Héctor Villalba, de albañil a modelo de Armani

El oriundo de Buenos Aires dejó de laborar en construcciones para posar en las publicaciones y agencias de modelaje más importantes del mundo.

Chihuahua

Héctor Villalba jamás pensó que dejaría de trabajar en las calles de Buenos Aires para desfilar en las pasarelas de Hong Kong. Pasaría de ser un albañil a formar parte del repertorio de modelos que visten famosas firmas de diseñadores como Armani, Salvatore Ferragamo, Dior, Hermes y Bally.

Parece que su éxito se lo debe a continuos golpes de suerte pero sobre todo a su mochila,  que lo llevó a recorrer la Patagonia, vivir un tiempo en México y ahora en China.

Pero la vida del modelo de 31 años no siempre fue así. Creció junto con sus padres y tres hermanos en el poblado Villa Anita, Moreno, a dos horas de la capital del país latinoamericano. 

"Trabajé de todo en Argentina. Mi padre labora en la construcción y yo hacía lo mismo. También fui mesero, panadero, electricista, laboré en hotelería, como bartender y encargado de un restaurante, todo ello durante los tiempos de crisis financiera que vivió su nación durante el mandato del entonces presidente, Fernando de la Rúa". 

Su oficio no impidió que su apariencia atrajera a las agencias de modelos. Lo descubrieron a los 15 años, pero él consideraba el modelaje como algo informal. "Sucedió cuando caminaba con mi mamá por la calles de Buenos Aires. Moríamos de la risa porque éramos del campo y estábamos en plena", cuenta.

Con solo una mochila y teniendo 27 años, Villalba viajó a México donde vivió un tiempo en Acapulco, Guerrero. En esta localidad no tenía empleo, por lo tuvo que pernoctar en un tugurio.

"Empecé a trabajar como animador y bartender en un antro llamado El Círculo, recibía propinas, me daban comida y cuando cerraban ahí podía dormir en una cama en medio del la pista con un tubo a mi lado", cuenta en entrevista telefónica desde Hong Kong.

A los pocos meses, coincidió con la filmación de una publicidad de Motorola y un representante de modelos lo invitó a trabajar en el Distrito Federal. Poco tiempo después, vivió con su esposa e hijo en Chihuahua, lugar donde había pocas oportunidades de trabajo, por lo que regresó al mundo de las pasarelas en la ciudad de México.

En 2014, fue llamado por los cazatalentos y viajó a China, donde su primer experiencia fue poco prometedora. "En Shanghái me peleé con la agencia; me dejaron sin departamento, ni boleto de regreso a México de un día para otro. Me pedían trabajos horribles y turbios que no me gustaron. Sentía que estaba perdiendo el tiempo".

Al quedar en la calle y después de ser casi deportado a su país, no le quedó más que improvisar; trabajó de publirrelacionista en los clubes nocturnos de la ciudad.

"Me pasaba horas ahí dejando llantos y broncas para dar mi mejor cara frente al exigente mercado chino sin saber que iba a pasar. Había un espejo roto donde me paraba enfrente antes de empezar y me decía a mí mismo ‘es ahora cuando dejamos todo y lo hacemos lo posible’ era mi frase de todos los días".

Héctor cuenta que gracias a dos amigos modelos consiguió un departamento y una prueba para la reconocida agencia de modelos DreaModels en Hong Kong, donde fue contratado.

Villalba considera que todo se lo debe a su constancia. “Tienes que llevar una disciplina muy grande, combinar y crear una agenda enfocada a tu salud, personalidad y trabajo. En Shanghái debes trabajar de enero a enero, de lunes a lunes, es algo impresionante. Debes ejercitarte temprano. Trabajo con máquinas, hago CrossFit; artes marciales mixtas y después corro tres picos de la montaña Victoria Peak, conocido punto turístico donde tiene una casa el actor Jackie Chan”.

Por ahora continúa en el país asiático y se siente agradecido con la vida que le tocó. Cada logro se lo dedica a su madre Saad Gadaf, originaria de Ramala, Palestina. Su próximo reto es modelar para Dolce & Gabanna.

Héctor Villalba ya apareció en las portadas de publicaciones como Squire, Gafencu y JMen y hace pasarelas para Armani, Fila, Crocs, Shanghai Tang y Lilanz.

"La vida te sorprende a cada instante. Yo pensé que iba a viajar de mochilero y vivir historias con amigos. Ahora tengo un hijo precioso en el norte mexicano, tengo un buen sueldo y Hong Kong es precioso. Mi contrato es indefinido, yo decido cuándo irme, cuando esté preparado emocionalmente tomaré la decisión correcta. Mi familia y yo nos extrañamos muchísimo pero siempre me encamino a lo espiritual", dijo.