Christchurch vuelve a nacer

Una serie de terremotos y réplicas en 2010 y 2011 aplanaron el centro y dejaron un mar de asfalto y grava, pero ya se demolieron las estructuras tambaleantes para hacer de la ciudad una zona segura.

Un club de striptease y un gimnasio. No queda mucho del centro de Christchurch además de estos dos cubos oscuros que se encuentran allí, en medio de lo que parece ser un enorme estacionamiento. Como símbolo, tal vez parece que funciona menos bien que la catedral gótica arruinada a unas cuadras de distancia. Pero tal vez, de alguna manera, funciona muy bien.

Desde el gimnasio Les Mills, los sonidos de las máquinas de remo, las caminadoras y las pesas que caen se funden con el vago zumbido de fondo de la construcción: las grúas, los bulldozers y los montacargas. Los martillos neumáticos dan paso cada noche al repiqueteo sordo de ritmos de bajos del club Calendar Girls Gentlemen’s Club.

Si vas una cuadra al norte, encontrarás un edificio que se convirtió en el decodificador de la voluntad de la ciudad para reconstruirse, incluso en su transitoriedad deliberada. Esta es la catedral de cartón, o más formalmente , la Christchurch Transitional Cathedral (La Catedral Christchurch de Transición). Se inauguró en 2013 con el diseño del arquitecto japonés Shigeru Ban, quien extrapoló los refugios que ideó para las víctimas del desastre con el material disponible más ligero, barato y omnipresente, tubos de cartón.

El antiguo edificio, que todavía se ubica en el centro de Christchurch, en medio de un cruce de calles bastante dañado, es un recordatorio de la incertidumbre que rodea la reconstrucción de la ciudad. No hay consenso sobre lo que hay que hacer, ya sea construir y restaurar, o sólo complementar.

Es una gran pregunta, porque Nueva Zelanda toma seriamente su patrimonio. Sin embargo, este edificio es algo provincial e inservible. Lo diseñó en 1858 el impresionantemente prolífico George Gilbert Scott, arquitecto del Midland Grand Hotel en St Pancras, y el Albert Memorial y el Nikolaikirche en Hamburgo, pero ahora también es una ruina. El colaborador de Scott fue Benjamin Mountfort, quien nació en Birmingham y emigró a Nueva Zelanda, responsable de edificios de la Universidad de Canterbury.

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Gravemente dañados por los terremotos, los edificios están sometidos a una restauración de 290 millones de dólares neozelandeses, la reconstrucción de patrimonio más grande del país. La universidad dejó vacante el sitio en 1978, dejando su colección de edificios de alto gótico.

También, de reciente reapertura, está la galería de arte de la ciudad. “Todo”, dice la escritura de neón multicolor de Martin Creed declarada alegremente, “va a estar bien”. La orden del artista ya se convirtió en un tótem para la resurrección de la ciudad. El edificio, que se inauguró en 2003, es una confección de vidrio ondulado de su etapa “icónica”, y es el tipo de cosas que parece que se podría haber hecho añicos como un parabrisas.

En vez de eso, su diseño sísmico fue un éxito y se convirtió en la sede de la defensa civil de la ciudad durante la crisis. Sin embargo, lo equiparon con una serie de robustos amortiguadores subterráneos para sobrevivir a un terremoto aún más poderoso, y para satisfacer las condiciones para futuros préstamos de arte y las compañías de seguros. La colección es ocasionalmente impresionante. La composición abstracta de Peter Trevelyan, construída de minas de lápices de 0.5 mm, es la obra más delicada que he visto, mientras que el toro de Michael Parekowhai se convirtió en la mascota de la ciudad.

Los recordatorios más visibles de una antigua ciudad son las instituciones -los edificios de gobierno de una sola ocasión (1913); ahora el enorme y más bien vacío Heritage Hotel, y el Isaac Theatre Royal-. Pero, los edificios extrañamente de estilo misión de New Regent Street, un extraño eco del glamour del Californian Deco, introducen una placentera doble visión. Todos se unen por agradables tranvías turísticos.

Pero si Christchurch entregó su densidad, su estatus como ciudad jardín mantuvo su buena posición. Los Jardines Botánicos están justo en el centro y el flex café de los arquitectos Patterson Associates es una reinterpretación elegante de la delicadeza de las casas de cristal victorianas.

Parece extraño alentar el turismo para una ciudad tan destrozada. Sin embargo, Christchurch está en medio de una reinvención de sí misma y una visita es una oportunidad para ser testigo de la lenta, tal vez incierta, algunas veces equivocada, y ocasionalmente mágica, resurrección de una ciudad entera.