100 años de parques nacionales

Las celebraciones en todo Estados Unidos marcan el centenario del Servicio de Parques Nacionales, pero en Utah, los planes para crear un gran parque nacional levantan polémica.
El parque estatal Goosenecks podría formar parte del "monumento nacional Bears Ears", de proceder una petición hecha a Barack Obama.
El parque estatal Goosenecks podría formar parte del "monumento nacional Bears Ears", de proceder una petición hecha a Barack Obama. (Shutterstock)

Media docena de vehículos se estacionó en el borde de un desfiladero en el área de “Campamento Agreste” del parque estatal Goosenecks, parecía una banda perdida de una escena de una película postapocalíptica. Estaban un par de viejos de Arizona y Texas que me dijeron que vienen cada año. Había familias de Salt Lake City y de Francia, y una pareja austriaca en un camper. Mi hijo y yo éramos los únicos que armamos una casa de campaña real.

Pero entonces, justo cuando nos empezábamos a preguntar por qué habíamos venido, las cosas que nos atrajeron comenzaron a revelarse. Goosenecks es el nombre de uno de los cañones más espectaculares en la tierra, donde el río San Juan excavó enormes curvas cerradas para formar un extraordinario desfiladero. A 300 metros al sur, a 300 metros al norte, de ida y vuelta corre el río, en una serie de circuitos tan cerrados que casi tocan cada curva.

El Servicio de Parques Nacionales de EU celebra su centenario con la entrada gratuita a todos los parques y eventos, que van desde conciertos en el filo sur del Gran Cañón hasta una fiesta con patines y temática de la década de los 70 en Anacostia Park, Washington, DC.

Aunque los parques nacionales existen desde 1872 -cuando se fundó Yellowstone- no fue hasta el 25 de agosto de 1916 que se creó una agencia para manejarlos y asegurar que se mantengan “intactos para las futuras generaciones”.

Es la posibilidad de que se maneje aquí ese poder presidencial lo que inició la controversia en Goosenecks. Una coalición de cinco naciones de nativos americanos, junto con un consorcio de ambientalistas respaldados por celebridades como Robert Redford, instan a Barack Obama a convertir 760,000 hectáreas de tierra al norte del río San Juan en el “monumento nacional Bears Ears”.

Asentado en el borde del cañón en Goosenecks, se ve lo que parece un árido desierto, el área está llena de historia humana en forma de viviendas abandonadas de los acantilados, antiguos graneros, cementerios, ruinas de pueblos y numerosos petroglifos.

Los primeros petroglifos aquí datan de hace 3,500 años, en un estilo que llaman Glen Canyon Lineal, al que más tarde le siguieron los estilos Basketmaker y Pueblo. Los partidarios de la propuesta argumentan que se deben proteger estos sitios históricos, muchos de ellos sagrados para las tribus locales, mientras se le da un impulso al turismo.

A la propuesta se oponen ganaderos, políticos locales y grupos empresariales, quienes dicen que un nuevo monumento nacional limitaría el pastoreo de los animales; la extracción de gas y petróleo y otros desarrollos económicos, en un condado donde la tasa de desempleo es de 8%.

La primera noche de campamento nos despertaron una y otra vez los fuertes chubascos que rugían sobre la débil tienda de campaña. El clima parecía estar a tono con el enorme escenario que estaba a nuestro alrededor, no solo los enormes meandros de Goosenecks, sino los del mismo Bears Ears, que se elevan a 609 metros por encima de la meseta, y de Comb Ridge.

La mañana era caliente. Después de un café, fuimos a buscar Honaker Trail. En la década de 1890 los buscadores de oro crearon un camino que baja hacia el cañón, pero no es fácil encontrarlo. Un guardabosques nos dio la dirección. Tras seguir por un camino de tierra y justo a 7 kilómetros del último cruce, hay que buscar una pila de rocas. Al final vimos un par de grandes rocas, pero era difícil saber si constituían una pila confiable. Nos arriesgamos y comenzamos a recorrer a pie por la maleza. A 400 metros apareció el cañón.

Después de una escalada que provocó sudor, subimos al coche y viajamos con el alivio del aire acondicionado hacia Moki Dugway, una antigua pista de minería que atraviesa los terraplenes y los lomos de roca, hacia Muley Point. En un día claro como este puedes ver cientos de kilómetros de los picos apilados de Colorado, las montañas nevadas de Nuevo México y unas extrañas rocas de Arizona. Un lugar como este le hace algo al alma.

Con el anuncio de la creación de Katahdin Woods y el monumento nacional Waters, 35,400 hectáreas en el centro de Maine, la Casa Blanca destacó el “compromiso que tiene la administración para proteger nuestra tierra, el agua y la vida silvestre para las futuras generaciones”.

El personal comenzó a levantar los carteles de NPS en Katahdin Woods. Algunos lo verán como una apuesta por la reivindicación territorial, o como un intento para domesticar a la naturaleza, pero otros lo ven como un símbolo de la democracia estadunidense y el igualitarismo en su mejor presentación.