscina popular. Colony Capital tiene derecho de explotación por 54 años.

Luego de 30 meses de obras, el 19 de mayo abrió sus puertas Molitor, un complejo de 13 mil metros cuadrados, de carácter atípico debido a la serie de posibilidades que ofrece. La emblemática área de vestidores se transformó en hotel de 4 estrellas perteneciente a la McGallery Collection de Accor, con 20 suites y 104 habitaciones. Parte del sótano se acondicionó para albergar una galería de arte dedicada al street art; otra parte del mismo hace las veces de un spa de alta gama, de un gimnasio y de una sala de deportes. El antiguo café se convirtió en restaurante-bar; en lo alto del hotel hay además una terraza-bar, un solaritres 3 mil 300 euros al año —más de 50 mil pesos— y está limitado a mil socios) y como lugar de negocios cuenta con tres salas de recepción. En cuanto a las piscinas, siguen siendo el núcleo del nuevo complejo, pero han dejado de ser públicas, ahora el derecho de entrada es de 80 euros por día (alrededor de mil 360 pesos), aunque hay una concesión para que los niños de las escuelas vecinas puedan ir gratis dos veces a la semana.

Fotos antiguas de la piscina Molitor son la mejor prueba del sobresaliente trabajo que se hizo a todos los niveles. Especialistas en decoración marina, paisajistas de jardines, historiadores de arte, chefs, diseñadores, ceramistas y demás obreros calificados fueron necesarios para que el emblemático color azafrán de la piscina Molitor volviera a lucir en Paris.