Ácido omega 3-DHA beneficia a niños con deficiencias de lectura

Estudio demuestra que escolares tuvieron una mejoría al tomar este nutrimento, como si tuvieran 2 meses leyendo 20 minutos todas las noches.
El omega 3 impulsa el rendimiento académico en los pequeños
El omega 3 impulsa el rendimiento académico en los pequeños (Milenio)

Guadalajara

R ecién descubierto a este nutrimento se le consideró una vitamina más: la “F”. Luego se precisó que el omega 3 en realidad son ácidos grasos esenciales para el organismo y ocurrió el boom de su consumo, sobre todo en cápsulas y jarabes a base de aceite de pescado.

 

Son muchas las propiedades que se le atribuyen, entre ellas para mejorar el estado de desnutrición infantil y en adultos, también para mantener una vida longeva y saludable y hasta para tratar el cáncer o el síndrome metabólico.

 

Varias experiencias favorables están documentadas en estudios médicos.

 

Recientemente, el International Life Sciences Institute (ILSI), un instituto de investigación sin fines de lucro, dio a conocer el resultado de uno de ellos: la eficacia del omega 3, en especial del ácido DHA, en el rendimiento académico de niños en edad escolar.

 

Cecilia García Schinkel, directora ejecutiva de ILSI en México, explicó que el estudio tomó una muestra de 362 niños saludables entre siete y nueve años de edad, de 74 escuelas primarias (Oxford, Inglaterra), a la mitad se les dio un placebo y a la otra mitad el DHA de algas (una especie microscópica de la cual se alimentan los peces

de agua fría).

 

“Después de 12 semanas se encontró que los niños que consumieron DHA tenían mejores resultados de lectura”.

 

Al dividir a los alumnos en grupos, según su habilidad lectora —buena, regular y mala— en donde mayor impacto hubo fue en el percentil más bajo.

 

“En los niños que tenían dificultades para leer tuvieron un incremento, sólo por tomar DHA, como si tuvieran dos

meses leyendo todas las noches 20 minutos, es decir, mejoraron su lectura significativamente”, aseguró la investigadora y catedrática en entrevista con MILENIO JALISCO.

 

García Schinkel precisó que hay tres grandes familias de omegas: los omega 9, los omega 6 y los omega 3 y desde hace años se conocen los beneficios de estos ácidos grasos presentes en algunos vegetales y en pescados de agua fría primordialmente, como el salmón, el atún, la trucha y el bacalao.

 

Dentro de esta última familia forma parte el DHA, el ácido graso de molécula más larga y sumamente flexible.

 

Se descubrió que es importantísimo su consumo durante el embarazo y la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es duplicarlo durante el embarazo.

 

“También es un nutrimento esencial los primeros años de vida, por lo cual se adicionó en varias fórmulas infantiles”, acotó.

 

El DHA se encuentra en el corazón, en los ojos, en la leche materna y en el recubrimiento del cerebro, donde permite la sinapsis (un movimiento que genera un impulso nervioso y éste a su vez produce el pensamiento, dicho en palabras simples).

 

“El DHA permite que la sinapsis sea más cercana y haya mejor conexión con las neuronas. En el caso de los niños quedó bien documentado. Probablemente tenían una deficiencia que venían acarreando y el consumirlo en mayor cantidad les dio un brinco considerable”, refirió la entrevistada.

 

En México, el consumo per cápita de pescado es muy bajo, y aún menor el de pescado de agua fría.

 

“Consumimos cerca de 70 kilos de maíz al año, casi 60 de carne de res y de pescado siete kilos al año, que son 500 gramos al mes, pero esta cifra incluye todo tipo de pescados y mariscos. Eso en promedio para toda la población. Habrá quien no consuma pescado de agua fría nunca”, lamentó.

Lo anterior explica las deficiencias de este nutrimento. Mientras la OMS recomienda consumir 160 miligramos diarios de omega 3, en México el consumo está en 40 miligramos diarios en promedio.

 

Schinkel añadió que la buena noticia es que en el mercado mexicano ya hay varios alimentos fortificados con DHA de alga, “que es el de más alta biodisponibilidad, no deja resabio a sabor de pescado, una de las quejas de varios suplementos, hay aceites para cocina, hay fórmulas lácteas, atún y también suplementos de pastillas y jarabes”.

 

La especialista recomienda que “para la salud cognitiva se consuma omega 3, porque el efecto del omega 6 y el 9 es distinto, y que incluya el DHA e idealmente DHA de alga, no de pescado”.

 

Además de una mayor biodisponibilidad, de esta manera se salva el riesgo de contaminación por metales pesados, como plomo, pues estas especies viven en mares que pueden estar contaminados. Las algas en cambio se procesan y están completamente estériles.

 

Si usted recurre a suplementos es importante que verifique cuente con la autorización de la Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios (Cofepris), que certifica su pureza y que en realidad contenga los elementos que señala la etiqueta

 

Los ácidos grasos omega 3

 

Son ácidos grasos esenciales insaturados, presentes en alta proporción en los tejidos de algunos pescados de agua fría como el salmón, el atún, la trucha y el bacalao y en vegetales como las semillas de calabaza, lino, chía, nueces y algas

 

Algunas fuentes de omega 3 pueden contener otros ácidos grasos como los omega 6, que también son esenciales.

 

Todos los omega 3 ayudan a elevar los niveles de colesterol bueno, disminuir los niveles de colesterol malo y a reducir la presión arterial pues son antiinflamatorios.

 

En poblaciones que consumen muchos alimentos con grandes cantidades de omega 3, como la japonesa, la incidencia de enfermedades cardiovasculares es sumamente baja.

 

El consumo de omega 3 DHA también tiene efectos benéficos sobre el cerebro. Niños en edad escolar aumentaron notablemente su rendimiento después de ingerir este suplemento.

 

Es latente el riesgo de consumir cantidades peligrosas de metales pesados presentes en muchos

pescados, cuya intoxicación es un motivo de preocupación para mujeres embarazadas y niños.

 

El omega 3 se ha adicionado a varios alimentos como fórmulas lácteas y aceites.

 

La dosis de ingesta recomendada por la OMS son 160 miligramos por día para toda la población, a excepción de las embarazadas que se recomienda 300 miligramos al día.

 

En México el consumo está en 40 miligramos diarios en promedio.

 

Fuente: Cecilia García Schinkel, directora ejecutiva de International Sciences Life Institute (ILSI) en México