Un nuevo atuendo para el Hôtel de Crillon

Con la reapertura de sus puertas la semana pasada, después de una remodelación que duró cuatro años, este símbolo parisino busca actualizar la creación de Luis XV para traerla al siglo XXI.
La mansión del conde de Crillon se convirtió en un hotel en 1909. Desde entonces ha recibido a invitados como Winston Churchill, Franklin D Roosevelt, Charlie Chaplin, Andy Warhol y Madonna.
La mansión del conde de Crillon se convirtió en un hotel en 1909. Desde entonces ha recibido a invitados como Winston Churchill, Franklin D Roosevelt, Charlie Chaplin, Andy Warhol y Madonna. (Cortesía Rosewood Hotels & Resorts)

Fue una cena para recordar -una proeza gastronómica con una docena de platillos que iban desde foie gras con fresas hasta la carne de res más tierna y un soufflé Grand Marnier. Mientras tanto, el sommelier presentó las bebidas para acompañar: desde sake hasta Saint-Emilion, con una taza clásica de té chino y un vaso de sidra de pera de Normandía en el camino. Excesivo, tal vez, pero esta era la noche del miércoles y el Hôtel de Crillon hizo algo para celebrar: volvió a abrir sus puertas después de una fastuosa remodelación de cuatro años de duración.

Se suponía que el trabajo tomaría dos años, pero las reglas que rigen los edificios protegidos lo desaceleraron, al igual que el tamaño de sus ambiciones. Entre ellas, un nuevo piso que se excavó de manera subterránea para una alberca de 14 metros; un spa con una salida a un jardín privado, y una barbería donde los huéspedes pueden bolear sus zapatos desde la comodidad de un asiento de un Aston Martin 1960.

Los huéspedes que llegaron -los afortunados en el Citroën DS clásico del hotel- sintieron la atracción del espléndido salón de oro y mármol en el lado derecho de la entrada. En su vida anterior, este fue el celebrado restaurante del hotel, Les Ambassadeurs, ahora es un bar que lleva el mismo nombre, donde el techo con frescos originales (su estructura es un sitio histórico registrado) se volvió a pintar para mostrar suaves nubes blancas surgiendo del cielo azul claro, desde donde cuelgan los candelabros restaurados, que se modernizaron y bajaron. Es un salón que resume cómo el hotel se esforzó para conservar su patrimonio del siglo XVIII mientras se transformaba con un giro contemporáneo.


“El Hôtel de Crillon busca traer una nueva filosofía de lo que un palacio debe de ser en el siglo 21”, dice Marc Raffray, gerente general.

Cada capital europea tiene un célebre hotel gran dama, pero pocos pueden igualar la historia del Crillon. La fachada del hotel la encargó Luis XV en 1755 como telón de fondo para una estatua suya sobre un caballo en la Plaza de la Concordia. El conde de Crillon pasó a convertir el edificio en una fastuosa mansión privada donde su familia vivió hasta la llegada del siglo 20. El tratado franco-americano de 1778 que reconoce la Declaración de Independencia se firmó en su Salon des Aigles, al igual que el pacto de la Sociedad de las Naciones de 1919. María Antonieta tomó lecciones de música en el salón que lleva su nombre y la guillotinaron en frente, en la Plaza de la Concordia.

El arquitecto Walter-André Destailleur convirtió la mansión de Crillon en un hotel en 1909 y su registro de invitados van desde Winston Churchill, Franklin D Roosevelt y el emperador Hirohito, hasta Charlie Chaplin, Andy Warhol y Madonna.

En 2010, Miteb bin Abdullah bin Abdulaziz, un príncipe y ministro de la guardia nacional de Arabia Saudita, lo adquirió, y cerró sus puertas tres años después para comenzar una renovación que iba a restaurar su brillo y reputación. Ahora lo maneja Rosewood Hotels & Resorts. Para el presidente de Rosewood, Radha Arora, hacerse cargo del Crillon es como una especie de regreso a casa, su primer trabajo, a los 17 años, fue en Les Ambassadeurs.

“Estamos en 2017, no en el siglo XVIII”, dice Tristan Auer, quien se formó bajo Christian Liaigre y Philippe Starck, y diseñó gran parte de la planta baja. La visión de Auer, dice, fue de “respetar la personalidad del Crillon”, pero al mismo tiempo “ser inventivo y modernizar”.

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Ahora que Les Ambassadeurs se convirtió en un bar, el restaurante insignia del hotel es L’Ecrin, donde se realiza la cena de celebración. En contraste con el enorme espacio que ocupó alguna vez el antiguo restaurante, L’Ecrin cuenta con un máximo de 22 cubiertos. Los suficientemente afortunados para lograr reservar disfrutarán de la cocina de Christopher Hache, quien pasó dos años viajando por el mundo buscando inspiración mientras se realizaba la remodelación.

La reinauguración del Crillon coincidió con la Semana de la Moda de Alta Costura de París, una coincidencia adecuada, al tener en cuenta la larga relación con los principales diseñadores de la ciudad. Durante dos décadas, el hotel celebró el Bal des Débutantes, en el que las jóvenes cisnes se vestían con magníficos vestidos de alta costura -a menudo por primera vez- y bailaban con sus padres. Bruce Willis y su hija Scout; Alain Delon y su hija Anouchka; Robert F Kennedy y su hija Kyra, se encuentran entre los que bailaron un vals en el glorioso salón Maria Antonieta que tiene vistas a la Plaza de la Concordia.

Con el cierre del hotel, “Le Bal” se cambió al Peninsula Paris de Champs Elysées, pero la noche del miércoles, el salón María Antonieta estuvo allí para la fiesta de la semana de la moda cortesía de la tienda de moda francesa, The Kooples. Es más comercial que la alta costura, pero tal vez encapsula el giro contemporáneo de la gran tradición francesa que la nueva versión del Crillon trata de crear.